miércoles, 22 de junio de 2016

MUNDIAL DE DUATLÓN DE AVILÉS DE GRUPOS DE EDAD: ¿Guinda o guindilla?

Por fin llegó el tan ansiado fin de semana del Mundial de Duatlón de Avilés. El día que se hizo oficial la sede de la prueba, no tuve ninguna duda de que traer un Mundial a Asturias iba a suponer un éxito organizativo y de participación. Todos sabemos que este tipo de eventos están hechos para los Élite y los pagamos los Grupos de Edad, pero, sinceramente, tener la oportunidad de competir contra duatletas de otras nacionalidades, empaparse del ambiente popular que transmiten las distintas selecciones y convertir tu región en el centro mundial del duatlón por unos días, no hay precio que lo pague.

Tras ganarme una plaza en Grupos de Edad en el Campeonato de España de Duatlón en Cerdanyola, la cita mundialista se convirtió en el siguiente gran objetivo del año. Era mi tercera experiencia en un campeonato internacional, tras el mundial de Pontevedra en 2014 y el europeo de Alcobendas en 2015. La distancia elegida en esta ocasión fue la Standard u Olímpica: 10 kilómetros de carrera a pie, 40 kilómetros de bici sin drafting y 5 kilómetros de carrera a pie finales. Hasta entonces, tan solo había hecho dos duatlones de esta distancia y los resultados fueron buenos en ambos, pero lo que me hizo renunciar a correr la distancia sprint en el Mundial fue el hecho de que fuera con drafting.



Las tres semanas desde que corriera el Duatlón de Santa María del Páramo fueron realmente duras. El desgaste físico y mental acumulado de toda la temporada me impidió encontrar sensaciones hasta unos días antes de la gran cita. Los entrenos no salían y cada vez me notaba más cansado. Creo que es algo normal cuando uno lleva sometido a un plan tan riguroso desde noviembre, y con tantas carreras, entrenamientos, horas de trabajo y falta de sueño. Por eso, a falta de 10 días para la cita de Avilés tuve que levantar el pie, obligarme a descansar y bajar el volumen de entrenamiento y el estrés. Sin duda fue una decisión acertada. Asesorado y apoyado en todo momento por Juan Carlos Llamas, conseguí levantar cabeza esos días previos, y ver la cita mundialista con algo más de ilusión.
Llegué a Avilés “semi-regenerado” y con ganas de hacerlo bien en mi tierra. La opción de repetir medalla en mi grupo de Edad (25-29) había pasado de ser un objetivo a ser una ilusión con la que no quería obsesionarme. De cara a la galería traté siempre de dar la impresión de que llegaba como nunca, con las mejores sensaciones y en pico de forma, pero ni mucho menos. Llegué con lo puesto, con lo justo y pidiendo la hora, pero había que disimular.



Tras vivir el ambiente multicultural los dos días previos a la carrera y disfrutar con la plata de Emilio Martín en Elite masculina, el sábado y con la participación de la asturiana Laura Álvarez en Élite femenina, llegó nuestra hora, la de los Grupos de Edad.



El domingo, a las 11:15h de la mañana estaba prevista la salida de mi tanda de Grupos de Edad. Los boxes, con más de 1000 bicicletas, eran un escaparate de marcas y colores inolvidable, fiel reflejo de la heterogeneidad de los participantes. Ingleses, franceses, sudafricanos, australianos, norteamericanos, españoles… en definitiva, eran más de 30 nacionalidades las que estaban representadas en este mundial de grupos de edad. Entre los rivales más fuertes de mi categoría figuraban el británico Samuel Pictor, vigente campeón de Europa, su compatriota Brake, y los españoles Josemi, Brais Misa y Alex Rodríguez. Ya me había enfrentado a todos ellos, y era consciente de que la lucha por las medallas iba a estar cara. Cada año se nota que el nivel de grupos de edad es más alto, y, aunque uno mejore por dos, vienen diez que mejoran por diez.



El calor apretaba en la explanada del Centro Niemeyer. Tras un trote de calentamiento y unos progresivos fuimos a la cámara de llamadas para formar en salida. Más de 40 rivales en mi grupo de edad, junto con los de una categoría menos (20-24 años) íbamos a ser los primeros en dar comienzo al mundial en distancia standard. Concentración y bastantes más nervios de lo habitual. No las tenía todas conmigo y tampoco tenía muy claro qué tipo de carrera plantear. Se dio la salida y por delante teníamos dos vueltas de 5 kilómetros saliendo del centro Niemeyer y recorriendo la ría de Avilés por ambas márgenes. El piso de hormigón liso que componía gran parte del recorrido iba a pasar factura a mis delicados pies. Traté de coger posición los primeros metros y entrar bien colocado en un par de curvas cerradas. Objetivo conseguido, pero a costa de pegarme un buen calentón inicial. La carrera era larga y el primer 10000 había que reservar. Entramos en el paseo de la Ría y las cartas de cada uno se ponen rápidamente sobre la mesa. Samuel Píctor, con un potente sector a pie, pone tierra de por medio desde el kilómetro 1, llevándose a su compatriota Brake con él. Consiguen abrir un hueco de más de 100 metros sobre un grupo perseguidor en el que me encontraba junto a los españoles Brais, Alex, y a otros competidores de un grupo de edad inferior.



La cosa parece que funciona, las malas sensaciones de las semanas previas no aparecen y en el kilómetro dos decido tensar el grupo para ir reduciendo las unidades. Aprovechando mi tirón, un sudafricano, un japonés y el español Javi Rosado, todos ellos del GE 20-24, se van para delante, dejándonos a los “mayores” descolgados. No me caliento y decido seguir a ritmo. Cuando llegamos al punto de giro en el kilómetro tres reubico posiciones. Por delante Píctor ha soltado a Brake y este empieza a petar calamitosamente y es pillado por el grupito donde va Rosado. Brais, Álex y yo seguimos su estela y por detrás hay un hueco importante hasta el grupo de Josemi, con quien había luchado el pasado año en el europeo de Alcobendas por un puesto en el pódium.



Completamos la primera vuelta sin hostilidades, controlando y manteniendo el ritmo. Los pies empiezan a quemar por la dureza del asfalto y el calor aprieta cada vez más. Bebo agua en el avituallamiento del kilómetro 5 y me sirve para quitar la sequedad de boca que llevaba. El pulso va bien, en torno a 170 pulsaciones, pero las piernas empiezan a flaquear. Queda mucha ría por recorrer, pienso, pero me pueden las ganas y vuelvo a intentar soltar a mis acompañantes con un pequeño cambio de ritmo. No lo consigo; Brais y Álex están más fuertes que en Cerdanyola (segundo y tercero respectivamente). Pero el acelerón nos permite enlazar con Rosado y Brake a falta de dos kilómetros. Mientras, las distancias con Píctor se estabilizan en aproximadamente 40 segundos. No está mal, pienso. El año pasado me habían caído casi dos minutos en el primer sector del europeo de Alcobendas, por lo que mantener la diferencia por debajo del minuto aun me daba esperanzas para poder pillarle en bici.



El ritmo decae ligeramente en los últimos kilómetros. Todos tenemos puesta la cabeza en la bici. Llegamos a boxes un numeroso grupo compuesto por cuatro españoles, un japonés y un británico. Por delante el sudafricano Math Smith y el británico Píctor.

Eterna, sí, eterna transición la que tenemos que recorrer hasta llegar a nuestras bicis. Cuando un box tiene más de 1000 bicicletas es fácil confundirse. En este caso, cogí como referencia un arbolito florecido que estaba justo enfrente de la mía. Llegué hasta el arbolito, giré la cabeza y allí estaba mi AVENGER, cedida por la empresa EsvaBikes, y lista para quemar el asfalto avilesino.



Me abrocho el casco, cojo mi velocípedo negro y salgo de boxes el segundo del grupo, justo por detrás de Álex. Los primeros kilómetros de bici de un duatlón son los peores. La musculatura tiene que adaptarse y cuesta encontrar el golpe de pedal. Con Álex como referencia a unos 100 metros, salimos del Centro Niemeyer en dirección al puerto comercial de Avilés. En la larga recta que nos conduce al primer giro de 180 grados me cruzo con Píctor y el sudafricano. Sorprendentemente no nos sacan mucho, apenas 30 segundos. Yo sigo detrás de Álex hasta el kilómetro 3, cuando este deja de pedalear tocándose alguna parte de la pierna. Le supero y me coge la referencia.



 Nuevo giro de 180 grados y el sudafricano se había puesto en cabeza. Me daba igual, no iba con él la lucha. Mientras, la diferencia con Pictor se reducía segundo a segundo. Comenzamos la parte larga de la vuelta de bici y voy alternando la posición con Álex. Me cuesta todavía coger ritmo, las piernas me estallan y voy bufando como un animal. Regula que no llegas, me decía una parte de mi cabeza, mientras que la otra solo me señalaba la figura del inglés que ya tenía a tiro. Cuando estamos a punto de darle caza, al final de la primera de las 2,5 vueltas, Brais Misa, que había perdido unos minutos en la transición, nos adelanta a Álex y a mí y se va a por Pictor. ¡Esta es la mía! Cojo la referencia del gallego y los tres españoles damos cuenta del inglés.



 La cosa promete. Todavía faltan 15 kilómetros de segmento y le pueden caer unos cuantos segundos, difíciles de recuperar luego en la carrera a pie. Brais Misa marca el ritmo y yo le sigo a una distancia prudencial. No sé si fue la adaptación muscular o qué, pero pasado el ecuador del sector ciclista empecé a encontrarme fenomenal, rodando rápido sin esfuerzo. Cuando nos aproximábamos a la T2, llegó por detrás el británico Brake con su pepino de bici y rueda lenticular para quitarnos las pegatinas. Repetí la estrategia y traté de mantener la referencia con él. Equiparar el ritmo de Brake era un sobreesfuerzo que probablemente merecería la pena. Sin mirar atrás me lancé a por los últimos 5 kilómetros detrás del inglés, sufriendo como un perro a más de 40 km/h y con las piernas calientes.



Iba tan ciego que en el último giro de 180 grados no fui capaz de ver quien venía detrás y quien se ha quedado descolgado, pero mis dudas se disipan cuando nos adentramos en el recinto del Niemeyer para hacer el cambio de material. La ilusión de haber conseguido despegar a Pictor, Misa y Álex tras el último apretón de Brake se va al traste cuando todos ellos se me ponen en paralelo dispuestos a luchar por una posición y llegar bien colocados a la angosta entrada en boxes.



Las medallas están en juego y somos cinco aspirantes para el último 5000; “ergo”, sobran dos… La suerte está echada. Me bajo de la bici el cuarto del grupo y tras otra ETERNA transición corriendo descalzo más de 500 metros, consigo hacer un cambio de material bastante digno y empiezo la carrera a pie segundo, detrás de Brais. No obstante, aún está todo por decidir, pues Pictor, Alex y Brake salen inmediatamente detrás de mí. Corro cual pollo sin cabeza tratando de reducir a cero, los metros que me separan de Brais. Oigo gritos de la gente por todos los lados, pero mi cabeza solo tiene el pensamiento de alcanzar la figura roja del gallego. Cuando me pongo a su par me tomo un respiro que permite a Alex y a Pictor unirse al grupo. Brake se ha quedado descolgado, por lo que ahora somos 4 para 3 medallas… tan solo sobra uno.



Las piernas notan los excesos de la bici y empiezo a tener calambres…. ¡¡Pufff!!, esto va a ser agónico, pienso. Los gemelos se me suben, los bastos internos también, pero trato de dar sensación de entereza y no dar pistas a mis rivales. No puedo ir más rápido de lo que estamos yendo, por lo que para evitar sorpresas y ritmos que me hagan salir de punto, decido ponerme en cabeza y ralentizar la carrera. Si marco el ritmo y nadie ataca puedo llegar al final con opciones, por eso decido ser yo quien mande en el grupo. Terminamos la primera de las dos vueltas de 2,5 kilómetros pasando entre el gentío que se agolpaba en los alrededores de meta. Al pasar, miro de reojo el desvío hacia la alfombra azul que en pocos minutos nos conducirá a meta, y sueño con cruzarla el primero. Pero queda todo por hacer y hay que volver a centrarse en la carrera.



 Las sensaciones musculares parecen mejorar y tenso la cuerda para ver quien flojea. En este pequeño cambio de ritmo consigo que Brais se descuelgue ¡BIEN! Ya somos tres, la medalla parece asegurada, pero quiero más. A 2,5 kilómetros de meta y en el sector que mejor me defendí toda la temporada no puedo dejar escapar el oro. Vuelvo a probarlo a falta de 2 kilómetros. Sé perfectamente que Píctor es más fuerte que yo a pie pero ¿quién me iba a decir que no va tocado y no que no puede más? Ese último cambio de ritmo fue en vano, y tanto Álex como el inglés aguantaron sin problema. Volvieron entonces los calambres ¡Malditos! Tan solo kilómetro y medio y rezo para que ninguno de mis dos acompañantes cambie tan lejos. Ya no me quedan marchas, tan solo el sprint, por lo que las opciones de Oro pasan por jugárnosla en los últimos metros. Pero de camino hacia meta Samuel Pictor sube un punto la marcha y abre hueco, llevándose con él a Álex. Sufro, sufro lo indecible e intento no ceder, pero mis piernas están ya destrozadas y no les queda nada. Veo con impotencia alejarse a mis rivales y empiezo a asumir el color de mi medalla. Me va a tocar ser bronce esta vez. Con la rabia de ver el oro tan cerca recorro los últimos metros, giro de 180 grados, alfombra azul, saludo al público y entro en meta tercero.



Trato de disfrutar del momento, aunque cuesta cuando ves tan cerca la posibilidad de quedar campeón del mundo en casa. Aun así, a día de hoy valoro el bronce conseguido en una carrera emocionante hasta el final y que pone la guinda rico pastel que me he ido comiendo durante toda la temporada.



Gracias a mis compañeros del IH Saúl, Alexandra y Adrián, por haber ido a Avilés a animarme, al igual que Luis Cue y Javi, y como no, a Nico y Pili, grandes amigos que hasta cambiaron turnos de trabajo para estar presentes. Me he llevado el bronce deportivo pero el oro en afición ¡Muchísimas gracias!







Y por supuesto, este broche bronceado que le hemos dado a la temporada no hubiese sido posible sin vosotros, todos los que habéis aportado vuestro granito de arena con ayudas en forma de material y económicas. Gracias a la empresa Nuteca, de Pablo Gutiérrez, al Bender Triatlón, al IH Cantabria y a Austral, patrocinadores en este Campeonato del Mundo. Gracias a la empresa de bicis EsvaBike, a las empresas de ruedas Rothar y Sscar, a mis amigos de Keepgoing por darme la mejor suplementación, a Catlike, por seguir apoyándome una temporada más con cascos, gafas y zapatillas, a Isma de Megustalanaranja, por surtirme de vitamina C durante todo el invierno y, como no, a mi guía, a Juan Carlos Llamas (Basic Fitness) por ser él quien ha hecho carburar esta máquina a un nivel que no me hubiese imaginado.




Y ahora, con una nueva experiencia en el bolsillo, pongo rumbo a Valencia, donde el próximo fin de semana me enfrentaré a un nuevo reto: completar por primera vez un Medio Ironman. Los deberes ya están hechos, y esta carrera me la voy a tomar como un premio antes de afrontar un parón competitivo para regenerar cuerpo y mente.

Por tanto… ¡Nos vemos en Valencia!

domingo, 15 de mayo de 2016

DUATLÓN DE SANTA MARÍA DEL PÁRAMO 2016: Tirando a ciegas casi hacemos diana

La suspensión del Duatlón de Cabezón de la Sal, previsto para este fin de semana, trastocó ligeramente mis planes de preparación para el Mundial de Avilés, pues iba a ser la última oportunidad para medirme en una carrera con la cabra y sin drafting. Pero, para saciar el hambre de competir, me busqué alternativa en la comunidad vecina de Castilla y León.



Nunca había competido en un duatlón de esta provincia, aunque sí había leído y escuchado muy buenas críticas al respecto las organizaciones. Por lo que la mañana del sábado puse rumbo a Santa María del Páramo para competir en el duatlón de dicha localidad, muy próxima a León capital y sobre distancia sprint y con drafting.

Malacostumbrado, este año, a escaparme en el primer sector de carrera a pie de los duatlones de Cantabria, el de Santa María iba a ser distinto. Para ser un duatlón de pueblo presentaba un cartel con muchos nombres TOP a nivel nacional: Iván Cánovas, Pedro J. Ramos, Daniel Lazo, Rubén Ceballos, Jorge López, Rubén Barrio… todos ellos con un ritmo de carrera a pie demoledor y que me iba a venir muy bien para medirme de verdad con gente de nivel.



Los circuitos no tenían mucha historia, completamente llanos y, salvo unos 300 metros por un camino de tierra y piedras en la carrera a pie, el resto hacía prever una carrera muy rápida. A las 18:00h nos llamaron para formar en línea de salida los más de 100 duatletas inscritos en la prueba. El tiempo amenazaba lluvia pero por el momento no había caído ninguna gota. Mientras el organizador estaba explicando los circuitos me apoyé para estirar en uno de los banquillos de la pista de atletismo donde estaba situada la salida y la meta, con la increíble casualidad de que pegado al banquillo había un cartel donde anunciaban que el dorsal 63 había sido premiado en la rifa de embutido que hicieron previa a la carrera… ¿y sabéis quién llevaba el dorsal 63? ¡BINGO! El “menda lerenda” tenía ese número. Me había tocado la rifa, y enterarme segundos antes de salir me ayudó a rebajar la tensión y empezar la prueba más motivado.



Sin tiempo a celebrar ni a avisar a mis padres de este hecho, sonó el pistoletazo de salida que daba paso a una carrera a pie de 5500 metros por el páramo leonés. Salí de la pista de atletismo bien colocado, a la expectativa de ver quien movía ficha e ir yo detrás. Poco tardaron en ponerse boca arriba las cartas. Pedro J. Ramos nos puso en fila a los pocos metros, imponiendo un ritmo monstruoso por debajo de 3’/km y que, aunque al principio aguantaban un gran número de duatletas, pronto pondría a cada uno en su sitio. Al medio kilómetro de salir Iván Cánovas, que había empezado algo retrasado y con la cabeza, avanzó hasta empezar a comandar la carrera. El guión era el previsto, Cánovas, el más fuerte a pie, tirando, seguido de Pedro J., Barrio y, en cuarto lugar y enganchado a ese trío cabecero, pero con pinzas, iba yo.



Por detrás Rubén Ceballos empezaba a ceder y me vi relegado a la última posición de ese primer grupo que, en ese momento era un cuarteto. El ritmo impuesto por Cánovas y Pedro era cada vez más exigente y mis piernas dijeron basta antes de terminar la primera vuelta. A sabiendas de la importancia que tendría llegar a boxes en ese grupito cabecero, sufrí como un perro haciendo la goma, pero cuando te llevan al límite y te sacan de punto da igual que te revuelvas. Ese no era mi ritmo y estaba a punto de pagarlo. El coste del sobresfuerzo se vio reflejado en la segunda vuelta en la que, metro a metro, fui diciendo adiós a las opciones de colarme en el trío cabecero. Trío que pronto se quedaría reducido a dos unidades cuando Barrio, al igual que me había pasado a mí, empezó a ceder. En este caso cedió más de la cuenta e incluso le llegué a alcanzar y superar yo. Corría en solitario en tercera posición, pensando ya en la bici y en que las opciones de pódium pasaban por dosificar fuerzas, pues los dos de cabeza, con más de 15 segundos de ventaja y probablemente su buen entendimiento en bici y previsible gran sector a pie final, iban a vender muy caras las dos primeras plazas del pódium.



Bajé el pistón en el último kilómetro, llegando a boxes tercero y en solitario. Tras un cambio de material bastante mediocre salí con la bici casi a la par de Barrio, quien me había recortado en boxes la diferencia. Empezamos juntos la bici, pero a los pocos metros vimos que si esperábamos a Rubén y a  Jorge, tendríamos más opciones de recortarle tiempo al dúo cabecero. Tardaron poco en unirse a la grupeta estos dos duatletas y cuando lo hicieron, la ventaja de Pedro e Iván era de unos 30 segundos. Comenzó entonces una persecución a relevos un poco desorganizada, pero con bastante buenas intenciones por parte de los cuatro. El interés de ir juntos era común y, cada uno dentro de sus posibilidades, tratamos de contribuir con relevos cortos. Jorge y Rubén fueron los más generosos en esta faceta, yo pasaba prácticamente siempre pero cuando me veía con el viento en contra la velocidad del grupo caía en picado y pronto se ponían a tirar de nuevo Rubén y Jorge. Y así fueron pasando las vueltas, limando segundo a segundo la ventaja con los dos de delante, aunque no lo suficientemente rápido como para enlazar con ellos antes de la transición.



Pero como en todas las carreras hay sorpresas y nunca debes dar nada por perdido hasta que no cruces la línea de meta (lección aprendida el pasado fin de semana en Torrelavega), al comenzar la cuarta y última vuelta de bici vemos a Ivan Cánovas descolgado y en solitario. No nos hizo falta hablar mucho a ninguno de los cuatro para fijar el objetivo: pasarle lo más rápido posible sin darle opción a que nos cogiera la rueda. Tenía pinta de ir bastante tostado y cuando pasamos a su lado y le superamos, no hizo ademán siquiera de intentar seguirnos. Buena señal, un rival peligrosísimo a pie que se iba a quedar fuera de las opciones de pódium si éramos capaces de abrir hueco con él durante los kilómetros finales de bici. Y así hicimos, tiramos en la segunda parte de la última vuelta para conseguir ese colchón que nos permitiese jugarnos entre los cuatro las dos plazas de pódium que estaban en juego.



Los boxes estaban cerca y yo empezaba a frotarme las manos, pero con prudencia, pues debía hacer una transición impoluta si quería luchar con Rubén o Jorge, quienes iban con rastrales y estaba previsto que hicieran el cambio en la transición unos 10 segundos más rápido que yo, que tenía que calzarme las zapatillas de correr.



Nos bajamos de la bici los cuatro juntos y en una transición de infarto consigo salir a correr el último, pero pegado a Jorge y a Barrio, de tal forma que a los 50 metros y me coloqué tercero. Rubén aprovechó mejor que Jorge la ventaja de los rastrales y nos precedía 10 segundos por delante. Como suele ser habitual, en 2,5 km la gente sale con todo, y yo también. Las piernas no las sentía pero sabía que si mi cabeza quería ellas iban a correr, así que ¡a darle caña!



Faltaban 2 kilómetros y por fin despegué a mis perseguidores, quedándome solo en tercer lugar y sin ver ningún progreso hacia la segunda plaza que Rubén defendía con un ritmo endiablado. Yo era consciente de que este corredor tenía uno de los mejores segundos sectores de carrera a pie de todos y me lo iba a poner casi imposible, pero no había ido hasta allí para dejar de luchar antes de cruzar la meta. Apreté el culo y, ante mi sorpresa, a falta de 1 kilómetro los metros que me separaban de Rubén empezaron a reducirse, abriendo en mí un halo de esperanza. Tan solo 500 metros a meta y consigo pegarme a su espalda. Me paro unos segundos, respiro… Lo más difícil estaba hecho y ahora, con el factor psicológico ganado por haber llegado recortando desde atrás, solo quedaba rematar la faena. Con un cambio de 400 metros agónico pude zafarme del gran duatleta del Eresma y entrar en el estadio al que había que dar más de media vuelta. Fue la primera vez en todo el sector a pie que me fijé en Pedro, líder indiscutible de la carrera y merecedor de la victoria, que rodaba apenas 70 metros por delante. Apreté a muerte para defender el segundo puesto, el primero ya era imposible y seguramente inmerecido. Recta de meta, últimos metros y ¡final!



Exhausto pero más feliz imposible. Con el cartel que presentaba la carrera y por cómo se planteó el transcurso de la misma, verme segundo en meta era más de lo que podría imaginar. Pedro ganó sobrado y Rubén se hizo con el tercer puesto. El top cinco lo completaron Jorge y Barrio.
Gran toque da calidad antes de Avilés, el último en competición y que me hace afrontar las tres semanas que quedan con muy buenas sensaciones.




Tras la carrera y la entrega de premios, la organización preparó un pinchoteo para corredores y acompañantes con sándwiches, empanada, bebida, patatas, embutido, nocilla… vamos, que salí de allí cenado. Da gusto ir a correr este tipo de carreras, primero, porque no te conoce nadie y pasas completamente desapercibido antes de la misma, papel en el que me encuentro mucho más cómodo que cuando hay que correr en Cantabria o Asturias y te conoce todo el mundo, y segundo, por el trato al corredor, con sorteos, pinchos, pases para un balneario, premios en metálico… En definitiva, experiencia que merece la pena repetir y que incluso deja en anécdota un segundo puesto.

Y con esto y un bizcocho… ¡a comernos las tres semanas que faltan!
¡Fuerza y kilómetros para todos!


PD: Muchas gracias a Dani Becerra por los ánimos y por las fotos. Fue una sorpresa verte por allí animando. GRACIAS

jueves, 12 de mayo de 2016

DUATLÓN DE TORRELAVEGA 2016... o cómo reinventar una nueva posición sobre la bici

Cuando a los 400 metros de subirme a la bici para empezar el sector más determinante del Duatlón de Torrelavega, un bache hace que mi culo aterrice violentamente contra el sillín y lo deja mirando al suelo, a punto estuve de dar por terminada la carrera y retirarme. En ese momento iba primero y solo recordar que por la cabeza se me pasó la retirada me produce, ahora en frío, un remordimiento importante. Soy de los que pienso que, salvo motivo de salud o avería mecánica irreparable, retirarse en las carreras representa una falta de respeto hacia el resto de compañeros y rivales. La excusa del sillín no podía dejarme fuera de la lucha y estoy contento de haber tomado la decisión de seguir adelante. ¡Empecemos!



Tan solo una semana después de la disputa del Regional de Duatlón en Polanco y con la resaca de las buenas sensaciones experimentadas el pasado sábado, cubrí una semana de entrenamiento bastante intensa y voluminosa, que vería su momento culmen el Domingo, con una nueva carrera: El Duatlón de Torrelavega. La última prueba puntuable del Circuito Cántabro de Duatlón y la última oportunidad de medirme en un circuito de bici sin drafting antes del mundial de Avilés. Pero esta vez, al contrario que Polanco, opté por no llevar la cabra, pues el recorrido de bici era ratonero, con fuertes subidas, bajadas y zonas peligrosas, por lo que usar una bici más ágil, como la de carretera, iba a ser la mejor opción.

Una pequeña representación del Bender con Miguel, Menalie, Cris, Adri y yo en categoría de mayores y Claudia en la de menores, nos dimos cita en el polígono de Viérnoles, nuevo escenario para un duatlón tradicionalmente peligroso. Sin duda, fue un acierto el cambio de circuitos, por lo menos el riesgo lo iba a asumir cada uno y no quedaría a expensas de los coches, como sucediera en ediciones pasadas.



Junto a la representación Benderiana, un centenar de duatletas formaron prestos a dar carpetazo a la primera parte de la temporada. Éramos pocos pero había mucho nivel. Monagas marcaba el listón y después un grupo de “míticos” entre los que me incluyo, e incluyo a Felipe Santamaría, Fernando Barroso, Israel Lastra, Pablo Herrero, Ánder Sáez, Nieto, Dani Becerra... También gente de fuera como Mikel Otegui y alguna sorpresa de esta temporada como Alejandro Barbero. Sin duda el Top 10 este año está más caro que nunca y son detalles los que te hacen “bailar” 10 puestos en la clasificación. Por mi parte, el objetivo era seguir igual de regular que hasta ahora e intentar optar a todo, con permiso de Don Emilio, alias, “el conquistador riojano/mallorquín”.

Ya en el calentamiento las piernas no denotaban la frescura de la semana pasada. Quizás el clima “pesado” de sur tenía algo que ver, pero como era igual para todos no quise darle mayor importancia.
Con bastante puntualidad fuimos llamados a línea de salida el centenar de valientes preparados para desafiar las duras rampas que nos esperaban en el segmento ciclista. En mi caso, la estrategia la tenía clara: abrir hueco en la primera carrera a pie y defenderme como gato panza arriba en la bici para bajarme a correr el último sector con alguna opción.



Pitido de salida y arrancamos fuerte. A los 100 metros me pongo al frente del grupo y poco después me escapo solo ¿tan pronto?, pensé. Pero la duda no era una alternativa así que me la jugué e intenté meter a mis perseguidores el mayor tiempo posible. Al paso por la primera de las tres vueltas cogí referencias y aproximadamente eran 10 segundos de ventaja los que llevaba con mi compañero Adrián (segundo) y unos 15 segundos con el grupo de favoritos (Barroso, Monagas, Nieto…). El viento lateral que azotaba entre las naves del polígono hacía difícil mantener la compostura corriendo e incomodaba ligeramente. Completamos la segunda vuelta y el hueco se duplica ¡BIEN, Pelayo, BIEN!



El margen conseguido de aproximadamente 30 segundos me permitió relajarme un poquito antes de llegar a boxes. Esta vez consigo hacer una transición decente y salgo con la bici en el momento que entran Barroso y Monagas en el box a por las suyas. Por delante cuatro vueltas a un circuito de algo más de 5km con una subida corta pero intensa y varias zonas bacheadas.

La primera de ellas, nada más salir, casi me cuesta el abandono. Cuando me pude acoplar en la bici y empezar a pedalear con fuerza, un bache me hizo pegar un bote y aterrizar en la punta del sillín, con la mala suerte de doblarlo completamente hacia abajo. No tardé en percatarme del imprevisto y durante ese primer llano las vi y me las desee para poder dar pedales… ¡Qué agonía, y todavía quedan 23 kilómetros! Fue entonces cuando ese pensamiento con el que abrí la crónica pasó por mi cabeza: ”… me retiro…”.  Pero tan pronto como apareció, se fue, pues retirarte cuando vas primero en una carrera y el incidente no tiene por qué impedir que la completes, me parece una falta de respeto hacia mis rivales. Por lo que apreté un huevo contra otro y tiré hacia adelante, consciente de la imposibilidad de dar pedales con fuerza en el llano.



La alegría del liderato me duró 3 kilómetros, tiempo suficiente para que Emilio Monagas me devolviera a la realidad de lo que soy… un mediocre duatleta ¡qué diferencia de nivel entre nosotros! Y no pongo por excusa el sillín porque dicha diferencia estaba al 95% en las piernas. Y como los incidentes vienen a pares, cuando estaba en el polígono a punto de dar el giro de 180 grados, me paso de glorieta, guiado por el voluntario que se había colocado unos 100 metros más allá de donde había que girar, obligándome a frenar en seco, pararme y dar la vuelta, perdiendo pocos segundos pero sí bastante concentración. Fallo mío por no conocer el circuito, así que nada que decir al respecto, asumo la culpa.

Seguí bregando como pude durante la primera vuelta, viendo a Monagas desaparecer en el horizonte y sintiendo como Barroso me soplaba en la nuca. Pero no fue él, sino Lastra, el siguiente en hacerme perder un puesto. Al empezar la subida de la segunda vuelta el duende verde de Solares (perdona la licencia de llamarte así jejeje) se dio un buen homenaje conmigo, quitándome las pegatinas y, al igual que Monagas, perdiéndose rápidamente en el horizonte.



¿Quién será el siguiente? La agonía sobre las dos ruedas iba “in crescendo”, y el desgaste de no poder apoyar bien el culo lo acababa pagando en las subidas, donde llegaba con las piernas ardiendo. La tercera vuelta fue para Barroso, que me superó en el llano antes de ascender al Alto de la Pedrosa. Pero al ir con cabra le pude devolver la jugada en las duras rampas. Mero espejismo, porque cuando empezamos a bajar puso tierra de por medio con facilidad… Ya era cuarto, y el quinto, Barbero, acechaba. Tanto que al empezar la cuarta vuelta ya lo tenía encima.

Sufriendo para mantenerme sobre la bici y con las “patas” tostadas conseguí terminar la última vuelta y llegar a boxes en quinto lugar, a casi 1 minuto del tercero (Barbero) y sin ninguna opción de pódium, pues los 1,8 km finales previstos no daban para recortar tal diferencia.

Salí a correr sin mucho ánimo, pero concentrado, porque por detrás, bastante cerca, se habían bajado varios duatletas que podían comprometer mi quinto puesto. Al menos he hecho un entreno de calidad, iba pensado. De vez en cuando levantaba la cabeza y veía a lo lejos la lucha por el pódium entre Lastra, Barroso y Barbero, muy apretada y emocionante, con el 2º y 3º puesto en juego.
En principio, este último sector era a dos vueltas más cortas que las de la primera carrera a pie, pero cuando veo que seguimos corriendo y que mis predecesores hacen el giro al final del polígono, justo donde habíamos girado en la primera carrera a pie, me emociono ¿nos van a hacer dar dos vueltas largas? En ese caso, sí tendría alguna opción de llegar a contactar con Lastra o Barbero. Pero mi gozo se fue al pozo tan pronto como el hijo de Fede, que estaba en el punto de giro, me dice que solo se daría una vuelta y que ya había que ir a meta.

Como un jarro de agua fría encaje dicha información. Ahora sí que era imposible. Seguía viendo al tercero (Lastra) demasiado lejos, así que volví a desconectar y con ganas de hacer borrón y cuenta nueva de este duatlón. Pero al juego de “conexión y desconexión” aun le faltaba un último turno… y es que a pocos metros de meta me cruzo con Monagas que volvía…

¿Estará soltando? Fue lo primero que pensé, pero descarté esa opción porque, primero, él suele esperar en meta al segundo y tercero para felicitarlos y, segundo, porque iba demasiado rápido. Eso significaba que tendríamos que dar una nueva vuelta.

Inmerso en una rabia interna incontenible, por haber tirado a la basura más de 800 metros de carrera, apreté como en mi vida hice y por poco reviento el pulsómetro. Empecé esa última vuelta a ritmo de serie de 400, probablemente estallaría, pero me daba igual, corría más por rabia que por fuerza. La ceguera era tal que ni me enteré del momento en que adelanté a Barbero. Llegué cuarto al giro, tan solo 800 metros a meta y cuando por fin salgo de mi ensimismamiento y veo que tengo a tiro a Lastra, vuelvo a cegarme en el esfuerzo y berrar como un corzo. No recuerdo un duatlón con un final tan agónico, quería llegar a toda costa a la espalda de Lastra, y lo conseguí… pero a consta de vaciarme casi por completo, de tal forma que tuve que quedarme detrás durante unos segundos si quería tener la opción de disputarle el puesto.



Isra se defendía con uñas y dientes, pero estábamos en mi terreno y no podía fallar. Le devolví la jugada que me había hecho en bici y morí en los últimos 200 metros para rascar un pódium que daba por perdido desde el inicio del ciclismo. Barroso, segundo, tuvo también que apurar al final para defender su segunda plaza, muy currada y merecida ¡Enhorabuena!



Me voy de Torrelavega con un sabor agridulce, por un lado feliz y contento por ese tercer puesto "in-extremis", pero no tanto por los pensamientos negativos durante la carrera. A punto estuve de tirar la toalla y, aunque no lo hice, solo el pensarlo me causa remordimiento. Pero como de todas las experiencias se puede aprender algo, de esta saco en claro que hay que luchar las carreras hasta el final, nunca sabes lo que puede pasar en el instante siguiente y hay que estar al acecho siempre.

Y con el cuerpo cansado pero con ilusión afronto las cuatro últimas semanas de puesta a punto para el Mundial de Avilés y el Medio Ironman de Valencia. Por el camino haré parada en Santa María del Páramo, para medirme, este próximo Sábado, en un duatlón sprint a los mejores duatletas de Castilla y León, con un nivel de carrera a pie muy superior al que hay en Cantabria, y que me va a ayudar a exprimirme al máximo.

Hasta entonces, ¡a machacar!


lunes, 2 de mayo de 2016

DUATLÓN DE POLANCO 2016: Bronce en un circuito no apto para galgos

El otro día les hablaba a los alumnos de la ESO y Bachillerato sobre la importancia de mantener viva la costumbre de redactar. Yo me di cuenta de ello cuando, hace ya más de dos años, "arranqué" con este blog que utilizo para contar batallitas deportivas pero que tiene ese segundo rol que os digo, obligarme a estar activo en lo que a escribir se refiere. ¡Y vaya si lo he notado! Desde que acostumbro a escribir las crónicas de carreras, redacto con mucha más facilidad otro tipo de documentos e informes (laborales, por ejemplo) que tan mal se nos suelen dar a los ingenieros. Pero hoy no vengo a daros la "chapa" con consejos de vida, hoy vengo a contar lo acontecido ayer en el Campeonato Regional de Duatlón de Polanco.


Pasaron cuatro semanas  desde el Nacional de Cerdanyola, en las que me he cargado de entrenos y kilómetros en los tres deportes: natación, carrera a pie y, sobre todo, bici. La primera semana después del Cto de España fue de descarga y terminó con un viaje de fin de semana a Roma, ideal para "resetear "cuerpo y mente y volver con las pilas cargadas a por tres semanas de trabajo y entrenos que han culminado con una buena carrera ayer en Polanco. Con 11, 13, 16 y 12 horas semanales, respectivamente, de entrenamiento, cerré la fase de carga quizás más dura de la temporada. Sorprendentemente, el cuerpo respondió bien casi todos los días y, pese la falta de descanso, saqué adelante todas las sesiones propuestas por el maestro Juan Carlos Llamas.



El Campeonato Regional de Duatlón de Polanco fue siempre una carrera que se me dio bastante mal. Con un circuito a pie durísimo en el que ser un buen atleta no ayuda a marcar grandes diferencias, y un segmento ciclista de casi 30 km sin drafting no apto para galgos corredores, que me había hecho ver hasta ahora la clasificación desde fuera del Top 10, llegaba a la cita con más ilusión y ganas que nunca y, sobre todo, queriendo terminar con buenas sensaciones. Quedan 5 semanas para el Mundial de Avilés y 6 para el Medio Ironman de Valencia, que son las fechas en las que tengo que llegar a tope, luego, lo de ayer, saliese lo que saliese, debía ser un premio.



Descansé el Jueves por primera vez en un mes, y activé el viernes con un "tápering" de 11 km de carrera a pie y 20 km de rodillo,  para despertarme la mañana de la carrera con las mejores sensaciones que recuerdo en semanas. Llegué a Polanco acompañado de mi madre y pronto me junté con la numerosa participación "Benderiana": Pablo, Lucía, Adrián, Oscar, Agüeros, Pedro, Miguel y yo formamos el combinadoo rojo. Esta carrera suponía para muchos de ellos el debut esta temporada. Calentando con Pablo y Adri ratifiqué mis buenas sensaciones, y ya puestos en línea de salida no quedaba otra que ponerlas en conocimiento de todos.



Con una puntualidad asombrosa arrancamos cuesta abajo los 6,2 km del primer segmento a dos vueltas, cada una de ellas con la mitad del recorrido bajando y la otra mitad subiendo la mítica rampa Polanquesa. Tardé poco en asumir el papel que realmente quería jugar, y tras seguir la estela del cohete lanzado por Toñín Suarez en los primeros 200 metros, me puse en cabeza  a tirar. Tanto que, antes de acabar la bajada ya me había escapado del grupo de favoritos junto a mi compañero Adrián. Buena señal, las buenas sensaciones no eran un farol. Además, en ese segundo grupo viajaban todos los gallos que luego, en bici, tendrían la oportunidad de mostrar sus cartas: Emilio Monagas, Manuel Pando, Mendiguchía, Lastra, Toñín, Nieto, Sergio Santiago, Miguel Ruíz... en definitiva, lo mejor de lo mejor actualmente en Cantabria.



La cosa se puso interesante desde ese primer kilómetro en el que los dos Bender decidimos romper la carrera. Posando en paralelo para el recuerdo cada vez que nos cruzábamos con algún fotógrafo, afrontamos por primera vez la dura rampa que marca el final de la primera vuelta. Allí, en lo alto, ves a todo el público agolpado esperando el paso de los duatletas e inconscientemente, uno se olvida de la dureza del recorrido cuando pasa por ese tramo. Sin embargo, llegar de nuevo a la zona llana y despoblada te devuelve de golpe a la realidad, y es cuando se nota ese sobreesfuerzo. En este caso, Adri pagó la primera vuelta algo camicace que hicimos y al empezar la segunda comenzó a ceder unos metros. Dudé si esperarlo o no, pero no había tiempo para especular. Las sensaciones eran muy buenas y debía aprovecharlas, luego, emprendí al aventura en solitario, con la duda de si lo pagaría a final de carrera y de si realmente el hueco que estaba abriendo con los temidos ciclistas sería suficiente. Apretando pero sin pasarme fui cubriendo esta segunda vuelta y conseguí llegar a boxes con unos 30 segundos de ventaja respecto a Adrián y un minuto con el grueso del pelotón.




Cambio de sector un tanto accidentado y en el que me cuesta más de la cuenta abrocharme el casco, y rumbo a pedalear en solitario. Nunca antes había cogido la bici como líder destacado de una carrera y, la verdad, es una sensación rara. Con una nueva flecha entre las piernas conseguida a través de la empresa "EsvaBikes", comencé enchufado los 28 kilómetros de ciclismo. Quizás demasiado enchufado... porque en la primera tachuela a punto estuve de salir volando por los aires... ¡menudo susto!



Con el pulso a mil por el esfuerzo y ese pequeño imprevisto, llegué a la temida subida a Pedroa. Una rampa con desniveles del 14% que me obligan a retorcerme sobre la cabra como una lagartija. Resoplo y gimo de sufrimiento en la cuesta, pero consigo coronar todavía primero. Está claro que el desarrollo que llevo (39x23) no es el óptimo para subir pendientes del 14%, pero el obstáculo estaba superado. Empieza entonces una lucha por acoplarme a la agresiva posición que esta temporada me han puesto los amigos de "El Cantón de Otero", tras pasarme por allí para hacer un estudio biomecánico. Me noto bien, cómodo, pero falto de fuerza en las piernas. Me falta "punch" para llegar a mi mejor nivel en bici, pero está claro que eso se coge con los entrenos y aún estoy a medio camino, por lo que no me agobio por ello. Y mientras pienso que voy moviendo watios como Cancellara, llega Monagas por detrás para quitarme  las pegatinas y sacarme de mi mundo de piruleta... ¡qué animal! No hago ademán de seguirlo, ni tan siguiera con la mirada, pues es tal la diferencia que pronto se pierde en el horizonte. Empiezo a tener mis dudas de si realmente soy yo el que voy mal o es él el que va demasiado bien, pero las dudas se van disipando a mi favor a medida que voy comiéndole kilómetros al circuito y no me adelanta nadie más.



Llego segundo al ecuador del segmento y cada vez con mejores sensaciones. Tras pasar el bonito tramo de Oruña-Vioño a 40km/h de media, afronto la recta de Zurita y empieza la tortura de ver como la carretera va picando cada vez más hacia arriba. Da la sensación de que vamos a hacer un "looping". Llegando ya al final de la recta de Zurita y antes de pasar por túnel bajo la autovía, es Manuel Pando el que me quita las pegatinas. Me pasa con una facilidad asombrosa, aunque no tanto como Monagas, y consigo mantener la referencia visual en todo el tramo de subida y llano hasta Torrelavega. Faltan 7 kilómetros y ya estoy en dentro del margen de seguridad para, me pase quien me pase, ser capaz de recuperarle la ventaja en el segmento final a pie.



El siguiente en adelantarme es Toñín Suárez, seguido de cerca por Lastra. "¡Vamos a sufrir Pelayín!" Ahora sí, cojo la referencia de Lastra y me mantengo a unos 50 metros, sin dejar que se vaya. ¡Qué diferencia hay entre ir solo o llevar una liebre que te marque el ritmo! Aunque soy consciente de que me está llevando más fuerte de lo que yo iba, no tengo la sensación de ir sufriendo tanto como cuando lideraba en solitario la carrera. Y así vamos llegando a Polanco, no sin antes percatarme de la presencia, a mis espaldas, de un sorprendente Miguel Ruíz que, este año, con la preparación que ha seguido para el Ironman de Sudáfrica, llegó a Polanco en un estado de forma excelente sobre la bici. Me adelantan él y Mendiguchía antes de llegar a la T2, pero hago la goma con ellos y les vuelvo a pasar. Jugando al gato y al ratón esos últimos metros llegamos casi juntos a la transición, aunque yo detrás, en séptimo lugar provisional.



De nuevo un malísimo cambio en boxes me hace perder unos valioso segundos y, cuando salgo a correr, soy sexto, con Toñín y Lastra luchando, 200 metros por delante, por el tercer cajón del pódium. Entre medias Miguel, que se lanza cuesta abajo a por ellos y contacta con el dúo predecesor justo a la vez que lo hago yo viniendo desde atrás. Nos juntamos los cuatro en el kilómetro 1. Aún queda dos kilómetros, de los cuales 1,5 son de subida. No me gusta especular en este segmento y las buenas sensaciones a pie del primer sector también aparecen, pese a esfuerzo en bici, en este segundo. Me coloco tercero y solo Miguel consigue mantenerme a raya. Voy guardando balas por si acaso me hacen falta al final, así que "ritmo ritmo ritmo" y a sufrir en la cuesta. Por delante hay un mundo respecto al segundo, que era Manuel Pando, y veinte mundos respecto al líder, Monagas, que ya debía de estar tomándose un helado en meta.



Afronto la subida con la ilusión de verme de nuevo en un pódium y con la satisfacción de saber que hoy sí, me iba a quitar la espinita de Polanco. Y cuando ya me las prometía felices dentro de mi agonía sobre la cuesta, atisbo, al fondo, al figura azul de Manuel Pando, que mira para atrás. ¡A por él! Sé que recortar unos 30 segundos en medio kilómetro es inviable, pero no me quiero quedar con la duda de no haberlo intentado, por lo que me lanzo cuesta arriba, corono el repecho y, efectivamente, ya sí me percato de la imposibilidad de alcanzar la medalla de plata. Disfruto del bronce los últimos metros y entro en meta satisfecho por el trabajo hecho, por las sensaciones y por el puesto.



No puedo pedir más. Llevo un mes cargadito de entrenamientos y que seguro que dan sus frutos en Junio, pero ahora con lo que tengo no está nada mal. Es mi primer pódium en un Campeonato Regional de Duatlón y, curiosamente, mi primer pódium en un duatlón sin drafting en Cantabria, donde, el potencial ciclista, suele primar sobre la carrera a pie. Por tanto, más contento aún si cabe.
Además, por equipos nos colamos en una meritoria séptima plaza y conseguimos el Cetro Regional femenino de manos de Lucía ¡Qué sería de nosotros sin ella! ¡Qué crack!





Y para celebrarlo, nos fuimos de cena de equipo al restaurante "La Tasca", donde comimos pizza hasta reventar y pasamos, sin duda, el mejor rato del fin de semana. ¡Muchas gracias equipo!
Y ahora, con las pilar cargadas de nuevo, vamos a por los dos últimos fines de semana de competición antes de Avilés y Valencia. Después, dos semanas de asimilación y a demostrar sobre el asfalto todo el trabajo de un año duro, pero precioso.




Como siempre, infinitas gracias a los fotógrafos allí presentes: Ana, Noe, Solución Oral... en definitiva, cada instantánea lleva detrás el sello de una gran persona. ¡MIL GRACIAS!


¡A seguir sumando!

domingo, 1 de mayo de 2016

Charla "Ingeniería y Deporte" en el Colegio Meres

Seguimos con semanas de inactividad competitiva y desempeñando una faceta a la que no estaba acostumbrado. Hay veces que dejas pasar los días, los meses, los años… dejas pasar las experiencias y los aprendizajes y no los compartes con el resto de la gente hasta que te das cuenta de que de esa experiencia vital, aunque sea modesta, se pueden aprovechar otras personas.

Y qué mejor forma de compartirlas que volviendo al lugar que me formó, al lugar donde durante 15 años me educaron, no solo académicamente sino en muchos otros aspectos que tiempo después salen a relucir.

El viernes pasado volví al Colegio Meres, invitado por Lalo y Roger, para compartir una charla sobre “Ingeniería y Deporte” con alumnos de la ESO y Bachiller. Aún recuerdo cuando era yo el que estaba allí sentado escuchando a mis profesores. Esta vez, las tornas se dieron la vuelta y eran ellos, junto a los alumnos, quienes me escuchaban a mí contarles cómo había sido mi vida después de terminar con 18 años en el Colegio y cómo el deporte me había ayudado a mantenerme activo y motivado en el aspecto académico y laboral.



Intenté que fueran charlas amenas, contando anécdotas, introduciendo referencias a competiciones y, de vez en cuando, lanzando mensajes directos a esos alumnos que, en unos años, estarán repartidos por toda la geografía española y mundial estudiando ingenierías, medicina, magisterio o cualquier especialidad que les guste.

Sin perseguir otro objetivo que hacerles reflexionar, me encontré con un ambiente muy agradable y respetuoso. Es difícil lidiar con un público tan joven y mantener su atención, por eso me sorprendió el interés que los alumnos mostraron en todo momento por las explicaciones.

Esta vez quise profundizar algo más en el campo laboral en el que me muevo, contándoles cómo un centro de investigación (IH Cantabria) surgido de un departamento de la Escuela de Caminos de Santander, se había convertido en un centro multidisciplinar con cabida para todo tipo de perfiles profesionales. Tenemos uno de los mejores Institutos de Ingeniería Oceanográfica del mundo al lado de casa (Santander) y la gente no lo sabe, por eso creo que está bien informar y contar a pie de calle a qué nos dedicamos. Cómo se construyen los puertos, cómo “funcionan” las playas, cuán importantes son las estrategias contra el cambio climático en la costa o cómo podemos reproducir a escala prototipos de obras marítimas o sistemas flotantes para ensayar en el Gran Tanque son algunos de los temas que toqué durante la exposición. 

También aproveché para hablar de mi Tesis doctoral, enfocada a la propuesta de soluciones naturales para la defensa de la costa frente a la erosión y la inundación.




Y para cerrar la tarde de Viernes, terminé recorriendo los pasillos que me vieron crecer y saludando a todos los profesores que me habían dado clase y a quienes agradezco enormemente haberme guiado hasta lo que soy hoy en día.




Muchas gracias a todos y espero volver pronto