domingo, 15 de mayo de 2016

DUATLÓN DE SANTA MARÍA DEL PÁRAMO 2016: Tirando a ciegas casi hacemos diana

La suspensión del Duatlón de Cabezón de la Sal, previsto para este fin de semana, trastocó ligeramente mis planes de preparación para el Mundial de Avilés, pues iba a ser la última oportunidad para medirme en una carrera con la cabra y sin drafting. Pero, para saciar el hambre de competir, me busqué alternativa en la comunidad vecina de Castilla y León.



Nunca había competido en un duatlón de esta provincia, aunque sí había leído y escuchado muy buenas críticas al respecto las organizaciones. Por lo que la mañana del sábado puse rumbo a Santa María del Páramo para competir en el duatlón de dicha localidad, muy próxima a León capital y sobre distancia sprint y con drafting.

Malacostumbrado, este año, a escaparme en el primer sector de carrera a pie de los duatlones de Cantabria, el de Santa María iba a ser distinto. Para ser un duatlón de pueblo presentaba un cartel con muchos nombres TOP a nivel nacional: Iván Cánovas, Pedro J. Ramos, Daniel Lazo, Rubén Ceballos, Jorge López, Rubén Barrio… todos ellos con un ritmo de carrera a pie demoledor y que me iba a venir muy bien para medirme de verdad con gente de nivel.



Los circuitos no tenían mucha historia, completamente llanos y, salvo unos 300 metros por un camino de tierra y piedras en la carrera a pie, el resto hacía prever una carrera muy rápida. A las 18:00h nos llamaron para formar en línea de salida los más de 100 duatletas inscritos en la prueba. El tiempo amenazaba lluvia pero por el momento no había caído ninguna gota. Mientras el organizador estaba explicando los circuitos me apoyé para estirar en uno de los banquillos de la pista de atletismo donde estaba situada la salida y la meta, con la increíble casualidad de que pegado al banquillo había un cartel donde anunciaban que el dorsal 63 había sido premiado en la rifa de embutido que hicieron previa a la carrera… ¿y sabéis quién llevaba el dorsal 63? ¡BINGO! El “menda lerenda” tenía ese número. Me había tocado la rifa, y enterarme segundos antes de salir me ayudó a rebajar la tensión y empezar la prueba más motivado.



Sin tiempo a celebrar ni a avisar a mis padres de este hecho, sonó el pistoletazo de salida que daba paso a una carrera a pie de 5500 metros por el páramo leonés. Salí de la pista de atletismo bien colocado, a la expectativa de ver quien movía ficha e ir yo detrás. Poco tardaron en ponerse boca arriba las cartas. Pedro J. Ramos nos puso en fila a los pocos metros, imponiendo un ritmo monstruoso por debajo de 3’/km y que, aunque al principio aguantaban un gran número de duatletas, pronto pondría a cada uno en su sitio. Al medio kilómetro de salir Iván Cánovas, que había empezado algo retrasado y con la cabeza, avanzó hasta empezar a comandar la carrera. El guión era el previsto, Cánovas, el más fuerte a pie, tirando, seguido de Pedro J., Barrio y, en cuarto lugar y enganchado a ese trío cabecero, pero con pinzas, iba yo.



Por detrás Rubén Ceballos empezaba a ceder y me vi relegado a la última posición de ese primer grupo que, en ese momento era un cuarteto. El ritmo impuesto por Cánovas y Pedro era cada vez más exigente y mis piernas dijeron basta antes de terminar la primera vuelta. A sabiendas de la importancia que tendría llegar a boxes en ese grupito cabecero, sufrí como un perro haciendo la goma, pero cuando te llevan al límite y te sacan de punto da igual que te revuelvas. Ese no era mi ritmo y estaba a punto de pagarlo. El coste del sobresfuerzo se vio reflejado en la segunda vuelta en la que, metro a metro, fui diciendo adiós a las opciones de colarme en el trío cabecero. Trío que pronto se quedaría reducido a dos unidades cuando Barrio, al igual que me había pasado a mí, empezó a ceder. En este caso cedió más de la cuenta e incluso le llegué a alcanzar y superar yo. Corría en solitario en tercera posición, pensando ya en la bici y en que las opciones de pódium pasaban por dosificar fuerzas, pues los dos de cabeza, con más de 15 segundos de ventaja y probablemente su buen entendimiento en bici y previsible gran sector a pie final, iban a vender muy caras las dos primeras plazas del pódium.



Bajé el pistón en el último kilómetro, llegando a boxes tercero y en solitario. Tras un cambio de material bastante mediocre salí con la bici casi a la par de Barrio, quien me había recortado en boxes la diferencia. Empezamos juntos la bici, pero a los pocos metros vimos que si esperábamos a Rubén y a  Jorge, tendríamos más opciones de recortarle tiempo al dúo cabecero. Tardaron poco en unirse a la grupeta estos dos duatletas y cuando lo hicieron, la ventaja de Pedro e Iván era de unos 30 segundos. Comenzó entonces una persecución a relevos un poco desorganizada, pero con bastante buenas intenciones por parte de los cuatro. El interés de ir juntos era común y, cada uno dentro de sus posibilidades, tratamos de contribuir con relevos cortos. Jorge y Rubén fueron los más generosos en esta faceta, yo pasaba prácticamente siempre pero cuando me veía con el viento en contra la velocidad del grupo caía en picado y pronto se ponían a tirar de nuevo Rubén y Jorge. Y así fueron pasando las vueltas, limando segundo a segundo la ventaja con los dos de delante, aunque no lo suficientemente rápido como para enlazar con ellos antes de la transición.



Pero como en todas las carreras hay sorpresas y nunca debes dar nada por perdido hasta que no cruces la línea de meta (lección aprendida el pasado fin de semana en Torrelavega), al comenzar la cuarta y última vuelta de bici vemos a Ivan Cánovas descolgado y en solitario. No nos hizo falta hablar mucho a ninguno de los cuatro para fijar el objetivo: pasarle lo más rápido posible sin darle opción a que nos cogiera la rueda. Tenía pinta de ir bastante tostado y cuando pasamos a su lado y le superamos, no hizo ademán siquiera de intentar seguirnos. Buena señal, un rival peligrosísimo a pie que se iba a quedar fuera de las opciones de pódium si éramos capaces de abrir hueco con él durante los kilómetros finales de bici. Y así hicimos, tiramos en la segunda parte de la última vuelta para conseguir ese colchón que nos permitiese jugarnos entre los cuatro las dos plazas de pódium que estaban en juego.



Los boxes estaban cerca y yo empezaba a frotarme las manos, pero con prudencia, pues debía hacer una transición impoluta si quería luchar con Rubén o Jorge, quienes iban con rastrales y estaba previsto que hicieran el cambio en la transición unos 10 segundos más rápido que yo, que tenía que calzarme las zapatillas de correr.



Nos bajamos de la bici los cuatro juntos y en una transición de infarto consigo salir a correr el último, pero pegado a Jorge y a Barrio, de tal forma que a los 50 metros y me coloqué tercero. Rubén aprovechó mejor que Jorge la ventaja de los rastrales y nos precedía 10 segundos por delante. Como suele ser habitual, en 2,5 km la gente sale con todo, y yo también. Las piernas no las sentía pero sabía que si mi cabeza quería ellas iban a correr, así que ¡a darle caña!



Faltaban 2 kilómetros y por fin despegué a mis perseguidores, quedándome solo en tercer lugar y sin ver ningún progreso hacia la segunda plaza que Rubén defendía con un ritmo endiablado. Yo era consciente de que este corredor tenía uno de los mejores segundos sectores de carrera a pie de todos y me lo iba a poner casi imposible, pero no había ido hasta allí para dejar de luchar antes de cruzar la meta. Apreté el culo y, ante mi sorpresa, a falta de 1 kilómetro los metros que me separaban de Rubén empezaron a reducirse, abriendo en mí un halo de esperanza. Tan solo 500 metros a meta y consigo pegarme a su espalda. Me paro unos segundos, respiro… Lo más difícil estaba hecho y ahora, con el factor psicológico ganado por haber llegado recortando desde atrás, solo quedaba rematar la faena. Con un cambio de 400 metros agónico pude zafarme del gran duatleta del Eresma y entrar en el estadio al que había que dar más de media vuelta. Fue la primera vez en todo el sector a pie que me fijé en Pedro, líder indiscutible de la carrera y merecedor de la victoria, que rodaba apenas 70 metros por delante. Apreté a muerte para defender el segundo puesto, el primero ya era imposible y seguramente inmerecido. Recta de meta, últimos metros y ¡final!



Exhausto pero más feliz imposible. Con el cartel que presentaba la carrera y por cómo se planteó el transcurso de la misma, verme segundo en meta era más de lo que podría imaginar. Pedro ganó sobrado y Rubén se hizo con el tercer puesto. El top cinco lo completaron Jorge y Barrio.
Gran toque da calidad antes de Avilés, el último en competición y que me hace afrontar las tres semanas que quedan con muy buenas sensaciones.




Tras la carrera y la entrega de premios, la organización preparó un pinchoteo para corredores y acompañantes con sándwiches, empanada, bebida, patatas, embutido, nocilla… vamos, que salí de allí cenado. Da gusto ir a correr este tipo de carreras, primero, porque no te conoce nadie y pasas completamente desapercibido antes de la misma, papel en el que me encuentro mucho más cómodo que cuando hay que correr en Cantabria o Asturias y te conoce todo el mundo, y segundo, por el trato al corredor, con sorteos, pinchos, pases para un balneario, premios en metálico… En definitiva, experiencia que merece la pena repetir y que incluso deja en anécdota un segundo puesto.

Y con esto y un bizcocho… ¡a comernos las tres semanas que faltan!
¡Fuerza y kilómetros para todos!


PD: Muchas gracias a Dani Becerra por los ánimos y por las fotos. Fue una sorpresa verte por allí animando. GRACIAS

jueves, 12 de mayo de 2016

DUATLÓN DE TORRELAVEGA 2016... o cómo reinventar una nueva posición sobre la bici

Cuando a los 400 metros de subirme a la bici para empezar el sector más determinante del Duatlón de Torrelavega, un bache hace que mi culo aterrice violentamente contra el sillín y lo deja mirando al suelo, a punto estuve de dar por terminada la carrera y retirarme. En ese momento iba primero y solo recordar que por la cabeza se me pasó la retirada me produce, ahora en frío, un remordimiento importante. Soy de los que pienso que, salvo motivo de salud o avería mecánica irreparable, retirarse en las carreras representa una falta de respeto hacia el resto de compañeros y rivales. La excusa del sillín no podía dejarme fuera de la lucha y estoy contento de haber tomado la decisión de seguir adelante. ¡Empecemos!



Tan solo una semana después de la disputa del Regional de Duatlón en Polanco y con la resaca de las buenas sensaciones experimentadas el pasado sábado, cubrí una semana de entrenamiento bastante intensa y voluminosa, que vería su momento culmen el Domingo, con una nueva carrera: El Duatlón de Torrelavega. La última prueba puntuable del Circuito Cántabro de Duatlón y la última oportunidad de medirme en un circuito de bici sin drafting antes del mundial de Avilés. Pero esta vez, al contrario que Polanco, opté por no llevar la cabra, pues el recorrido de bici era ratonero, con fuertes subidas, bajadas y zonas peligrosas, por lo que usar una bici más ágil, como la de carretera, iba a ser la mejor opción.

Una pequeña representación del Bender con Miguel, Menalie, Cris, Adri y yo en categoría de mayores y Claudia en la de menores, nos dimos cita en el polígono de Viérnoles, nuevo escenario para un duatlón tradicionalmente peligroso. Sin duda, fue un acierto el cambio de circuitos, por lo menos el riesgo lo iba a asumir cada uno y no quedaría a expensas de los coches, como sucediera en ediciones pasadas.



Junto a la representación Benderiana, un centenar de duatletas formaron prestos a dar carpetazo a la primera parte de la temporada. Éramos pocos pero había mucho nivel. Monagas marcaba el listón y después un grupo de “míticos” entre los que me incluyo, e incluyo a Felipe Santamaría, Fernando Barroso, Israel Lastra, Pablo Herrero, Ánder Sáez, Nieto, Dani Becerra... También gente de fuera como Mikel Otegui y alguna sorpresa de esta temporada como Alejandro Barbero. Sin duda el Top 10 este año está más caro que nunca y son detalles los que te hacen “bailar” 10 puestos en la clasificación. Por mi parte, el objetivo era seguir igual de regular que hasta ahora e intentar optar a todo, con permiso de Don Emilio, alias, “el conquistador riojano/mallorquín”.

Ya en el calentamiento las piernas no denotaban la frescura de la semana pasada. Quizás el clima “pesado” de sur tenía algo que ver, pero como era igual para todos no quise darle mayor importancia.
Con bastante puntualidad fuimos llamados a línea de salida el centenar de valientes preparados para desafiar las duras rampas que nos esperaban en el segmento ciclista. En mi caso, la estrategia la tenía clara: abrir hueco en la primera carrera a pie y defenderme como gato panza arriba en la bici para bajarme a correr el último sector con alguna opción.



Pitido de salida y arrancamos fuerte. A los 100 metros me pongo al frente del grupo y poco después me escapo solo ¿tan pronto?, pensé. Pero la duda no era una alternativa así que me la jugué e intenté meter a mis perseguidores el mayor tiempo posible. Al paso por la primera de las tres vueltas cogí referencias y aproximadamente eran 10 segundos de ventaja los que llevaba con mi compañero Adrián (segundo) y unos 15 segundos con el grupo de favoritos (Barroso, Monagas, Nieto…). El viento lateral que azotaba entre las naves del polígono hacía difícil mantener la compostura corriendo e incomodaba ligeramente. Completamos la segunda vuelta y el hueco se duplica ¡BIEN, Pelayo, BIEN!



El margen conseguido de aproximadamente 30 segundos me permitió relajarme un poquito antes de llegar a boxes. Esta vez consigo hacer una transición decente y salgo con la bici en el momento que entran Barroso y Monagas en el box a por las suyas. Por delante cuatro vueltas a un circuito de algo más de 5km con una subida corta pero intensa y varias zonas bacheadas.

La primera de ellas, nada más salir, casi me cuesta el abandono. Cuando me pude acoplar en la bici y empezar a pedalear con fuerza, un bache me hizo pegar un bote y aterrizar en la punta del sillín, con la mala suerte de doblarlo completamente hacia abajo. No tardé en percatarme del imprevisto y durante ese primer llano las vi y me las desee para poder dar pedales… ¡Qué agonía, y todavía quedan 23 kilómetros! Fue entonces cuando ese pensamiento con el que abrí la crónica pasó por mi cabeza: ”… me retiro…”.  Pero tan pronto como apareció, se fue, pues retirarte cuando vas primero en una carrera y el incidente no tiene por qué impedir que la completes, me parece una falta de respeto hacia mis rivales. Por lo que apreté un huevo contra otro y tiré hacia adelante, consciente de la imposibilidad de dar pedales con fuerza en el llano.



La alegría del liderato me duró 3 kilómetros, tiempo suficiente para que Emilio Monagas me devolviera a la realidad de lo que soy… un mediocre duatleta ¡qué diferencia de nivel entre nosotros! Y no pongo por excusa el sillín porque dicha diferencia estaba al 95% en las piernas. Y como los incidentes vienen a pares, cuando estaba en el polígono a punto de dar el giro de 180 grados, me paso de glorieta, guiado por el voluntario que se había colocado unos 100 metros más allá de donde había que girar, obligándome a frenar en seco, pararme y dar la vuelta, perdiendo pocos segundos pero sí bastante concentración. Fallo mío por no conocer el circuito, así que nada que decir al respecto, asumo la culpa.

Seguí bregando como pude durante la primera vuelta, viendo a Monagas desaparecer en el horizonte y sintiendo como Barroso me soplaba en la nuca. Pero no fue él, sino Lastra, el siguiente en hacerme perder un puesto. Al empezar la subida de la segunda vuelta el duende verde de Solares (perdona la licencia de llamarte así jejeje) se dio un buen homenaje conmigo, quitándome las pegatinas y, al igual que Monagas, perdiéndose rápidamente en el horizonte.



¿Quién será el siguiente? La agonía sobre las dos ruedas iba “in crescendo”, y el desgaste de no poder apoyar bien el culo lo acababa pagando en las subidas, donde llegaba con las piernas ardiendo. La tercera vuelta fue para Barroso, que me superó en el llano antes de ascender al Alto de la Pedrosa. Pero al ir con cabra le pude devolver la jugada en las duras rampas. Mero espejismo, porque cuando empezamos a bajar puso tierra de por medio con facilidad… Ya era cuarto, y el quinto, Barbero, acechaba. Tanto que al empezar la cuarta vuelta ya lo tenía encima.

Sufriendo para mantenerme sobre la bici y con las “patas” tostadas conseguí terminar la última vuelta y llegar a boxes en quinto lugar, a casi 1 minuto del tercero (Barbero) y sin ninguna opción de pódium, pues los 1,8 km finales previstos no daban para recortar tal diferencia.

Salí a correr sin mucho ánimo, pero concentrado, porque por detrás, bastante cerca, se habían bajado varios duatletas que podían comprometer mi quinto puesto. Al menos he hecho un entreno de calidad, iba pensado. De vez en cuando levantaba la cabeza y veía a lo lejos la lucha por el pódium entre Lastra, Barroso y Barbero, muy apretada y emocionante, con el 2º y 3º puesto en juego.
En principio, este último sector era a dos vueltas más cortas que las de la primera carrera a pie, pero cuando veo que seguimos corriendo y que mis predecesores hacen el giro al final del polígono, justo donde habíamos girado en la primera carrera a pie, me emociono ¿nos van a hacer dar dos vueltas largas? En ese caso, sí tendría alguna opción de llegar a contactar con Lastra o Barbero. Pero mi gozo se fue al pozo tan pronto como el hijo de Fede, que estaba en el punto de giro, me dice que solo se daría una vuelta y que ya había que ir a meta.

Como un jarro de agua fría encaje dicha información. Ahora sí que era imposible. Seguía viendo al tercero (Lastra) demasiado lejos, así que volví a desconectar y con ganas de hacer borrón y cuenta nueva de este duatlón. Pero al juego de “conexión y desconexión” aun le faltaba un último turno… y es que a pocos metros de meta me cruzo con Monagas que volvía…

¿Estará soltando? Fue lo primero que pensé, pero descarté esa opción porque, primero, él suele esperar en meta al segundo y tercero para felicitarlos y, segundo, porque iba demasiado rápido. Eso significaba que tendríamos que dar una nueva vuelta.

Inmerso en una rabia interna incontenible, por haber tirado a la basura más de 800 metros de carrera, apreté como en mi vida hice y por poco reviento el pulsómetro. Empecé esa última vuelta a ritmo de serie de 400, probablemente estallaría, pero me daba igual, corría más por rabia que por fuerza. La ceguera era tal que ni me enteré del momento en que adelanté a Barbero. Llegué cuarto al giro, tan solo 800 metros a meta y cuando por fin salgo de mi ensimismamiento y veo que tengo a tiro a Lastra, vuelvo a cegarme en el esfuerzo y berrar como un corzo. No recuerdo un duatlón con un final tan agónico, quería llegar a toda costa a la espalda de Lastra, y lo conseguí… pero a consta de vaciarme casi por completo, de tal forma que tuve que quedarme detrás durante unos segundos si quería tener la opción de disputarle el puesto.



Isra se defendía con uñas y dientes, pero estábamos en mi terreno y no podía fallar. Le devolví la jugada que me había hecho en bici y morí en los últimos 200 metros para rascar un pódium que daba por perdido desde el inicio del ciclismo. Barroso, segundo, tuvo también que apurar al final para defender su segunda plaza, muy currada y merecida ¡Enhorabuena!



Me voy de Torrelavega con un sabor agridulce, por un lado feliz y contento por ese tercer puesto "in-extremis", pero no tanto por los pensamientos negativos durante la carrera. A punto estuve de tirar la toalla y, aunque no lo hice, solo el pensarlo me causa remordimiento. Pero como de todas las experiencias se puede aprender algo, de esta saco en claro que hay que luchar las carreras hasta el final, nunca sabes lo que puede pasar en el instante siguiente y hay que estar al acecho siempre.

Y con el cuerpo cansado pero con ilusión afronto las cuatro últimas semanas de puesta a punto para el Mundial de Avilés y el Medio Ironman de Valencia. Por el camino haré parada en Santa María del Páramo, para medirme, este próximo Sábado, en un duatlón sprint a los mejores duatletas de Castilla y León, con un nivel de carrera a pie muy superior al que hay en Cantabria, y que me va a ayudar a exprimirme al máximo.

Hasta entonces, ¡a machacar!


lunes, 2 de mayo de 2016

DUATLÓN DE POLANCO 2016: Bronce en un circuito no apto para galgos

El otro día les hablaba a los alumnos de la ESO y Bachillerato sobre la importancia de mantener viva la costumbre de redactar. Yo me di cuenta de ello cuando, hace ya más de dos años, "arranqué" con este blog que utilizo para contar batallitas deportivas pero que tiene ese segundo rol que os digo, obligarme a estar activo en lo que a escribir se refiere. ¡Y vaya si lo he notado! Desde que acostumbro a escribir las crónicas de carreras, redacto con mucha más facilidad otro tipo de documentos e informes (laborales, por ejemplo) que tan mal se nos suelen dar a los ingenieros. Pero hoy no vengo a daros la "chapa" con consejos de vida, hoy vengo a contar lo acontecido ayer en el Campeonato Regional de Duatlón de Polanco.


Pasaron cuatro semanas  desde el Nacional de Cerdanyola, en las que me he cargado de entrenos y kilómetros en los tres deportes: natación, carrera a pie y, sobre todo, bici. La primera semana después del Cto de España fue de descarga y terminó con un viaje de fin de semana a Roma, ideal para "resetear "cuerpo y mente y volver con las pilas cargadas a por tres semanas de trabajo y entrenos que han culminado con una buena carrera ayer en Polanco. Con 11, 13, 16 y 12 horas semanales, respectivamente, de entrenamiento, cerré la fase de carga quizás más dura de la temporada. Sorprendentemente, el cuerpo respondió bien casi todos los días y, pese la falta de descanso, saqué adelante todas las sesiones propuestas por el maestro Juan Carlos Llamas.



El Campeonato Regional de Duatlón de Polanco fue siempre una carrera que se me dio bastante mal. Con un circuito a pie durísimo en el que ser un buen atleta no ayuda a marcar grandes diferencias, y un segmento ciclista de casi 30 km sin drafting no apto para galgos corredores, que me había hecho ver hasta ahora la clasificación desde fuera del Top 10, llegaba a la cita con más ilusión y ganas que nunca y, sobre todo, queriendo terminar con buenas sensaciones. Quedan 5 semanas para el Mundial de Avilés y 6 para el Medio Ironman de Valencia, que son las fechas en las que tengo que llegar a tope, luego, lo de ayer, saliese lo que saliese, debía ser un premio.



Descansé el Jueves por primera vez en un mes, y activé el viernes con un "tápering" de 11 km de carrera a pie y 20 km de rodillo,  para despertarme la mañana de la carrera con las mejores sensaciones que recuerdo en semanas. Llegué a Polanco acompañado de mi madre y pronto me junté con la numerosa participación "Benderiana": Pablo, Lucía, Adrián, Oscar, Agüeros, Pedro, Miguel y yo formamos el combinadoo rojo. Esta carrera suponía para muchos de ellos el debut esta temporada. Calentando con Pablo y Adri ratifiqué mis buenas sensaciones, y ya puestos en línea de salida no quedaba otra que ponerlas en conocimiento de todos.



Con una puntualidad asombrosa arrancamos cuesta abajo los 6,2 km del primer segmento a dos vueltas, cada una de ellas con la mitad del recorrido bajando y la otra mitad subiendo la mítica rampa Polanquesa. Tardé poco en asumir el papel que realmente quería jugar, y tras seguir la estela del cohete lanzado por Toñín Suarez en los primeros 200 metros, me puse en cabeza  a tirar. Tanto que, antes de acabar la bajada ya me había escapado del grupo de favoritos junto a mi compañero Adrián. Buena señal, las buenas sensaciones no eran un farol. Además, en ese segundo grupo viajaban todos los gallos que luego, en bici, tendrían la oportunidad de mostrar sus cartas: Emilio Monagas, Manuel Pando, Mendiguchía, Lastra, Toñín, Nieto, Sergio Santiago, Miguel Ruíz... en definitiva, lo mejor de lo mejor actualmente en Cantabria.



La cosa se puso interesante desde ese primer kilómetro en el que los dos Bender decidimos romper la carrera. Posando en paralelo para el recuerdo cada vez que nos cruzábamos con algún fotógrafo, afrontamos por primera vez la dura rampa que marca el final de la primera vuelta. Allí, en lo alto, ves a todo el público agolpado esperando el paso de los duatletas e inconscientemente, uno se olvida de la dureza del recorrido cuando pasa por ese tramo. Sin embargo, llegar de nuevo a la zona llana y despoblada te devuelve de golpe a la realidad, y es cuando se nota ese sobreesfuerzo. En este caso, Adri pagó la primera vuelta algo camicace que hicimos y al empezar la segunda comenzó a ceder unos metros. Dudé si esperarlo o no, pero no había tiempo para especular. Las sensaciones eran muy buenas y debía aprovecharlas, luego, emprendí al aventura en solitario, con la duda de si lo pagaría a final de carrera y de si realmente el hueco que estaba abriendo con los temidos ciclistas sería suficiente. Apretando pero sin pasarme fui cubriendo esta segunda vuelta y conseguí llegar a boxes con unos 30 segundos de ventaja respecto a Adrián y un minuto con el grueso del pelotón.




Cambio de sector un tanto accidentado y en el que me cuesta más de la cuenta abrocharme el casco, y rumbo a pedalear en solitario. Nunca antes había cogido la bici como líder destacado de una carrera y, la verdad, es una sensación rara. Con una nueva flecha entre las piernas conseguida a través de la empresa "EsvaBikes", comencé enchufado los 28 kilómetros de ciclismo. Quizás demasiado enchufado... porque en la primera tachuela a punto estuve de salir volando por los aires... ¡menudo susto!



Con el pulso a mil por el esfuerzo y ese pequeño imprevisto, llegué a la temida subida a Pedroa. Una rampa con desniveles del 14% que me obligan a retorcerme sobre la cabra como una lagartija. Resoplo y gimo de sufrimiento en la cuesta, pero consigo coronar todavía primero. Está claro que el desarrollo que llevo (39x23) no es el óptimo para subir pendientes del 14%, pero el obstáculo estaba superado. Empieza entonces una lucha por acoplarme a la agresiva posición que esta temporada me han puesto los amigos de "El Cantón de Otero", tras pasarme por allí para hacer un estudio biomecánico. Me noto bien, cómodo, pero falto de fuerza en las piernas. Me falta "punch" para llegar a mi mejor nivel en bici, pero está claro que eso se coge con los entrenos y aún estoy a medio camino, por lo que no me agobio por ello. Y mientras pienso que voy moviendo watios como Cancellara, llega Monagas por detrás para quitarme  las pegatinas y sacarme de mi mundo de piruleta... ¡qué animal! No hago ademán de seguirlo, ni tan siguiera con la mirada, pues es tal la diferencia que pronto se pierde en el horizonte. Empiezo a tener mis dudas de si realmente soy yo el que voy mal o es él el que va demasiado bien, pero las dudas se van disipando a mi favor a medida que voy comiéndole kilómetros al circuito y no me adelanta nadie más.



Llego segundo al ecuador del segmento y cada vez con mejores sensaciones. Tras pasar el bonito tramo de Oruña-Vioño a 40km/h de media, afronto la recta de Zurita y empieza la tortura de ver como la carretera va picando cada vez más hacia arriba. Da la sensación de que vamos a hacer un "looping". Llegando ya al final de la recta de Zurita y antes de pasar por túnel bajo la autovía, es Manuel Pando el que me quita las pegatinas. Me pasa con una facilidad asombrosa, aunque no tanto como Monagas, y consigo mantener la referencia visual en todo el tramo de subida y llano hasta Torrelavega. Faltan 7 kilómetros y ya estoy en dentro del margen de seguridad para, me pase quien me pase, ser capaz de recuperarle la ventaja en el segmento final a pie.



El siguiente en adelantarme es Toñín Suárez, seguido de cerca por Lastra. "¡Vamos a sufrir Pelayín!" Ahora sí, cojo la referencia de Lastra y me mantengo a unos 50 metros, sin dejar que se vaya. ¡Qué diferencia hay entre ir solo o llevar una liebre que te marque el ritmo! Aunque soy consciente de que me está llevando más fuerte de lo que yo iba, no tengo la sensación de ir sufriendo tanto como cuando lideraba en solitario la carrera. Y así vamos llegando a Polanco, no sin antes percatarme de la presencia, a mis espaldas, de un sorprendente Miguel Ruíz que, este año, con la preparación que ha seguido para el Ironman de Sudáfrica, llegó a Polanco en un estado de forma excelente sobre la bici. Me adelantan él y Mendiguchía antes de llegar a la T2, pero hago la goma con ellos y les vuelvo a pasar. Jugando al gato y al ratón esos últimos metros llegamos casi juntos a la transición, aunque yo detrás, en séptimo lugar provisional.



De nuevo un malísimo cambio en boxes me hace perder unos valioso segundos y, cuando salgo a correr, soy sexto, con Toñín y Lastra luchando, 200 metros por delante, por el tercer cajón del pódium. Entre medias Miguel, que se lanza cuesta abajo a por ellos y contacta con el dúo predecesor justo a la vez que lo hago yo viniendo desde atrás. Nos juntamos los cuatro en el kilómetro 1. Aún queda dos kilómetros, de los cuales 1,5 son de subida. No me gusta especular en este segmento y las buenas sensaciones a pie del primer sector también aparecen, pese a esfuerzo en bici, en este segundo. Me coloco tercero y solo Miguel consigue mantenerme a raya. Voy guardando balas por si acaso me hacen falta al final, así que "ritmo ritmo ritmo" y a sufrir en la cuesta. Por delante hay un mundo respecto al segundo, que era Manuel Pando, y veinte mundos respecto al líder, Monagas, que ya debía de estar tomándose un helado en meta.



Afronto la subida con la ilusión de verme de nuevo en un pódium y con la satisfacción de saber que hoy sí, me iba a quitar la espinita de Polanco. Y cuando ya me las prometía felices dentro de mi agonía sobre la cuesta, atisbo, al fondo, al figura azul de Manuel Pando, que mira para atrás. ¡A por él! Sé que recortar unos 30 segundos en medio kilómetro es inviable, pero no me quiero quedar con la duda de no haberlo intentado, por lo que me lanzo cuesta arriba, corono el repecho y, efectivamente, ya sí me percato de la imposibilidad de alcanzar la medalla de plata. Disfruto del bronce los últimos metros y entro en meta satisfecho por el trabajo hecho, por las sensaciones y por el puesto.



No puedo pedir más. Llevo un mes cargadito de entrenamientos y que seguro que dan sus frutos en Junio, pero ahora con lo que tengo no está nada mal. Es mi primer pódium en un Campeonato Regional de Duatlón y, curiosamente, mi primer pódium en un duatlón sin drafting en Cantabria, donde, el potencial ciclista, suele primar sobre la carrera a pie. Por tanto, más contento aún si cabe.
Además, por equipos nos colamos en una meritoria séptima plaza y conseguimos el Cetro Regional femenino de manos de Lucía ¡Qué sería de nosotros sin ella! ¡Qué crack!





Y para celebrarlo, nos fuimos de cena de equipo al restaurante "La Tasca", donde comimos pizza hasta reventar y pasamos, sin duda, el mejor rato del fin de semana. ¡Muchas gracias equipo!
Y ahora, con las pilar cargadas de nuevo, vamos a por los dos últimos fines de semana de competición antes de Avilés y Valencia. Después, dos semanas de asimilación y a demostrar sobre el asfalto todo el trabajo de un año duro, pero precioso.




Como siempre, infinitas gracias a los fotógrafos allí presentes: Ana, Noe, Solución Oral... en definitiva, cada instantánea lleva detrás el sello de una gran persona. ¡MIL GRACIAS!


¡A seguir sumando!

domingo, 1 de mayo de 2016

Charla "Ingeniería y Deporte" en el Colegio Meres

Seguimos con semanas de inactividad competitiva y desempeñando una faceta a la que no estaba acostumbrado. Hay veces que dejas pasar los días, los meses, los años… dejas pasar las experiencias y los aprendizajes y no los compartes con el resto de la gente hasta que te das cuenta de que de esa experiencia vital, aunque sea modesta, se pueden aprovechar otras personas.

Y qué mejor forma de compartirlas que volviendo al lugar que me formó, al lugar donde durante 15 años me educaron, no solo académicamente sino en muchos otros aspectos que tiempo después salen a relucir.

El viernes pasado volví al Colegio Meres, invitado por Lalo y Roger, para compartir una charla sobre “Ingeniería y Deporte” con alumnos de la ESO y Bachiller. Aún recuerdo cuando era yo el que estaba allí sentado escuchando a mis profesores. Esta vez, las tornas se dieron la vuelta y eran ellos, junto a los alumnos, quienes me escuchaban a mí contarles cómo había sido mi vida después de terminar con 18 años en el Colegio y cómo el deporte me había ayudado a mantenerme activo y motivado en el aspecto académico y laboral.



Intenté que fueran charlas amenas, contando anécdotas, introduciendo referencias a competiciones y, de vez en cuando, lanzando mensajes directos a esos alumnos que, en unos años, estarán repartidos por toda la geografía española y mundial estudiando ingenierías, medicina, magisterio o cualquier especialidad que les guste.

Sin perseguir otro objetivo que hacerles reflexionar, me encontré con un ambiente muy agradable y respetuoso. Es difícil lidiar con un público tan joven y mantener su atención, por eso me sorprendió el interés que los alumnos mostraron en todo momento por las explicaciones.

Esta vez quise profundizar algo más en el campo laboral en el que me muevo, contándoles cómo un centro de investigación (IH Cantabria) surgido de un departamento de la Escuela de Caminos de Santander, se había convertido en un centro multidisciplinar con cabida para todo tipo de perfiles profesionales. Tenemos uno de los mejores Institutos de Ingeniería Oceanográfica del mundo al lado de casa (Santander) y la gente no lo sabe, por eso creo que está bien informar y contar a pie de calle a qué nos dedicamos. Cómo se construyen los puertos, cómo “funcionan” las playas, cuán importantes son las estrategias contra el cambio climático en la costa o cómo podemos reproducir a escala prototipos de obras marítimas o sistemas flotantes para ensayar en el Gran Tanque son algunos de los temas que toqué durante la exposición. 

También aproveché para hablar de mi Tesis doctoral, enfocada a la propuesta de soluciones naturales para la defensa de la costa frente a la erosión y la inundación.




Y para cerrar la tarde de Viernes, terminé recorriendo los pasillos que me vieron crecer y saludando a todos los profesores que me habían dado clase y a quienes agradezco enormemente haberme guiado hasta lo que soy hoy en día.




Muchas gracias a todos y espero volver pronto 

domingo, 17 de abril de 2016

Visita al Colegio Virgen de Valvanuz de Selaya

El pasado Viernes tuve la suerte de compartir una charla con los alumnos de 5º y 6º del colegio Santísima Virgen de Valvanuz de Selaya. Aunque, en principio, el objetivo de la charla iba orientado a hablar del deporte que yo practico y que, a día de hoy, me está dando bastantes alegrías, preferí enfocarla desde un punto de vista más didáctico.

Por ello insistí en la importancia que tiene el deporte y los buenos hábitos en el día a día, en el impacto que supuso en mi caso, comenzar a practicarlo desde niño y en la relación tan directa que este puede tener con el rendimiento académico.

Durante dos horas tuvimos la oportunidad de discutir y aportar ideas, entre todos, sobre las ventajas de realizar actividad física, la alimentación, el descanso y, sobre todo, la necesidad de hacer aquello que nos haga felices. También les enseñé a lo que me dedico profesionalmente, contándoles un poco las labores que realizamos en el Instituto de Hidráulica Ambiental de la Universidad de Cantabria. Aunque esta parte contrastaba con el ámbito deportivo, mostraron un interés enorme y gran curiosidad por saber cómo diseñamos puertos, playas o el por qué de la necesidad de adaptar la costa al cambio climático. Incluso se atrevieron a hacer propuestas de adaptación que bien podrían estar al nivel de cualquier informe que podamos redactar.

Fueron dos horas muy amenas, donde el peso de la charla lo llevaron los propios alumnos motivados por preguntas que yo les iba proponiendo y en la que he aprendido tanto o más que ellos.
Muchas gracias al equipo de profesores por el trato recibido, y enhorabuena también por la cantidad de iniciativas que tienen, invitando a gente al colegio y programando actividades que, al final, seguro son más enriquecedoras y motivantes que pasar un año entero en el aula con las asignaturas corrientes.

Os dejo el enlace del blog del colegio donde participan activamente tanto profesores como alumnos ¡Gran iniciativa!



Un saludo y hasta la próxima.





martes, 5 de abril de 2016

CTO DE ESPAÑA DE DUATLÓN CORTO (GGEE): Ser cabeza de ratón también te hace feliz

Ayer gané el duatlón distancia Olímpica (10-40-5) de Cerdanyola. Voy a empezar la crónica así para que a la gente que le entra urticaria cuando lo llaman "Campeonato de España de Grupos de Edad" se animen a seguir leyendo. Pues sí, da la casualidad de que esa misma carrera que gané llevaba dicho apellido de “Campeonato de España”, así que la victoria también vino acompañada de una medallita muy chula. Cada uno se plantea los objetivos que le resulten motivadores y a mí me hacía especial ilusión disputar una carrera a nivel nacional de esta distancia. ¿Que podía haber corrido en Élite? Probablemente, pero, primero, quería hacer una carrera sobre distancia Olímpica y no Sprint (la carrera Élite era sobre distancia Sprint) y segundo, no tuve la suerte de clasificarme en el Duatlón de Morcín, así que tomé la salida en Grupos de Edad.



Con una buena base aeróbica cimentada durante el invierno y la chispa demostrada en los dos últimos duatlones de Santander y Gijón, llegaba en uno de mis mejores momentos de forma al Campeonato de España de Cerdanyola. En las últimas crónicas expliqué la planificación para esta carrera, basada en meter bastante volumen y tomarme las competiciones de Morcin, Santander y Gijón como sesiones de calidad, que con un dorsal de por medio siempre se exige uno más que en un entrenamiento normal. Quizás me esperaba un peor rendimiento en estas pruebas así que los resultados y, sobre todo, sensaciones me sorprendieron, aunque la Semana previa a Cerdanyola estaba realmente cansado Eso sí, sabía que los deberes estaban hechos, por lo que deposité mi confianza en la capacidad regenerativa y de asimilación de mi cuerpo y me dediqué a descansar desde el Miércoles. El resultado fue poder levantarme el sábado por la mañana como nuevo y con la sensación de querer comerme el mundo.


A las 17:00, bajo un agradable sol primaveral, formamos en línea de salida los más de 150 duatletas de Grupos de Edad para enfrentarnos a la que considero una de las distancias más “jodidas” de este deporte: 10 km de carrera a pie, 40 km de bici y 5 km finales matadores de carrera a pie. La tensión que se respira en este tipo de eventos también le da una vidilla especial. Yo lo tenía claro, a tope desde el principio, vigilando a los rivales más fuertes de mi categoría, e intentar rematar la carrera en el último sector.



Con un ligero retraso nos fuimos colocando en línea de salida. Olía a duatleta, olía a Garmin, olía a tensión. Pero fuera de todo eso me quedo con el saludo del gran Poo que, en ese momento de angustia pre salida, me toca por detrás para desearme suerte. Le devuelvo el gesto con un discreto choque de manos, aunque sé que se merece un abrazo. Me lo guardo para meta.
La música suena… “¡a sus puestos....PEEEEEE!”



Con 10km por delante salimos todos como corderos degollados... Primer giro de izquierdas y meto cuerpo para coger posición. A cola del primer grupo completo los primeros metros, duros, con cuestas, e incómodos por la cantidad de gente y la falta de espacio. Al paso por el primer km el ritmo se estabiliza y empezamos a correr sobre 3:20. Me siento bien, voy cómodo, y eso me permite leer la carrera y localizar a los rivales de mi Grupo de Edad. El que en ese momento marcaba el ritmo del pelotón era uno de ellos, quien para mí sería el rival a batir, el gallego Brais Misa, se encontraba, igual que yo, agazapado a la expectativa. 



Según van pasando los kilómetros el grupo se va estirando. A la estela de Brais voy bastante cómodo hasta que Rosado, de una categoría menor, decide romper la armonía con un cambio de ritmo que permite definir de manera definitiva el devenir de la carrera. Nos quedamos tres solos en cabeza, con Rosado comandando y Brais y yo detrás. Al paso por el ecuador de este primer segmento Brais y yo comenzamos a ceder unos metros respecto a Rosado. Me pongo a tirar para que no se nos vaya mucho pero con la mente fría para no derrochar fuerzas que luego vaya a necesitar. Las calles rompe-piernas de Cerdanyola van haciendo daño y los kilómetros pesan. Rosado ya nos lleva una ventaja considerable, aunque no me preocupa pues, con 40 km de bici en el horizonte y en solitario hay que ser muy muy superior para cubrirlos sin que te pillen por detrás.




Estamos en la tercera vuelta y toca hacer el cambio a las dos ruedas. Miro el Garmin y me marca 8,5 km, por lo que me pillo un mosqueo considerable... ¿Por dónde nos van a meter? Pasamos al lado de los boxes pero no entramos, y en su lugar enfilamos una rampa de 500 metros al 8% que me remata. Realmente no sé qué fue peor, si la subida o la bajada por el mismo sitio. Tratando de recuperar muscularmente entro en la T1 junto a Brais, a unos 35 segundos de rosado y 30 segundos delante del grupo que nos persigue. Marco los tiempos en la transición, hago el cambio relajado pero fluido, y cojo la bici a la vez que mi compañero de fuga.



Me subo a ella y, como se suele decir, "a buen entendedor pocas palabras". Comenzamos a dar relevos de unos 10 segundos en un pacto silencioso. A veces sobran las palabras cuando dos personas luchan por un interés común.  Sin cruzar palabra Brais y yo comenzamos una lucha contra todos, bien organizados y sin escaquearnos en el esfuerzo. Ambos sabemos que de nosotros depende repartirnos las medallas y por esa idea decidimos apostar.



 Los 40 km de bici con drafting constan de un enlace de dos kilómetros y tres vueltas a un circuito duro, por el entorno de la Universidad Autónoma de Barcelona y Bellaterra, y con repechos de hasta el 14% que “mancan” las piernas. Al inicio de la primera vuelta y tras sortear por primera vez el repecho que sube a la facultad de medicina, damos caza al primer clasificado y formamos un trío de cabeza. No somos ninguno de los tres grandes portentos sobre la bici, pero nos organizamos bien y vamos a intentar sacar adelante la carrera entre nosotros. A sabiendas de que por detrás viene gente peligrosa sobre las dos ruedas, aun mantengo la esperanza de que no sean capaces de organizarse y pillarnos.



Mis pronósticos se confirman cuando, al cruzarnos con nuestros perseguidores, me percató de que estamos abriendo hueco. Trato se animar a mis compañeros de fuga y creo que el darnos cuenta de la situación nos motiva. Ya llevamos una vuelta y casi un minuto se ventaja. Todavía quedan dos más. 



Vamos pasando al relevo y todos somos generosos en el esfuerzo. No hay hostilidades, ni siquiera en el paso por el repecho, pues sabemos que una fuga de uno solo no va a ningún sitio. Muestra de ello fue cuando tras conseguir 100 metros de ventaja en la salida de una glorieta, decido esperarles y evitar calentones innecesarios. Y así van pasando los kilómetros de forma mucho más amena y en compañía.



A falta de una vuelta el hueco es de casi minuto y medio. Tras los intentos fallidos de Santander y Gijón, hoy por fin la fuga va a llegar al final. Es entonces momento de pensar un poco más en uno mismo. Seguimos pasando el relevo pero se nota que ninguno quiere desgastarse y los relevos son más suaves. Cuando me toca a mí, intento no saturar las piernas e ir con mucha cadencia. Nos la vamos a jugar los tres en el último 5000 y con las cuestas que nos esperan más nos vale llegar muscularmente bien.



Las sensaciones son muy buenas, no tengo amagos de calambres, por lo que espero poder correr bien al final. A veces peco de exceso de confianza y dejo los deberes para última hora, pero me siento tan cómodo corriendo después de la bici que puedo permitirme apostar todo a dicha “carta”.

Enfilamos la bajada hacia la glorieta de entrada a boxes mientras nos descalzamos. Brais se baja el primero, yo inmediatamente después, y cuando ya he puesto pie a tierra Rosado, que venía justo detrás, se me cae encima. ¡Mierda (o “recórcholis” para los más finos! Tengo que esperar a que se levante mientras miro, impotente, como Brais entra solo en la transición. Y no sólo eso, sino que además con la caída se suelta del pedal una de las zapatillas y tengo que recogerla con la mano. Entro en boxes el último se los tres, esta vez por un motivo ajeno a mi voluntad, y encima con la zapatilla que aún queda colgando del pedal dando tumbos. Tengo que llevar la bici a pulso hasta mi sitio de boxes. Me quito el casco y lo dejo, junto a la zapatilla que se me había caído, dentro de la cesta. 



Me calzo precipitadamente y salgo a correr como si en vez de 5 km quedasen 2,5. Empiezo el sector a 20 metros de Rosado y 100 metros por detrás de Brais. El inicio de esta parte se carrera a pie es por la misma rampa que terminamos el último tramo del primer sector. Duros 500 metros de subida, luego otros 300 de bajada, giro en un cono y vuelta hacia la zona de boxes. Empezamos a bajar por la “pindia” cuesta tras haber adelantado a Rosado. Voy segundo de la carrera y de mi Grupo de Edad, pero noto que Brais baja algo atascado. Además, oír los comentarios del estilo "uff, lo pilla fijo" provenientes del público,me animan bastante. Tanto que, nada más llegar al kilómetro 1 le doy caza.  No me lo pienso y sigo a mi ritmo, aun camicace, en busca de darme una alegría por las calles de Cerdanyola.



Queda todavía mucho, dos vueltas por el centro del pueblo así que me centro en seguir a la bici que abre carrera sin mirar atrás. Paso por meta y tan sólo queda una vuelta. Es entonces cuando me percato de que quien me sigue, a unos 100 metros, es Rosado, y no Brais. 



Aunque las sensaciones son espectaculares no me fio y, controlando sin dormirme, sigo cubriendo metros. No queda nada, lo voy a conseguir. Oigo el ya mítico “¡APRIETA!” de mi madre. Entro en la última y larguísima recta, 800 metros por la calle peatonal que va a dar al ayuntamiento y donde está el arco de meta



Lo siento cerca, lo huelo, lo saboreo; disfruto del ambiente, me recreo en mí mismo, pienso en mucha gente que no está pero que seguro se alegra, y entro en meta primero absoluto de la carrera.
¡Que pasada!, ¡Qué sensación cruzar primero la meta de este duatlón! Pronto veo a mis padres felices detrás de la valla y eso me pone más contento aún. Me abrazo a ellos y simplemente, disfruto.





Y con la resaca de este viaje a Cerdanyola empieza una nueva fase la temporada, una fase en la que voy a seguir corriendo los duatlones de Cantabria que me apetezcan e intentar llegar fino al mundial de Avilés.





¡A seguir dándole caña! 
Y recordad, no dejéis de disfrutar del camino ni dejéis sueños por cumplir! Yo prometo seguir soñando…