lunes, 25 de marzo de 2019

10 KM CABO VÍDIO: ¡Centollazo!


Correr en Asturias siempre es especial, pero si además te encuentras con carreras como esta, los 10 km de Cabo Vidio, el listón se pone cada vez más alto. Y me refiero a la organización de la prueba. Es un lujo ser partícipe de la fiesta que se organiza en Oviñana cada año con motivo de la “carrera del centollo”, así conocida por repartir un centollo a cada uno de los 500 participantes, además de muchos varios lotes adicionales a los 5 primeros de cada categoría.

Foto: Carreras Asturias
Llegar a Oviñana y encontrarte a los paisanos del pueblo dirigiendo el tráfico y habilitando aparcamiento en fincas privadas ya deja ver el nivel de compromiso con el evento ¡Qué lujo!
Llegamos una hora y media antes de la carrera, con tiempo para saludar a la gente, disfrutar del ambiente de gaitas y animar a los más pequeños en las carreras que precedía a la nuestra. Hacía una semana del “exceso” de Laredo, y durante estos 7 días no hice nada de intensidad a pie, aunque sí en la piscina. Por tanto, las sensaciones eran bastante buenas y a expensas de ver cómo respondía el cuerpo a esfuerzos altos, la cosa pintaba bien.

Hice un calentamiento largo antes de ir para línea de salida, junto al resto de los 500 corredores. Tarde perfecta, soleada, unos 16 grados y algo de viento. El circuito era de dos vueltas, con subidas y bajadas tendidas y un tramo de caminos con bastantes curvas. En total 9,9 km poco propicios para hacer buenas marcas pero muy propicios para disfrutar de las vistas, camino del faro de Cabo Vídio.

Foto: Panella Fotografía
A las 17:40h dieron la salida y, al contrario que en Laredo, esta vez empezamos relativamente tranquilos. De inicio, el corredor del Ribadesella Juanjo García abrió un pequeño hueco con un numeroso grupo donde me encontraba. Al llevar cada uno un dorsal en la espalda con la categoría a la que pertenecíamos, podíamos controlar con quién estábamos realmente jugándonos la “centollada”. El primer kilómetro me entretuve “fichando” a la gente: Jordán, Pedrouso, Belver, Tejedor, Dioni, Villarmin… ¡Pufff! ¡sí que había gallos en Oviñana! Pasamos el kilómetro 2 agrupados, y con unos metros de desventaja respecto al escapado del Ribadesella, con quien contactamos después de dar la vuelta en el faro de Cabo Vídio.

Personalmente, aunque no iba con una percepción de esfuerzo demasiado grande, tampoco tenía la sensación de haber recuperado del todo las piernas, así que me mantuve un poco tapado, intentando controlar los ataques de Pedrouso. Entre  él y Juanjo, fueron seleccionando el grupo, que al paso por la primera vuelta se había quedado reducido a cinco unidades. No había nadie de mi categoría entre nosotros, por lo que el premio del centollo estaba asegurado, pero ya que estábamos, había que sufrir un poco para meterse en pódium. 

Foto: Panella Fotografía
Al inicio de la segunda vuelta las cosas se pusieron tensas, y en el kilómetro 7, Villarmin (2h:24’ en maratón ¡casi nada!) lanzó su ataque. Pedrouso salió detrás y yo me quedé con Jordán y Juanjo. Si este ataque hubiese sido a falta de uno o dos kilómetros, habría reaccionado, pero estábamos en el kilómetro 7 y no tenía las mejores sensaciones. Sin volverme loco fui cerrando el hueco con Pedrouso hasta pillarlo en el giro del faro. En ese cambio Juanjo cedió, y nos quedamos solo tres para luchar por el segundo y tercer puesto, porque Villarmin tenía dos marchas más y seguía aumentando la diferencia.

Foto: MV Foto
Camino de Oviñana empezó el juego de estrategia que tanto me gusta. Ataqué en una pequeña bajada y Jordán salió conmigo dándole continuidad al cambio. Esto permitió descolgar a Pedrouso y quedarnos los dos solos. Ahí ya me veía un poco justito y sufrí más de la cuenta para aguantarle. Apretando los dientes conseguí llegar con Jordán al último kilómetro. No me quedaba mucho gas en las patas, y agradecí el parón que hicimos a falta de esos 1000 agónicos metros. Nos empezamos a vigilar, quizás demasiado, pero creo que los dos necesitábamos ese respiro. Confiando en mi último cambio de 300 o 400 metros fui dejando pasar el tiempo y, a dicha distancia, ataqué, no a tope, sino progresivo, porque iba muy justo y no quería quedarme por el camino.

Foto: MV Foto
A medida que iba acelerando, veía como Jordán se cedía, pudiendo relajar un poco y entrar segundo en meta, con un tiempo de 32’:40”, casi la misma marca que en Laredo. Aunque el recorrido era 100 metros más corto, también era mucho más duro. Buen ritmo para haber sido una carrera táctica. Creo que no estaba para mucho más y lo de Laredo lo noté bastante. Además, tener compañeros como Juanjo y Pedrouso, que llevaron siempre la iniciativa de la carrera, y Jordán, que apostó fuerte en los últimos dos kilómetros, da más mérito al resultado.


El fin de fiesta se puso con el reparto de más bolsas de centollos y otros premios para los primeros de cada categoría. Tengo claro que hace mucho más el que quiere que el que puede, y la organización de Oviñana lo demostró ¡Chapeau y gracias por todo!



Nos vemos en la siguiente….

martes, 19 de marzo de 2019

10 KM DE LAREDO 2019: ¡Santa petada!


Cuando te hubiera gustado que los 10 km de Laredo hubiesen sido 5, y no 10, significa que algo ha ido mal.

Laredo amaneció, la mañana del sábado 16 de Marzo, regalándonos el mejor día posible para correr. Tiempo soleado, temperatura de unos 14 grados y nada de viento. Todo apuntaba a que, durante ese día, la villa pejina se convertiría en el lugar más rápido del mundo. ¡Qué os voy a decir que no sepáis de los 10 km de Laredo! Atletas de toda España vienen cada año con el objetivo de batirse a sí mismos y luchar contra el crono. 



Yo llegué a Laredo con más ganas que dudas, aunque estas últimas estuvieron presentes. Si bien es cierto que hace un mes veía factible rebajar la barrera de los 32 minutos y mejorar mi anterior marca (32:30 en 2014), el día "d" la perspectiva había cambiado. Llevaba cuatro semanas bastante flojas de carrera a pie. En la Media de Siero me encontré bien, pero fue un espejismo de lo que luego era el día a día de entrenamiento. Además, ver cómo eres incapaz de seguir a tus compis de entreno, aunque en cierto modo invita a esforzarse más, llega un punto que también se hace duro. Pero yo soy cabezón, y optimista por naturaleza. Me convencí de que el 16 de Marzo estaría en la salida de Laredo al 100%. Y así fue.

Las sensaciones en el calentamiento eran espectaculares, tan buenas e irreconocibles que me asustaba lo que pudiera salir de ellas. Calenté con los compis del grupo de Ricardo, los dos Adrianes y Nacho, y tras calzarme las voladoras nos pusimos todos juntos en el segundo cajón de salida. Estaba todo listo para que 2300 corredores lucháramos por ganarnos a nosotros mismos. La intención inicial era intentar ir los dos "Adris" y yo juntos. Sé que por lo visto en los entrenos estoy un paso y medio por detrás de ellos, pero ese día, a esa hora me creía capaz de todo. ¡Me la jugué!


Se dio el pistoletazo de salida y esos 5 segundos que tardamos en ponernos en marcha se me hicieron eternos. Cuando la marea humana de mi alrededor empezó a moverse, comenzaron las hostilidades. En 10 metros, justo delante de mí, me encuentro dos caídas. Salto por encima y evito, de milagro, irme también la suelo, mientras noto como otros corredores no pueden salvar a los accidentados y tocan el asfalto. Llevamos 20 metros de carrera y siento que hemos pasado lo más difícil. Ahora solo toca mover las piernas.



Con el lío de las caídas pierdo de vista a mis dos compañeros de viaje. Corro de cara al sol, cegado por el precioso atardecer en el paseo marítimo de Laredo, aunque esa ceguera no me impide localizar a Adrián Rodríguez. Veo que está justo delante y le voy cogiendo. Ha salido a su ritmo, al que sabe que puede aguantar 10 km. Yo voy sin conocimiento y le paso por la derecha. No sé si se da cuenta, pese al intento hacerme ver. Tiro para adelante, superando corredores en el primer kilómetro. Aunque llevo reloj, no pienso mirarlo, no pienso comerme la cabeza con los tiempos, voy a hacer caso de mi cuerpo, que siempre ha sido mi mejor cronómetro. Pero en ese intento de aislarme del mundo, me doy de bruces contra la cruda realidad, "¡Primer kilómetro 3:01'/km!", oigo gritar a más de uno cuando pasamos por la primera pancarta. "¡Mierda! ¿Pa qué lo cantáis?" Realmente yo paso un poco más lento de lo que decían, pero aún así, voy rápido. 



Sigo corriendo y adelantando gente sin conocimiento ¿pero a qué ritmo salen estos? Paso el km 2 a 3:05'/km y voy súper atrás. Lo mismo el km 3, 3:05'/km, y no veo el final del largo pelotón que me precede. ¡Esto es Laredo señores! Decido bajar el pistón del 3 al 4, y es ahí cuando mi compi Adrián Rodríguez me adelanta. No hay mejor incentivo que este para volver a ritmos locos, así que aprieto el culo en la recta abarrotada de gente para encarar la segunda vuelta y pasar por el ecuador de la prueba ¡Otro kilómetro a 3:05'/km! (os recuerdo que yo no iba mirando el reloj, esto lo supe a posteriori). Las sensaciones era espectaculares, nunca me había visto así de suelto muscularmente, y llevando el cuerpo al límite. Pero... ¡ay amigos! llevar el cuerpo al límite tiene un precio, y lo iba a pagar muy caro.



Sin previo aviso, sin notar ningún síntoma, al poco de pasar el punto kilométrico 5 exploto. Exploto como nunca antes. En 1 minuto empiezo a bajar el ritmo y a notar que voy muy agitado de respiración y cardiovascularmente "¿Qué está pasando?" ¡Y todavía queda la mitad!. "Si sigo así me muero", pienso, pero por otro lado mi cabeza me dice que mejor morir matando. Voy al límite y empiezan a pasarme corredores, entre ellos Adrián Briz. Le animo, pero no puedo seguirle, aunque voy sufriendo como un perro. 



El kilómetro 6 no llega y pienso en retirarme. Pero ¿Cómo voy a retirarme? ¡Va contra mis principios! Y para un día que había salido valiente y arriesgando había que morir matando. En el 6 el ritmo se me va muchísimo, y no digamos en el 7 "¿¡Quedan 3!? ¡No llego!" Sigo viendo como me pasan por los dos lados. Tengo la sensación de ser el Minardi de Laredo. Los 10 km se han convertido en "5 de bonanza + 5 de tortura". Cuando paso por la pancarta del kilómetro 8 creo que mi cuerpo ya se ha acostumbrado a la agonía y sigue por inercia. Encaro la recta llena de gente antes de hacer el último bucle hacia meta. Si en la salida nos cegaba el sol, ahora me ciega el "pelotazo" que llevo. Pienso en qué pensarán los conocidos que me están viendo pasar con esa cara de muerto y ese ritmo de Minardi. Oigo a Ricardo y los niños animarme ¡Qué vergüenza de final de carrera!

Llego al último kilómetro suplicando no desvanecerme, la cabeza ya no funciona, las piernas se mueven, no sé cómo ni quién las hace moverse, pero se mueven. Encaro la recta de meta y cruzo el arco. ¡Se acabó! ¡Qué salvajada de sufrimiento! Sin duda los 32:30 que marco en meta (exactamente la misma marca que tenía) no hacen justicia al grado de agonía alcanzado. 



Sé que hice mal, salí a ritmo de bajar de 31:30 y acabé pidiendo la hora. Si hubiese sido más conservador, quizás habría rozado los 32' sin tanto esfuerzo, pero bueno ¿Hemos venido a jugar, verdad? Aposté fuerte y salió rana, pero saco muchas conclusiones de esta carrera. Por la parte positiva, me quedo con el hecho de haber sabido llegar al 100% muscularmente, tan al 100% que no supe identificar mis límites y me pasé. También me quedo con la capacidad de sufrir 5 kilómetros a unos niveles de agonía que jamás había experimentado. De la parte negativa, de la que también se aprende, saco como conclusión que no supe rendir al máximo para, como yo siempre digo, llegar lo más rápido posible del punto A, al punto B, y no al punto A', como sucedió. Experimenté sensaciones nuevas y de mucho contraste que me van a sumar mucho en mi curva de aprendizaje deportivo.

Y antes de cerrar la crónica de "lo que pudo ser y no fue", quiero dar la enhorabuena al dúo sacapuntas, a Adrián Rodríguez, por el CARRERÓN que se marcó, haciendo 31:30 y siendo 3er cántabro en meta (tiene mucho mérito un pódium en Laredo, Adri), y a Adrián Briz, que, aunque creo que vale un poquito menos de la marca que hizo, 32:06, también se cascó un carrerón. A veces uno busca la forma de verse delante en la clasificación y puede quedarte el consuelo de haber sido el primer "Pelayo" en meta... ¡A no! que hay otro Pelayo que es un cohete y ha hecho saltar todos los radares de Laredo. Pela, ¡ENHORABUENA, por ese 31:17! Sencillamente espectacular. Me quito el sombrero.

Y para celebrar la petada de algunos y las marcas de otros nos fuimos de cena por Laredo. El post carrera con Pablo, Pela, Capi y el resto de la expedición asturiana hizo que mereciera muy mucho la pena quedarse por allí.

Enhorabuena por leer este tostón y ¡nos vemos en la próxima!

martes, 5 de marzo de 2019

MEDIA MARATÓN DE POLA DE SIERO 2019: ¡Ni un "putu" metro llano!


“Pa cuatro días que me quedan en el convento…”

Correr la Media Maratón de Pola de Siero a tan solo 2 semanas de los 10 km de Laredo, puede que no sea la mejor forma de gestionar las fuerzas ni optimizar el rendimiento para dicha fecha. Pero yo necesito competir, necesito ese incentivo que dan las carreras, donde el dorsal camufla el cansancio, los dolores y el sufrimiento, y te hace rozar tus límites. En definitiva, si me lo paso bien compitiendo, si soy feliz de esa forma ¿Por qué no hacerlo? Y con esas me inscribí a la, posiblemente, Media Maratón más dura de Asturias (de asfalto). Los 300 metros de desnivel positivo acumulado a lo largo de los 21 km de recorrido entre la Pola y Sariego lo confirman.

Después de los 10 km de Oviedo- Las Caldas me puse malo, y durante tres semanas he arrastrado un catarro que no acababa de irse. El catarro vino y con él se fueron las buenas sensaciones entrenando. Durante tres semanas no conseguí acabar ni un solo entreno de los duros, y precisamente por eso me apunté a Siero, para olvidarme de las penurias semanales y disfrutar de la carrera.

Sin ninguna expectativa de resultado o tiempo, más allá que darle caña, nos plantamos en línea de salida junto a más de 400 atletas. Varias caras conocidas y con opciones de triunfo o de dar guerra en puestos de cabeza: Moha, Raúl, Javi Mier, Fran, Jorge, Manu, Maxi… Estas son las típicas carreras en las que la diferencia entre quedar tercero o décimo lo deciden pequeños detalles. Mucha igualdad a priori (salvo los dos primeros), lo cual motiva mucho más. De antemano sé que aún no estoy en mi peso y meterme en una Media en la que son todo cuestas significaba enfrentarme a un escenario más hostil. Pero lo difícil motiva, así que ¡a por ello!



A las 10:30 se dio la salida. Acostumbrado a inicios lácticos de carreras de menos de 10 km, la salida de la Media de Siero me pareció muy muy tranquila. Dimos la primera vuelta por el pueblo todos juntos, al ritmo de Raúl y Jorge, antes de enfilar la subida que nos sacaría de la Pola en dirección a Sariego. No fue hasta el km 2 cuando cada uno fue tomando posición. Raúl, Moha y Jorge se fueron con facilidad. Detrás de ellos salió Maxi, y yo me quedé descolgado en la primera cuesta, tratando de no hipotecar la carrera en los primeros kilómetros. Enseguida me pude hacer una idea del grupo que me tocaba. Javi Mier, Fran, David Belver, Iván Martínez y yo formábamos el quinteto perseguidor de los cuatro de cabeza.

Foto de "El Fielato"
Como el recorrido no tenía ni un solo metro llano, eran todo repechos cortos de subida y bajada, el ritmo era muy dispar. En las bajadas me iba unos metros por delante del grupo, y en las subidas me pillaban y me soltaban unos metros, yo siempre con la mente fría, sabiendo que al llegar arriba les podía volver a pillar. Al paso por el kilómetro 5 vemos como Jorge, que iba en cabeza, vuelve caminando. Se acaba de retirar uno de los favoritos, y eso aumenta las opciones de todos de optar al pódium (hasta el 5º en esta prueba).

Foto de "El Fielato"
El primero en quedarse del grupo es Iván, así que ya solo somos 4 los que a priori nos vamos a disputar las 4ª y 5ª plaza. Los kilómetros van pasando con la misma dinámica, me quedo en las subidas y engancho en las bajadas. Pero en el kilómetro 7 abro un poco más de hueco bajando y luego ya no me pillan subiendo. Esto me permite comenzar a distanciarme del grupo, pero sin la sensación de haber acelerado ni de haber metido una marcha más. Las sensaciones son buenas y preveo una carrera en solitario, que, con todo lo que queda, puede hacérseme larga. Pero mis temores de quedarme solo desaparecen cuando en el km 9 Fran llega desde atrás como un tiro y me engancha. Viene mucho más fuerte pero me da la sensación de que baja el ritmo al alcanzarme, porque soy capaz de seguirlo, forzando un poco, pero lo sigo. Llegamos juntos a la Vega de Sariego, punto de giro en el kilómetro 11. Lo peor está superado, de ahí al final, aunque no deja de haber repechos, la tendencia es descendente.

Foto de Tano González
Fran y yo afrontamos el regreso juntos, pero soy consciente de que él tiene una marcha más que yo no tengo. Y esa marcha la aprovecha en el kilómetro 13, precisamente en un repecho, y se empieza a ir. No puedo seguirlo, y me limito a ver como la mancha amarilla del Saporo se hace cada vez más pequeña.

Me quedo en quinto lugar en tierra de nadie. No las tengo todas conmigo. Javi y David son muy constantes y como me despiste me pillan. Al poco de soltarme Fran, noto que muscularmente empiezo a ir justo. Es el km 14, y decido tomar el gel que llevaba, pero al intentar abrirlo con la boca se me escurre de las manos y lo pierdo ¡Mierda! Esta vez sí que preveo que la he cagado. Faltan 7 kilómetros que pueden hacerse eternos si muscularmente empieza uno a flojear.



Trato de concentrarme en cada zancada y pensar en todos los entrenos en ayunas que llevo hechos. Noto que mi cuerpo empieza a cambiar el tipo de “combustible” y reduce el consumo de glucógeno para tirar más de grasas (tranquilos que aquí hay “diesel” para largo). Sensación muy entrenada y conocida, que, pese a no ser agradable, no me supone ningún agobio. Sé que si me mantengo en zona sub-umbral de pulso voy a llegar sin mermar el rendimiento. Solo tengo que evitar calentarme en los repechos y ser constante.

Los últimos kilómetros no son fáciles de gestionar, entre la sensación de ir vacío, el tener que regular y la presión de los que vienen por detrás. No quiero girar la cabeza hasta falta de 1 km. Cuando lo hago, ya entrando en La Pola y tras coronar el último repecho, me percato de que nadie me sigue de cerca, así que los últimos metros por las calles de la Pola los disfruto mucho para entrar 5º en meta y 3º Sénior, con un tiempo de 1h 14’ 17”, creo que bastante decente para los 300 metros positivos que tenía la prueba.



Moha y Raúl comparten victoria con algo más de 1h 12’ 30”, tercero es Maxi y cuarto Fran. Yo me voy contento con las sensaciones, el puesto y el ambiente tan genial que hay en estas carreras.



¿Habré hipotecado la preparación de los 10 km de Laredo? Es posible, pero…

¡QUE ME QUITEN LO BAILAO!

Buenos entrenos a todos y, recordad, lo más importante del deporte es DISFRUTARLO

jueves, 14 de febrero de 2019

10 KM OVIEDO - LAS CALDAS 2019: ¡Vuelta a los orígenes!


¡Qué bien sienta volver a ponerse un dorsal!

Hacía tres años que no participaba en la carrera de 10 km Oviedo-Las Caldas, una de las citas ya míticas del calendario atlético asturiano y que se caracteriza por su pendiente favorable durante todo el recorrido que anima a conseguir grandes marcas.

En 2015 fui segundo y en 2016 también. Este año la historia es bien distinta. Llevo ya unas semanas entrenando bien, tengo más ganas que nunca y las sensaciones son cada vez mejores, pero sé de dónde vengo y por lo que he pasado en este tiempo alejado de las carreras, así que, sin otro objetivo que disfrutar sufriendo, me puse el dorsal 323 para competir por mis zonas habituales de entrenamiento cuando voy a Oviedo.

Hace ya tiempo que dejé de preocuparme por quién corre, por quienes son los rivales en cada prueba y por saber las opciones reales de hacer buen puesto. Esta nueva mentalidad ha hecho que focalice ese esfuerzo en lo que realmente importa, en correr, en dar el 100% de mí mismo y en terminar satisfecho de haberlo dado todo.

Calentamos en la recta del CAU Marta, Pablo, Javi y yo. Minutos antes de la salida, mientras activábamos a trote "pachanguero", bromeábamos sobre la posibilidad de hacer pleno y subir al pódium los cuatro… “Dios los cría y ellos se juntan”, porque al final cumplimos nuestro pronóstico. El mayor incentivo: las moscovitas, premio habitual de esta carrera y que bien merecen un calentón.
Con puntualidad nos fuimos colocando bajo el arco de salida en una lluviosa, fresca y ventosa mañana. El día no era el mejor para correr, pero como digo siempre, las condiciones son iguales para todos, así que no es excusa. De las dos líneas de salida alternativas, me coloqué en la de la izquierda, quizás menos resbaladiza que la del otro lado de la Iglesia Redonda. Ambas salidas se juntarían a los pocos metros. Me puse en primera fila, al lado de Pablo, e identifiqué a quien sabía que iba a ganar, a Borja Jerónimo. Pero yo a lo mío.

Foto de Miki López (lne)
Salimos fuerte para coger posición y evitar golpes. Si bien en otras carreras (San Silvestre, por ejemplo), me cuesta mucho no verme desbordado en los primeros metros, aquí no me costó nada estar en cabeza cuando nos juntamos con los de la salida de la derecha. Desde el inicio Borja puso la directa y se fue solo, a su ritmo. Bajó por González Besada abriendo hueco y únicamente un corredor de camiseta rosa, al que no conocía pero que resultó ser el gran atleta leonés Jorge Manuel Pérez Díaz, hizo ademán de seguirle. Yo me vi corriendo con gente de mi mismo nivel, como Pablo Camino, Manu Álvarez Prado, Juan Manuel Pezón, Javier Mier o José Piqueras. Bajamos por las curvas del Parque de Invierno marcando un primer kilómetro a 2:58… No está mal. Cuando llegamos a la senda de Fuso, Manu Álvarez (Piloña) tomó la iniciativa, y fue entonces cuando se me cruzó el cable e hice algo que jamás había hecho ante una circunstancia como aquella: cambiar el ritmo e irme solo desde el kilómetro 1,5. Con el viento en contra que iba a soplar todo el recorrido, era arriesgado optar por esta opción. De hecho, no sabía si estaba cavando mi tumba o construyendo mi gloria, pero, las ganas de probarme superaron al “pepito grillo” de mi cabeza que siempre me manda guardar.

Foto: Pedro Pablo Heres

Sorprendentemente me sentí muy bien corriendo en solitario y, poco a poco, fui abriendo hueco con los de detrás. Aunque evitaba mirar, cada vez oía más lejos sus respiraciones, hasta que a la altura de la estación de la Manjoya dejé de oír los pasos que me seguían. Fue entonces cuando me centré en pillar a por Jorge Manuel Pérez. Metro a metro, muy poco a poco, fui reduciendo la ventaja de 10 segundos que me sacaba, y conseguí llegar donde él en el km 6. Respiré 20” a su estela y tras animarle para intentar ayudarnos mutuamente y darnos relevos, vi que yo aún tenía una marcha más, así que seguí a mi ritmo, camino de Las Caldas. Al ver que se quedaba me animé un poco y marqué unos parciales un pelín rápido que, a partir del km 8 empecé a pagar.

La gasolina iba al mínimo cuando se terminó la senda y comenzó la bajada por el campo de golf. Sabía que la ventaja con el tercero era mínima y mis fuerzas menos todavía, pero iba a vender caro el puesto. El último kilómetro se me hizo eterno, sentía como Jorge y Manu se me echaban encima, hasta tal punto que, a 200 metros de meta, giré la cabeza y lo comprobé por mí mismo. Ir tan jodido como iba y darme cuenta de que los de detrás venían esprintando para disputar el tercer puesto (o el segundo, conmigo) me hizo sacar fuerzas de debajo de las piedras y sufrir como no recordaba en los eternos 100 metros finales de subida hasta el arco de meta, donde entré segundo y ¡MUERTO!

Foto de MV Foto
Lo di todo, aposté a caballo ganador y me salió bien. Pero, sobre todo, marcar 31’:39” en un 10 km (que era algo más de distancia, aunque cuesta abajo casi todo) y volver a pisar un pódium absoluto casi dos años después, me dan una motivación y unas ganas de seguir disfrutando del atletismo que hacía mucho que no sentía.

Y lo mejor de todo, el ambiente post carrera. El “Team CAU” hizo casi pleno, los cuatro del calentamiento nos llevamos Moscovitas (Marta 1ª absoluta, Javi 1º Veterano, Pablo 2º Sénior y yo 2º absoluto), además de Pelayo Pozo, que quedó 3º Sénior.





Y con este calentón me despido, probablemente, hasta dentro de 5 semanas, en los 10 km de Laredo, donde voy a intentar rebajar mi mejor marca oficial de 10 km de 32’:30”, hecha en el año 2014.

¡Salud y buenos entrenos!

martes, 1 de enero de 2019

SAN SILVESTRE DE OVIEDO 2018: La mejor forma de acabar el año


¡Qué fácil es volver a sentarse un 1 de Enero a escribir las primeras líneas del año sobre nuestra querida San Silvestre! Creo que todos los ovetenses que compartimos y sufrimos kilómetros por nuestra ciudad coincidimos en que no hay otra carrera como esta en todo el año. Empiezo 2019 sin poder aún creerme cómo terminó 2018. Correr estas Navidades estaba a años luz de mis posibilidades hace poco más de 3 semanas, y me alegro de haber apartado mis prejuicios y mis miedos, y haberme puesto el dorsal para despedir el año en la San Silvestre de Oviedo.

Por otro año repitiendo esta foto
No hay nada mejor que tocar fondo para valorar cada pequeño paso, reforzar la confianza y multiplicar las ganas. Y es que este año y medio alejado de las carreras ha sido el mejor estímulo para volver con más ilusión que nunca. Es muy fácil adaptarse al éxito, pero nadie nos enseña a adaptarnos al fracaso. De las carreras de estas Navidades me llevo una gran lección, y es que, a veces, un pasito atrás es el camino para dar dos hacia delante y valorar infinitamente más cada pequeño logro.

Más que números, ilusiones
Tras la carrera de Nochebuena de Gijón y la de los Inocentes de Arriondas, me volví a poner el dorsal 6 para correr la San Silvestre de Oviedo. Casualidades de la vida, me tocó el mismo número con el que había ganado en 2015. Esta vez iba con un objetivo completamente distinto, pero con más ganas incluso que en aquella ocasión. Consciente de mis limitaciones pero agradecido por haber sido capaz de sobreponerme a ellas, nos citamos en el mismo semáforo de siempre, a la misma hora de siempre y el mismo día de siempre Miguel y yo, para bajar juntos hacia la zona de carrera. ¡Qué sería de la San Silvestre sin esta tradición que repetimos casi ininterrumpidamente desde el año 2009! 

Aprovechamos el calentamiento para recorrer parte del circuito y examinar la nueva zona de meta, situada frente al teatro Campoamor. La bajada por la adoquinada calle San Francisco, a 400 metros de la meta, me hizo ver dónde podía ganarse alguna posición. Estaba mojada y resbalaba mucho, por lo que lanzar un ataque en esta zona era inviable. Habría que entrar abierto en la curva anterior y coger ya en velocidad la zona mojada. Elucubraciones mentales que me gusta hacer antes de competir y que, a veces, resultan útiles, como fue en este caso.

Mi sitio, mi sueño. El momento más especial del año.


Los pelos de punta en los prolegómenos de la salida. Ya solo con disfrutar de ese momento había merecido la pena tragarme el orgullo y decidir correr. Los progresivos en la recta de salida se mezclaban con abrazos de reencuentros con amigos del atletismo. Son muchos los abrazos repartidos en esos minutos previos a la salida y las sensaciones de estar en el lugar que realmente quieres.

A las 18:15 nos situamos los 5000 corredores tras el arco de salida. Me puse en primera fila, no sé si merecedor de ella pero necesitaba volver a sentir esa adrenalina ¡¿Quién me lo iba a decir, pocas semanas atrás, que iba a estar ahí?! A mi derecha varios de los candidatos a la victoria: Alberto, Moha, Hugo, Onís, Ciro, Pela... Les miraba con nostalgia y con la ilusión de poder, en próximos años, estar pegándome con ellos. Pero mi lucha era otra: la batalla a librar era conmigo mismo, con poder demostrarme que había merecido la pena ponerme el dorsal.

Salida. Foto: La Nueva España
Salida trepidante. Enseguida me veo desbordado por todos los lados y antes de curvar hacia la subida de Toreno calculo que son más de 100 los atletas que me preceden. Manteniendo la mente fría y evitando los calentones, fui viendo como, poco a poco, la gente iba cediendo en la cuesta. Recuerdo también echar el ancla a mi amigo Carlos, que me adelantó al inicio de la subida a un ritmo desbocado... Estos excesos se pagan muy caro en Oviedo. Coroné Toreno a ritmo, y en la bajada por la calle Cervantes empecé a dibujar el panorama. A unos 30 metros por delante se había formado un grupo donde iban, entre otros, Pablo Camino, Mario o Luís Díaz Grueso. Sabía que ese iba a ser el segundo "vagón" de carrera, tras los 8 primeros que se iban a jugar la victoria y están dos puntos por encima. Apreté en la calle Independencia y, frente a la Escuela de Minas, conseguí engancharme al grupo. Éramos unos 10 y el ritmo parecía "sufridamente asumible", vamos, al límite de mis posibilidades.

Sé que no tengo el ritmo de Pablo y Mario, pero me pareció que la "marcheta" que llevaban podía aguantarla. El pequeño calentón para enganchar me hizo sufrir mucho en el transcurso de Melquiades Álvarez y Covadonga, hasta llegar a la curva de la calle Paraíso, donde, más o menos, pude respirar. ¡Y menos mal! porque al terminar la calle Paraíso empezaba mi suplicio: 1,5 km de subida donde mi gran amiga, la gravedad, alimentada por mi sobrepeso, iba a joderme bien jodido. La empinada calle de Marqués de Gastañaga me puso en mi sitio y me descolgué unos metros del grupo. "¡A ritmo Pelayín, a ritmo!". Y a ritmo, no sé cómo, volví a contactar antes de llegar a la plaza San Miguel. Solo me quedaba el último envite hasta el auditorio y estaba hecho. 

Grupeta de este año. Un placer sufrir juntos.
De ahí a meta 2 km predominantemente de bajada. Cuando conseguí llegar al auditorio a cola del pelotón de 10 en el que iba, supe que había opciones de luchar por un buen puesto. Nos estábamos jugando del 9º al 20º aproximadamente.

Bajamos un tramo de Federico García Lorca y cuando giramos hacia la plaza de España siento que he recuperado muy bien y me noto con fuerza. Estuve a punto de pegar un cambio en ese tramo, pero no tengo la confianza ni sé hasta dónde puedo tirar todavía, así que guardé fuerzas para el final. La calle Santa Susana, que "pica p´arriba" la pasamos no demasiado rápido. Me empecé a poner nervioso cuando vi que ni siquiera en Fruela la gente quería mover el árbol. Tan solo 700 metros a meta y seguíamos a ritmo. Situación perfecta para poner en práctica lo pensado durante el calentamiento. Me dejé caer a cola de grupo en la calle Pozos, me abrí mucho en la curva con San Francisco y arranqué desde atrás sin pensármelo hasta meta. El factor sorpresa pareció funcionar, pues tras sobrepasar a todos los integrantes del grupo y girar la cabeza, vi que había abierto un pequeño hueco. Me exprimí al máximo, las sombras de Mario y Pablo venían muy cerca, pero la jugada me salió bien y me pude colar en meta 9º y el primero del grupo donde corrí toda la prueba.

Con el ganador de 2025

Tu día, Moha, ya te lo he dicho, pero te lo repito: tienes que estar orgulloso de lo que has hecho
¡Otra sorpresa más! Si me dicen que iba a quedar entre los 10 primeros este año en las condiciones que competí, habría tildado de loco al que me lo hubiese dicho. Pero no sé qué tiene esta carrera que saca el 1000% de lo que tengo y cada año que corro me sorprende.

No le puedo pedir más al final de 2018, pero sí al 2019 que empieza: disfrutar del camino hasta volver a ser competitivo.

¡Nos vemos el año que viene, querida San Silvestre!

martes, 25 de diciembre de 2018

Carrera de Nochebuena de Gijón 2018: ¡ESTAMOS DE VUELTA!


"Valora las cosas no por lo que son, sino por lo que significan"

Esta frase que un día leí a un buen amigo del gremio del atletismo es la que mejor define la sensación que he tenido hoy nada más cruzar la meta en la carrera de Nochebuena de Gijón.

Más de un año sin competir ha hecho que hoy me sintiese como un debutante, con la ilusión del no saber qué va a salir. Durante esta etapa alejado de las carreras y del ritmo frenético de entrenamientos, alimentación, etc. me he dado cuenta de lo mucho que me ha dado el deporte y de lo mucho que quiero que me vuelva a dar.

Pero no estoy de vuelta para aburriros con mi historia, ni llorar mis penas. Solo los más cercanos saben la transformación que he tenido durante este año, los altibajos y lo que me ha costado decidir ponerme un dorsal pese a no sentirme en condiciones de repetir puestos o ritmos del pasado. Pero lo hice, vencí ese muro lleno de prejuicios que supone volver a hacer una actividad que te gusta en peores condiciones que antes. Hoy estoy más feliz por haber superado esa barrera, que por cualquier victoria. Todo lo que venga de ahora en adelante es un regalo; y este, en particular, es digno de una crónica en "corriendo por lo segao".

Salida masiva en Gijón (Foto de La Nueva España)

Día de reencuentros en Gijón. Fui con Miguel hasta allí, donde nos juntamos con David y Chus. Los dos primeros ex compañeros de esquí y de fatigas en los "stages" veraniegos por los glaciares alpinos. Los prolegómenos de la carrera fueron un constante saludar y saludar. Tras cuatro meses sin correr por una lesión y con muchos (no digo cuantos pero muchos) kilos de más, llegué a esta carrera de Nochebuena. Sí es verdad que en el último mes y medio ya pude trotar regularmente, pero sin planificación, sin series, sin ritmos altos... simplemente por el hecho de hacer deporte. La defensa de la tesis doctoral también me tuvo entretenido en este periodo, por lo que salir a correr era una vía de escape ideal. La carrera de Nochebuena fue el incentivo que necesitaba para ponerme a entrenar en serio de nuevo.

Salí con la idea de rodar sobre 3:30'/km, si es que se podía, porque no tenía ni idea de mis capacidades. Pero ese desconocimiento también resulta atractivo e intrigante. Me considero una persona demasiado estratégica y que siempre he entendido y controlado mi cuerpo en competición, sabiendo hasta dónde sí y dónde no podía dar. Esta vez el escenario era completamente distinto, fui a ciegas. Y de ese desconocimiento salió un primer kilómetro a 3:20'/km. La salida masiva y los calentones que se mete la gente en esta prueba hacen que pasar el primer kilómetro a ese ritmo suponga ir por detrás del puesto 80. Pero las sensaciones eran muy buenas y a partir de ese momento me dediqué a ir poco a poco probando a subir la intensidad. Pasé los km 2, 3 y 4 en progresión y adelantando a mucha gente, y el 5º terminando a 3:07'/km, con la sensación de haber sabido sufrir lo justo y sorprendidísimo con el ritmo medio, 3:14'/km y vigesimotercer puesto.

Progresando (Foto de Adrián Fernández González)

Todavía me acuerdo se sufrir... (Foto de La Nueva España)
Aunque sea una mierda en comparación con lo que corría hace un par de años, vuelvo a la frase del principio, para mí significa mucho. Significa que mi cuerpo ha guardado, que mi cabeza tiene unas ganas de volver enormes y que si quiero puedo estar mejor que en 2015. Pero de momento vamos a ir en orden, sin saltarnos pasos, sin saltarnos etapas, porque hay mucho que cambiar todavía y disfrutando del camino.

Gracias a todos los que os habéis preocupado por mí durante este año apartado de las carreras, y gracias convencerme de que esta es mi vida y este es mi sitio.

¡Queda oficialmente abierta la veda de carreras de Navidad!

miércoles, 8 de noviembre de 2017

DIARIO DE VIAJE: IBIZA Y FORMENTERA (18-25/10/2017)

Aún recuerdo esa llamada de Pablo Gutiérrez a las 11 de la mañana de un día cualquiera de semana, a pocos días del viaje: “Pelayo, no quiero ir a Ibiza”. Esas fueron sus palabras, que cayeron como una losa sobre mí. Unas palabras de las que se habría arrepentido toda la vida de haberlas ejecutado, pero que, por suerte, no puso en práctica. Me costó convencerle de que Ibiza iba a ser un viaje diferente, de que conseguiríamos que la Competición del Medio Ironman fuese solo una anécdota en comparación con la de cosas que podríamos hacer en una semana en la isla. Y así fue.
Aquí empieza una crónica diferente, la crónica de un viaje inolvidable y del que vuelvo con mucho más de con lo que me fui.
¡EMPEZAMOS!

Miércoles 18 de Octubre: Volando hacia la isla, nuestra isla
No nos podíamos imaginar, cuando cogimos el avión en el aeropuerto de Bilbao, la de recuerdos que nos íbamos a traer de Ibiza. El dúo del Bender, Pablo y Pelayo, estaba a punto de dar comienzo a una aventura difícilmente igualable. La isla de los DJs, gogós, alcohol y discotecas sería por unos días la isla del deporte, del “hippismo” astur-cántabro y de la aventura. Aterrizamos a eso de las 21:00h, compartiendo viaje con varios triatletas cargados hasta arriba de material. Nosotros íbamos ligeritos con nuestra mochila y maleta de mano, suficiente para cumplir el objetivo de este viaje, que iba más allá del de competir en el Medio Ironman de Ibiza, última prueba de la Copa de España. Nuestra máxima era no perder ni un minuto en Ibiza, disfrutar de los rincones de la isla y perdernos… sí, perdernos entre calas, acantilados, cuevas, dunas…

... a la isla.
Hay veces que la suerte le llega a quien la busca, otras, aparece sin más. Lo nuestro fue llegar y besar el santo. Y es que al entrar en recepción del hotel Figueretes nos dicen que cierran esa semana y tendrían que reubicarnos en el hotel Ibiza Playa. Nos pasaban de un hotel de una estrella a otro de tres, a escasos cien metros de distancia y, además, sede oficial del Campeonato de España de Triatlón de Larga Distancia del domingo. Eso sí, el precio nos lo mantuvieron, y pagamos lo correspondiente al de una estrella. ¡Mini punto para los del Bender!

Un menda, dos mendas y una semana increíble por delante
Esa primera noche la tomamos de relax y nos fuimos pronto a dormir. Aunque antes el señor Pablo dio cuenta de lo que en los días posteriores se convertiría en su “pizza” talismán, en uno de los infinitos restaurantes italianos que hay allí.

Jueves 19 de Octubre: Ciclotequeando por Ibiza
El "culo inquieto" de compañero de viaje que me eché abrió el ojo a las 6 de la mañana. Difícil dormir con el menda al lado desgastando la pantalla del móvil. A las 8:30 am ya estábamos saliendo del hotel rumbo a “La Cicloteca”. Tras ese nombre se esconde un templo del ciclismo retro-hippie de Ibiza. Allí íbamos a alquilar nuestro medio de transporte para esos días y también las “reliquias” con las que competiríamos el domingo (esto os lo cuento cuando toque hablar de la carrera).

La Cicloteca, cuna del Retro-Caos
Desayuno potente camino de la tienda y al poco rato estábamos ya montados en dos flamantes y pesadas bicis de paseo, cuan Chanquetes del siglo XXI, dispuestos a comernos el mundo con ellas. 

Como si lleváramos años viviendo allí, dimos una vueltecilla por la ciudad, compramos en Decatlón el “material” para una aventura que más adelante contaré y nos volvimos al hotel con la idea de pegarnos el primer chapuzón del día. Estrenamos el agua del Mediterráneo dando una vuelta a la isla de Las Ratas “¿qué te pasa Pablito? ¿No flotan los michelines?” Y es que a mi compi de viaje le costó un poco completar esos 2000 metros, siguiendo el mismo trazado que el que haríamos en competición. El regreso desde la isla hasta la playa se hacía sobre un campo de Posidonia que permitía saber hacia dónde iba la corriente con solo fijarse en el sentido de inclinación de la planta. El único “pero” de nadar en esa zona es el denso y frecuente tráfico marítimo que hay. Justo desde el dique que da forma a la pequeña playita frente al hotel Ibiza Playa, salen barcos cada 5 minutos que conectan la zona de Figueretes con el puerto. Pasar nadando por allí y que no coincida la salida o llegada de un barco es casi una lotería.

Si hoy no morimos arrollados por un barco, es porque somos casi inmortales
Con los deberes natatorios hechos (primera vez que nadaba en las últimas 2 semanas y media), fuimos a comer al “Retro Gusto” una hamburguesa contundente” para, a continuación, coger nuestras burras (o más bien bisontes) y dirigirnos hacia el Oeste de la isla. 

Uiiiiiii, el sitio que acabamos de descubrir. Ya la hemos jodido jeje


Muchos campeones de España y dos infiltrados

La carretera de salida de Ibiza en sentido San Josep es una tortura. Una larga recta en subida, con viento en contra y mucho tráfico que enseguida abandonamos para meternos hacia Es Cubells. Nuestro amigo de La Cicloteca nos había dicho que este era uno de los pueblos con mayor poder adquisitivo de Europa. No hace falta ser muy avispado para darse cuenta de ello “¡Vaya “casoplones”! ¿eh Pablo?” Nos dejamos perder por caminos laberínticos y fuimos a dar a preciosas calas, acantilados y pistas de tierra no aptas para bicis tipo "Verano Azul". Con mucho cuidado, pues nuestras “burras” estaban bastante limitadas de agarre, disfrutamos de la primera puesta de sol en la isla. “Mira para el suelo, Pablito, no te vayas a tropezar con billetes de 500€”. 

Yo me quedo a vivir en la terraza

El dinero me confunde. Cronoescalada a Es Cubels (Memorial Gonzalo Montoya)
Y es que no había más que lujosos palacios en aquella zona, muchos de ellos escondidos entre árboles en medio de las laderas y con unas vistas del mar Mediterráneo de película. Pero como estábamos en la isla hippie y en modo hippie, solo con una bici, una mochila y la libertad de poder ir o hacer lo que quisiéramos, nos sentíamos los más ricos del lugar.

Todo lo que necesito para ser feliz. ¿Pa qué más?
Volvimos casi al anochecer al hotel, tras un primer día de adaptación a nuestra nueva vida. Una vida sin preocupaciones, sin horarios, sin prisas… una vida más digna de un libro de poesía que de una crónica de blog deportivo. Haré lo que pueda para contarlo como fue, aunque nada de lo que diga se parecerá a lo vivido.

Viernes 20 de Octubre: El día que dejé de ser virgen…
Voy a tardar en olvidar el día en que me desvirgaron… ¡Que nooooo! Que no me estoy refiriendo a eso. El viernes monté por primera vez en moto desde que tengo uso de razón. Una moto de 125 cc que alquilamos en el mismo hotel y con la que pretendíamos llegar un poco más lejos de lo que lo habíamos hecho el día anterior con las bicis.

Está muy bien ir con lo puesto, pero los yates también ayudan a navegar hacia la felicidad ¿eh?
Tras un trote cochinero por la mañana para engañar al cuerpo y parecer “triatletas”, pusimos rumbo a Santa Eulalia, pueblo que está al Este de la ciudad de Ibiza. He de reconocer que las pasé putas yendo de bulto en la moto por primera vez. Primero, porque la sensación de no llevar el control del aparato da un poco de “canguelo” y, segundo, porque… ¿dónde narices se ponen los pies? Hasta que encontré las dos extensiones para apoyarlos fui con ellos en el aire, encogido como una oruga y agarrado a Pablo como una garrapata. Luego, todo fue más fácil.

El fotógrafo...

Primera parada del día en Santa Eulalia, pueblo turístico pero que conserva la esencia pescadora de sus orígenes. Allí hicimos unas fotos y Pablo compró su primer collar hippie. 

...y la foto

Seguimos ruta hacia Cala Nova, recomendación de Luna, la hermana de Pablo, nuestra guía a distancia por la isla ¡MIL GRACIAS! Estrené mi equipo de buzo “semi-profesional” (aletas, tubo y gafas de Decatlón) y me dediqué a ver peces y plantitas marinas, mientras “el moreno” le robaba rayos UVA al sol. Pablo tomó el relevo después y duró en el agua lo que tardó en ver un banco de medusas ¡Menos mal que yo ya había salido! Fin de baño y vuelta al hotel para comer y coger fuerzas, que la tarde promete.

Putos Iphones

De nuevo por recomendación de Luna, fuimos a ver la puesta de sol al mejor sitio de la isla: Punta Galera; una zona pedregosa y con grandes lajas rocosas apuntando al oeste, bastante escondida y donde esperábamos estar solos, pero no. Llegamos, no sin dificultad (ostión en la cabeza contra una roca incluido). Lo primero que nos encontramos fue un equipo de grabación que estaba rodando un anuncio para una marca de ropa… ¡Esto es Ibiza! 

3, 2, 1 ACCIÓN!
Nos apartamos un poco y cuando cogimos posición en una laja que asomaba al mar en voladizo, nos encontramos con esto (ver foto) ¡Esto es Ibiza +1!

Jugando al escondite...
En aquel acantilado vivía un personajillo curioso, metido en una especie de cueva y que parecía un poco nervioso por todo el revuelo inesperado que se había montado en su casa. Vimos cómo echaba las cartas a la chica de la foto anterior (ya vestida) e incluso nos ofreció una especie de purés hechos con hiervas y fruta que no tenían muy buena pinta.

La vida es más fácil cuando te olvidas de todo y te centras en nada

Esta cala está cogida, vamos a tener que buscar otra
Es muy típico en la isla ver a gente así, viviendo del aire, durmiendo en cuevas y al margen de la civilización. Punta Galera fue un ejemplo más del ambiente hippie de la isla.

Nos ponemos "morránticos"

De esta puesta de sol pueden salir la antología poética de Pablo al completo
El sol se puso y Pablito y Pelayo volvieron a la urbe. Pablo se pimpló la típica pizza de rigor y se quedó frito enseguida. "Recupera, amigo, que mañana sábado promete ser un día movidito".

Sábado 21 de Octubre: Tapering pre-carrera para recordar
¿Que mañana corremos un medio Ironman? Pues nada, vamos a cansarnos un poquito. Y es que no podíamos venir a Ibiza y condicionar el viaje dejando de hacer cosas por la carrera del día siguiente. Por la mañana, mientras Pablo agonizaba en su nicho, me fui a correr al puerto. Un fartlek de 5x1’ a 2:50’/km que no sé por qué lo hice; pero me lo pedía el cuerpo y las piernas, así que, “a lo hecho, pecho”. Sin apenas tiempo para desayunar, volvimos a la Cicloteca para cambiar nuestros “ponis” por “caballos de carrera”. Era el momento de probar las bicis de competición: Yo una Vitus de cuando Bahamontes ganaba Tours, con cambio en el cuadro, y Pablo una Olmo, otra reliquia, aunque algo más moderna. Íbamos a competir con bicis clásicas, toda una experiencia.

Colores que hipnotizan. Es Vedrá al fondo.
Con la mochila al hombro, el viento en contra y la bici pidiendo tregua cada vez que pasaba de 35 km/h, llegamos al mirador de Cala D´Hort. Un lujo de sitio hasta donde accedimos con las bicis al hombro. Con el peñón de Es Vedrá al fondo y el agua azul turquesa de base, Pablo petó la memoria del IPhone y me hizo ejercer de fotógrafo también. ¡Primer Máster en fotografía conseguido!

No levito porque me doy una leche contra el techo, pero el sitio es para meditar y levitar

No queda una cueva libre en la isla y eso que es temporada baja
Siguiendo las pautas de nuestra guía a distancia, Luna, bajamos a conocer una cueva metida en medio del acantilado, donde la gente deja objetos variopintos de recuerdo (tazas, espejos, fundas de móvil, peluches…). Nosotros no dejamos nada material, solo la firma en un cuaderno que había para que los visitantes escribieran una dedicatoria. No me acuerdo exactamente de la historia de esa cueva, pero creo que allí vivieron soldados que venían de la guerra de Vietnam en busca de paz y retiro espiritual a Ibiza (no sé si esto lo soñé o me lo contaron, pero la historia es resultona, así que os la creéis y punto).

Nairo estaría muy orgulloso de nosotros
Seguimos "trepando" con las bicis al hombro hasta llegar a un nuevo precipicio de 200 metros de desnivel. De nombre "Atlantis" y apellido "me voy a despeñar", se esconde uno más de los mil rincones mágicos de la isla. Por un camino tortuoso y con Pablo apuntándome con la “ballesta” por si me echaba atrás, no me quedó más remedio que bajar.

Lanzamiento de "clásicas", nuevo deporte ibicenco
¡Manda cojones! Hoy que pensaba que el plan era ir de playa en playa tomando el sol había traído solo las chanclas para caminar, y por donde nos metimos era más terreno de cabras y botas de montaña que de chanclas. Las pasé putas para llegar a Atlantis, pero llegué. Como siempre, al igual que hizo durante todo el viaje, Pablo vio el agua y se despelotó. ¡Cómo te gusta enseñar! ¿eh? Nos bañamos en aquellas aguas cristalinas tanto tiempo como tardamos en ver medusas... ¡Puñeteros celentéreos! Al menos ya nos habíamos dado el chapuzón correspondiente, si las hubiésemos visto antes no nos habríamos bañado.

Primero te mato y después de mato, Pablo
Desandamos lo andado, pero cuesta arriba. En cada paso y en cada resbalón iba odiando un poco más al que me convenció para bajar. Pasé las de Caín para llegar.
Una vez arriba conocimos a una señora hippie que llevaba media vida viviendo en una cueva con su marido, de aspecto ermitaño y que, casualmente, era asturiana, de San Juan de la Arena ¿Cómo acabaría una señora de un pueblo de pescadores asturiano viviendo en una cueva en Ibiza? Le compramos pulseras y colgantes. Con lo que me costó llegar hasta su casa, no me iba a ir sin un recuerdo ¿verdad?




Bueno, igual sí que mereció la pena bajar. Atlantis, tan salvaje como chulo
A lo tonto habíamos echado el día entero por ahí. Bastante reventados y "secos, secos, secos como la mojama" por falta agua (la próxima vez me descargo una aplicación de fuentes y manantiales), volvimos al hotel. Otros 25 kilómetros pedaleando zombis y con ganas de pillar la cena y la cama.
Pero fue llegar al hotel y salir de nuestra burbuja hippie. Dorsales, cabras, cascos... En definitiva, un ambiente pre-carrera como dios manda, con triatletas nerviosos, de un lado para otro, con medias de compresión y preocupados hasta por el canto de los grillos ¿de verdad soy así cuando voy a las carreras? Bueno, seguramente soy bastante peor, pero verlo desde otra perspectiva llama la atención. Después de un día de aventura y desconexión me costó recordar el motivo original de nuestro viaje a Ibiza: Correr un medio ironman. Aunque en ningún momento durante el día pensamos en la carrera, ya era hora de tenerla un poco en cuenta.

Ready!

Hicimos el "check in" para recoger las bolsas de las transiciones, el gorro, dorsal... ¡puff qué pereza ponerse con toda esta parafernalia! De la que subía con mi Vitus en el ascensor coincidí con Gustavo Rodríguez. Al ver la bici se le iluminaron los ojos "¡Pero si es de la tienda González, de Porriño, en Galicia! ¡La tienda de bicis donde fui siempre!" Me preguntó que de dónde la había sacado y que cómo había llegado esa bici de Galicia a Ibiza... "Hombre, a ver cómo te lo explico... la bici es ahora de un chaval de aquí, que tiene una tienda, la Cicloteca, con un estilo... peculiar jeje". Vamos, que la retro-bici había viajado de Galicia a “hippilandia” para quedarse. Me pidió sacarle unas fotos, y no fue el único. Cuando metimos el material en boxes, cada uno que pasaba junto a mi bici se paraba para comentar y fotografiarla. ¡Manda cojones! para hacerse famoso no hace falta ganar carreras, basta con llamar la atención.

La bici más fotografiada del Triatlón. Me decía la gente "pero no eres el único que va con una bici vieja, al fondo hay otro con una Olmo" jajajaja
Material colocado para la carrera y directos a cenar. Yo en la habitación y Pablo..., Pablo su pizza, la de siempre en el lugar de siempre. Eran las 10 y habíamos revivido un poco de la paliza de todo el día, así que accedí a la propuesta de mi compañero de irnos al centro a tomar unas cervezas (bueno, eso él, que bebe más cerveza que yo agua). Se unió a nosotros Ana Senso que, como no competía y sus el resto de compañeros estaban ya durmiendo, prefirió aprovechar para salir con nosotros. Fuimos a un sitio chulísimo, "La Escalinata", en medio de la Muralla Ibicenca y con vistas a la ciudad. Un bar en el que las sillas se cambian por sofás de esos moldeables y colocados a lo largo de una escalera. Sin duda un sitio para quedarse y dejar pasar el tiempo. A la hora de pagar sucedió la anécdota curiosa del día. Pablo le pidió a la camarera que le cobrase una cerveza de más, las que se había tomado esa noche y la que se iba a tomar al día siguiente en carrera, cuando pasara por delante del bar. La pobre camarera no sabía si la estaba vacilando o iba en serio, y no le dejó pagar esa futura cerveza.

No es de ese día, pero sí del mismo sitio: La Escalinata
Pero el fracaso en el intento de dejar pagada la cerveza quedó olvidado cuando, de vuelta a casa, nos encontramos con un chaval tocando la guitarra en la calle para sacarse unos eurillos. ¡Esta es la tuya Pablín! Dicho y hecho, nuestro triatleta-poeta sacó a relucir su faceta de musical y se puso a cantar con él. Allí estuvieron un buen rato, mano a mano. Lo que afinaba el guitarrista lo desafinaba Pablo con su voz (mañana llueve fijo), pero no estuvo ni tan mal. Al menos Ana y yo nos echamos unas risas e hicimos unos vídeos.

Pufff ¡qué día! Era más de la 1 de la madrugada cuando llegamos a la habitación, con Pablo "piripi" y el despertador amenazando con sonar cuatro horas más tarde, a las 5 am. De esta no salimos vivos. Pero... ¡que nos quiten lo "bailao"!


Lunes 23 de Octubre: Lo más bonito de Ibiza es Formentera
¡Qué fácil es despertarse cuando hay planes chulos por delante! Y es que ni el habernos acostado a las 4 de la mañana ni el haber hecho un Medio Ironman el día anterior nos echó para atrás a Pablo y a mí a la hora de ejecutar el “plan post-carrera”.

Formentera era el destino, la isla vecina, una más de las Pitiusas, de la que dicen que te enamoras al oír su nombre. Mochila al hombro, embarcamos junto a María y su madre rumbo a lo desconocido. Formentera es realmente pequeña, no llega a 20 kilómetros de punta a punta, pero esconde calas y playas donde querer quedarse para siempre.

Alquilamos una moto de 125cc por 25 euritos y nos pusimos en marcha. Mi función de “paquete” en moto iba mejorando. Por lo menos ya sabía dónde poner los pies y dónde agarrarme sin tener que cogerle la chicha a Pablete. Por cierto, Pablo ¿tú qué piensas? ¿que tengo un melón sobre los hombros? Mira que soy de cabeza pequeña, pues el amigo me cogió un casco dos tallas mayor, que bailaba la jota en cada curva.

Apetece, ¿verdad?

Primera parada de nuestro recorrido formentereño: Playa de Illetas. Llegamos casi hasta la punta, cogimos sitio y Pablo se despelotó, como siempre. No sé cómo va a hacer cuando vuelva a Cantabria para quitar la costumbre de ir en bolas a todos lados. Mientras mi compi le robaba rayos al sol yo, cual niño, me fui a nadar y bucear, acercándome hasta los yates fondeados a pocos metros de la playa. Llama la atención la claridad del agua y lo calentita que está para la época del año que es. La gente desde los yates me miraba con aire de superioridad y, mientras, yo chapoteaba feliz y libre en ese entorno que mezcla lujo y naturaleza. Pasamos más de dos horas en aquella playa, con siesta incluida que casi me cuesta una buena quemadura, y de ahí nos fuimos en busca de un sitio para comer.

Collares por el mundo, la historia de los abalorios que tan pronto te hacen un triatlón como te acompañan de cala en cala
Pasamos el pueblo de Es Pujols y antes de llegar a Es Caló giramos a la derecha para comer en el restaurante "Las Banderas", pero estaba cerrado. Nuestra segunda opción fue el chiringuito que lleva mi nombre: “Pelayo”. Un sitio precioso, casi sobre la playa, tranquilo y con buenas vistas.

Aquí no pago, ¿no?

Siempre sobre el mar. Vistas desde "Pelayo"
Prolongamos la comida hasta algo más de las 5 y de allí ya nos fuimos a buscar la casa de Lucas "Pez Mago", amigo de Pablo que nos había invitado a dormir ¡Qué suerte tenéis! Estaréis pensando. Vais a Formentera y dormís gratis invitados. Bueno, pues sí que es suerte, lo que pasa es que el detalle de que la casa del amigo Lucas es un árbol en la duna de la playa de Migjorn, también hay que tenerlo en cuenta.

Atardeceres de película, o más bien de Iphone
A Formentera se viene para estar en el ambiente de la isla, es decir, de perroflautas. Y además, ¿cómo le iba yo a quitar la ilusión a Pablo de dormir en “casa” de su amigo Lucas, cuando llevaba meses con ese tema? Con las indicaciones del GPS y tras perdernos en el bosque, encontramos el lugar exacto donde dormir. Montamos el campamento (esterilla y saco) en un pequeño claro rodeado de fauna y flora dunar. La única duda que teníamos es si habíamos elegido bien el sitio y estábamos alojados en la “habitación” o, por el contrario, habíamos instalado el campamento en el “baño”… Mejor no pensarlo.

Writing...

...reading. Cumplimos la promesa: fuimos "finishers"
Tras asentarnos fuimos a la playa para ver la puesta de sol. Mágica, como todo en estas islas. La tranquilidad y el silencio, únicamente interrumpido por ruido de las olas, me hicieron empatizar en muchos momentos con el espíritu hippie y aventurero de la isla. Allí te olvidas de todo, te das cuenta de lo poco que se necesita para ser feliz y te dejas llevar (un móvil y un sitio donde cargarlo son requisitos que ayudan a encontrar esa felicidad jaja).

Cara de... ya verás que nochecita vamos a pasar
Y con más relax en el cuerpo del que recuerdo en mucho tiempo se nos hizo de noche. Eran las 8 de la tarde ¿qué hacemos ahora? Pues nada, sin linternas y con las baterías de los móviles bajo mínimos solo quedaba la opción de volver al saco y dormir. Nos costó encontrar el campamento ya de noche. De hecho, por el camino “cenamos” unas cuantas telas de araña.
Nos metimos en el saco a eso de las 20:30h, yo me tapé las orejas, ojos y nariz con una cinta del pelo para que no me picasen ahí los mosquitos, y me quedé frito.



Formentera se apaga

En casa de Lucas. No te preocupes amigo, te hemos apagado el gas y cerrado las ventanas al marchar
¡Clinnn! El ojo derecho se abrió, le siguió el izquierdo y un desperezo. Buaaaaaa ¡qué bien había dormido! No me imaginaba haber sido capaz de caer tan profundo. Contento por ello y porque supuse que ya habría pasado gran parte de la noche, miré el reloj ¡PAAAAAAAM! ¡LAS 22:00h! ¡NO ME JODAS! JAJAJAJA. ¡LA MADRE QUE LO PARIÓ! Y yo que pensaba que ya me había quitado de encima la mitad de las horas de dormir y todavía eran las 10. Desde entonces y hasta el amanecer fue una tortura. Entre los mosquitos zumbándome en la oreja y picando en cada centímetro de piel al descubierto (que era poca), lo duro del suelo, la poca movilidad dentro del saco y Pablo… Pablo que se giraba cual croqueta y acabábamos los dos torcidos y fuera de las esterillas… no pegué ojo. Me acordé mucho de la experiencia de dormir al raso que tuve hace 10 años con Rafa y Sergio en la Torre Traviesos (Picos de Europa, a 2300 metros de altitud). No había pasado una noche más jodida que aquella en mi vida, aunque esta, quitándole el frío, que en Formentera no hacía, se parecía bastante.
Durmiendo a cachos aguantamos hasta las 7:30 de la mañana, cuando el sol empezó a salir…

Martes 24 de Octubre: Almas libres de cala en cala por Formentera
Más de 11 horas metidos en el saco, sí, sí, 11 ETERNAS horas. Pablo se quejó poco, porque con todo lo que había insistido para dormir en la “casa” de Lucas, no le quedaba más remedio que apechugar. Pero las debió de pasar putas aquella noche. Por eso a las 7:30 am levantamos en culo de allí cagando leches.

Formentera se enciende
Eso sí, la noche fue dura, pero el despertar lo compensó todo ¡QUÉ PASADA! Igual que despedimos el día anterior en soledad y silencio, dimos la bienvenida al nuevo día en las mismas condiciones. Solos, con el único ruido de las olitas rompiendo tímidamente en la playa y con el sol tomando protagonismo, empezamos la jornada dejándonos llevar por los caminos que recorren a lo largo el arenal de Migjorn. Una auténtica pasada.

The Walking Dead
El desayuno lo hicimos en un pequeño bar a pie de playa, pero en el pueblo de Es Caló. Aprovechamos para cargar los móviles y yo, para lavarme un poco, porque llevaba más de 24 horas con la misma ropa. Pablo para eso es más dejado y, como dice él, “me encanta la sensación de estar sucio y del salitre en el pelo”. Pues hoy creo que vas a tener ración doble de mierda, señorito.

Ya desayunados hicimos una de las visitas obligadas de la isla: el faro de la Mola. Allí se rodaron escenas de la película “Lucía y el sexo”. No tuvimos ni lo uno ni lo otro, ni Lucias, ni sexo, pero sí buenas vistas y fotos. Nos encontramos a María Pujol y a "la caña" de su madre, que tiene más marcha que una veinteañera.

El grupo crece

Copio el título de Pablo: "Ni Lucía, ni sexo"

Los famosos atendiendo a sus fans en las redes
Juntos fuimos a Calo des Morts (Cala de los Muertos) y, en concreto, a una zona un poco apartada de la típica donde van todos los turistas.
Es ver la arena y el mar y Pablo se despelota. Le importa tres pimientos que vayamos con quien sea, el necesita estar libre de ropa, y sin complejos lo hace. En la calita aquella, donde estábamos solos, nadamos y buceamos entre peces, rocas, y con un agua azul transparente del que no apetecía nunca salir. Uno de los mejores baños del viaje y donde más fauna vimos. Era curioso ver cómo los pececillos se te acercaban y te rodeaban si te quedabas quieto, pero luego no había quién fuera capaz de tocarlos (ya sé que tú sí los tocaste, Pablo).

¿Cala de la Muerte? Nombre bien elegido para espantar a los turistas
Pasamos la mañana en esa calita y a la hora de comer nos despedimos de María y su madre. Buscamos una sombra para devorar los bocatas que habíamos comprado el día anterior en el chiringuito “Pelayo” y pusimos rumbo a la última visita del día: Cala Saona.

Caótica Formentera
Otra de las cosas que no podíamos pasar sin que Pablo hiciera era rebozarse en el barro de esta cala. Al parecer un ritual típico, pero que ese día solo Pablete ejecutó. Como tenía poca mierda encima, por un poco más no pasaba nada, así que, en pelotas, se untó de barro y se bañó, ensuciando las transparentes aguas formentereñas. 

Traje de camuflaje. Es como un niño grande
Desde allí nos dirigimos al pequeño chiringuito de esa playa. Vale que no fuéramos en nuestra mejor versión, pero de ahí a que nos trataran como ratas de alcantarilla hay un cacho. Nos miraron amenazantes cuando amagamos con entrar al chiringuito y, una vez dentro, nos mandaron ponernos en una zona de pie, lejos de las mesas y apartados de todo. ¡Qué mal cuerpo se te queda cuando te tratan así! Pero ni esto ni los 80 céntimos que me cobraron por la piedra de hielo del café van a enturbiar lo bonito de Formentera. Quise despedirme con un baño pero un banco de medusas flotando en la orilla cuan barrera de policías antidisturbios me hizo recular y ya nos fuimos a devolver la moto a La Savina, donde está el puerto y los locales de alquiler de la isla.

No es un "Adiós", es un "para siempre"
Las últimas horas en Formentera las pasamos en la zona del puerto. Hasta las 20:00 h que salía el barquito nos dio tiempo a disfrutar del último atardecer de esta pequeña pero preciosa isla. Creo que Pablo se quedó con ganas de pasar unos cuantos días en casa de Lucas. El año que viene vuelves un mes entero.

Último rayo formentereño
Llegamos a Ibiza a las 21:30h, desembarcando en estación marítima. Cansados y sucios, pero muy muy felices, caminamos hasta el hotel y caímos redondos en la cama. El viaje se estaba terminando, pero los recuerdos iban a durar.


Miércoles 25 de Octubre: Ci vediamo presto, Ibiza!
Tengo que despedir el diario de este viaje con un título en italiano porque Ibiza es, sin duda, una extensión ese país. Está lleno de gente de Italia, tanto negocios como turismo. Creo que es más fácil y hay más alternativas para comer una pizza y un helado que en Roma.

Las amigas cumplieron
El miércoles despertamos temprano, para variar, y fuimos a correr. Dos días sin hacer deporte son muchos para dos frikis de ello. Pablo salió antes. Yo lo hice un rato después y para cambiar de ruta, en vez de ir hacia el Este, dirección al centro de Ibiza y a la zona del puerto, fui hacia el Oeste, a la Playa den Bossa. Corrí relajado hasta que me encontré a mi padre, con quien completé la sesión matutina a tirones, subiendo a la Torre de Sa Sal Rosa y vuelta por la arena haciendo cambios de ritmo con él.

Ibiza profunda.
Después del running y de devolver las bicis de carrera en la Cicloteca, dimos el último paseo de estas vacaciones por la Ciudadela, perdiéndonos por las callejuelas Ibicencas y viviendo los últimos coletazos que nos quedaban de la esencia de la isla. Nos quedaron muchas cosas pendientes por hacer que bien merecen una nueva visita el año que viene, ¿no crees, Pablito?

Olores, colores, sus calles, su gente... esto es la esencia de la isla

y estos somos nosotros, camaleónicamente adaptados al ambiente


Dentro de la muralla, arquitectura "perfectamente" aleatoria y desordenada

El miércoles por la noche volábamos de vuelta a Bilbao, pero antes disfrutamos de una paella en el centro de Ibiza con mis padres, José Luis y Matilde. Los seis teníamos el mismo vuelo, así que nos organizamos para quedar y poner, todos juntos, fin a una experiencia de la que me voy a acordar siempre.

de aquí no nos vamos...

Lo mejor de este viaje es… ¡lo que aún nos falta por descubrir!
TORNAREM, IBIZA!!  
FIN!!!