martes, 15 de marzo de 2016

DUATLÓN DE MORCÍN: Despacio pero seguro


Se me hace raro empezar la crónica del debut en duatlón de esta temporada. Tras no entrar en la convocatoria de la selección cántabra de cross, decidí volver a casa ese finde y aprovechar la disputa del Duatlón de Morcín para dar el pistoletazo de salida a esta nueva parte de la temporada.
El enfoque de esta carrera fue completamente distinto a como habitúo. Hasta hoy, todas las pruebas que he corrido las he hecho con un periodo de descanso previo. A Morcín llegué tras una semana cargada de entrenamientos y sin descanso, sin quitar las dos sesiones de gimnasio y con un entreno de transición correr-bici-correr. ¿y por qué? Pues por el simple motivo de que, aunque llegase descansado, mi torpeza, miedo o… llamémoslo prudencia en las bajadas en bici iba a hacer que mi rendimiento en Morcín no estuviese condicionado por la carga de entrenamiento ni el descanso, si no por la peligrosa bajada del sector ciclista que había que hacer un par de veces. Por tanto, con la única premisa de darme cera corriendo y en bici sólo subiendo, me planté en Santa Eulalia el Sábado por la tarde. Buen día para la práctica del duatlón tras unas semanas de tiempo invernal.

El pequeño pueblo asturiano de Morcín, a las faldas del de la preciosa sierra del “Aramo” y vigilado de cerca por el monte “Monsacro”, había sido testigo, años atrás, de mis aventuras montañeras cuando, con 15 años, subía con mi padre por las “eses” que el pindio camino dibujaban hasta la cima del citado monte. Buenos recuerdos me trae.
Durante el calentamiento me fui poniendo en mi papel: esta carrera me iba a tocar verla desde atrás. Al ser clasificatorio para el campeonato de España de Duatlón, unos pocos deportistas, pero de gran nivel, se dieron cita para ganarse una de las 16 plazas Elite en juego ¡Y qué nivel! Si tiramos de la lista de inscritos vemos a atletas como Iván Cánovas, ex atletas olímpicos como Berlanas o duatletas extranjeros de Élite mundial como el reciente fichaje del triatlón Santander, Karich Moussa, de Barhain. Un cartel de lujo para una prueba modesta pero muy bien montada.
En línea de salida formamos los 31 atletas de categoría Elite para afrontar 5 km de carrera a pie rápidos y más o menos llanos, 20 km de bici con dos vueltas de subida y bajada y 2,5 km finales de carrera a pie por el mismo circuito que el primer sector.

Se dio la salida y tras haberme quedado relegado a la última fila por culpa de la cámara de llamadas, así que los primeros metros los hice a cola de grupo. Giré la cabeza al poco de empezar y no tenía a nadie por detrás ¡qué sensación más rara! Aún así, no me puse nervioso y preferí ir buscando mi sitio a medida que pasaran los kilómetros. Las salidas de los duatlones sprint suelen ser muy explosivas, y esta, más aún. Pasé el primer kilómetro en 3:09 e iba a cola de grupo todavía. Tocaba remontar y empecé a hacerlo a partir de ese instante. El segundo kilómetro fue una sangría de adelantamientos, pasando del 30 al 10 y sin apenas acelerar el ritmo (3:06 el parcial del segundo kilómetro). Sin duda, la gente había salido por encima de sus posibilidades. Cuando enlacé con el grupo del sexto clasificado por fin encontré mi sitio en carrera. A la estela de Rodri, entre otros, completé un primer parcial exigente, pero sin matarme, guardando un puntito para la bici (168 pulsaciones medias, demasiado bajas por la fatiga de toda la semana de entrenamiento). Buena posición al entrar en boxes y con solo Moussa, Cánovas, Tijero, Berlanas y Hossain por delante. Hice mi primera transición del año decentemente, me calcé mis zapatillas Wishper Tri de Catlike y ¡a darle duro cuesta arriba! Nada más salir del pueblo empiezan los primeros repechos. ¡cómo cuesta la adaptación de correr a la bici! Hasta que las piernas se acuerdan de que ahora toca pedalear, las sensaciones son extrañísimas. Quizás el no haber entrenado ninguna transición esta temporada tenga algo que ver, pero bueno, siempre hay una primera vez. En esos primeros repechos de bici agónicos, en los que falta punch y el pulso se pone por las nubes, Rodri y otro duatleta del grupo cogen unos metros de ventaja y empiezan la parte dura de la subida con cierto margen. Tardé en coger tono muscular tanto como en llegar a la zona más “pindia”. Cadencia alta, respiración agitada y “p´arriba”, esa era la premisa. A mitad de subida siento cómo por detrás se acerca compañía… ¡y menuda compañía! Un pelotón de unas 15 unidades me engulle y sin querer me veo subiendo en mitad de una maraña de corredores. EL ritmo es más alto que el que yo llevaba, pero al ir acompañado se sufre mucho menos. La diferencia respecto a ir solo es enorme.

Consigo aguantar los ataques que se producen antes de coronar y disfruto compitiendo sobre las dos ruedas. Sé que llego corto de bici y aún me faltan series y kilómetros sobre la misma, pero he conseguido aguantar al grupo sin problemas y he disfrutado… Y digo he disfrutado porque, aunque aún quedaban 15 km de ciclismo. Tocaba bajar lo subido y, como dije, no me la pensaba jugar lo más mínimo. Lo que tampoco me esperaba era que “no jugármela lo más mínimo” significara perder un minuto en esa primera bajada… “Bye Bye” carrera… Llego abajo solito, pero sano y salvo (objetivo cumplido). Ahora toca volver a subir y exprimirse de nuevo. No veo a nadie por delante al inicio de la subida, pero cuando llevo un par de kilómetros atisbo a unos 30 segundos al grupo con el que había coronado previamente. Me pego el calentón padre para cogerles pero se me termina la subida cuando ya les estaba pillando y toca bajar de nuevo, pero esta vez hasta Morcín, para completar el duatlón con el sector final a pie de 2,5 km. La bajada hasta Morcín la vuelvo a hacer de forma prudente y la diferencia con mis predecesores se me va por encima de los dos minutos.
Llego al box, hago un cambio de material también bastante aceptable y salgo a correr solo. Nadie por delante, nadie por detrás y puesto 21 al que estoy abonado. Me cuesta motivarme durante los primeros metros pero luego pienso que es una buena oportunidad para hacer una serie a pie de calidad, por lo que voy aumentando el ritmo y termino fuerte el último kilómetros en torno a 3:05. Entro en meta con buenas sensaciones. La carrera fue lo que me esperaba en cuanto a resultado y mucho mejor en cuanto a rendimiento. La carga de entrenamiento supongo que se haya notado, pero muscularmente no me sentí tan bloqueado como esperaba y pude correr bastante rápido en los sectores a pie, e ir alegre en bici cuando la carretera apuntaba hacia arriba. Eso sí, el pulso no subía ni a patadas… ¡154 pulsaciones medias en los últimos 2,5 km! El día que las piernas descansen y se pongan al nivel del corazón, me pondrán multa por exceso de velocidad jeje. Pero bueno, ahora toca hacer volumen, meter kilómetros y cargarme de entrenamientos para, dentro de un par de semanas “super compensar” y llegar lo mejor posible al Campeonato de España.
¿Conclusiones? Pues que hay cada vez más nivel en duatlón en nuestro país y cada vez son más los deportistas “top” de otras disciplinas los que se animan a probarlo, como es el caso atletas buenísimos que rinden como si llevaran en ella toda la vida (véase el ejemplo de Cánovas o Berlanas). Por mi parte no me arrepiento en absoluto de haber sido prudente en bici. Ya habrá carreras para lograr puestos que reflejen mi nivel actual. El 21º de hoy es lo máximo que pude hacer, pero la cosa cambiará pronto.
¡A seguir dándole y disfrutando del día a día!
;)

MEDIA MARATÓN DE SANTANDER 2016: Lucha contra el tiempo...


Como un niño con zapatos nuevos me sentía los días previos a volver a disputar una distancia, 21 km, a la que cada vez le voy cogiendo más gusto. Cuando a principios de año me planteé correr la Media Maratón de Santander, lo hice con el objetivo de tener una motivación previa a la parte fuerte de la temporada.
Han pasado dos meses desde que alzaba los brazos en la San Silvestre de Oviedo. Dos meses desde que cumplí uno de mis sueños deportivos y por el que me sacrifiqué duro durante el inicio de la temporada. Pero el 1 de Enero me devolvió de golpe a la realidad. Si bien la meta de mi planificación la tenía planteada para el Mundial de Duatlón de Junio, la veía tan distante en el tiempo que, ese 1 de Enero se abría un abismo sin final ante mí. Intenté mantenerme activo todo este tiempo, corriendo los crosses de Cantabria, pero la fórmula no funcionó. Quizás el desgaste de ver tan lejos tus metas y el pasar de cumplir uno de tus sueños a arrastrarte por el barro fueron una piedra de toque para aprender a dosificar esfuerzos. Y como esta temporada es de aprendizaje, primera lección aprendida.
Con los crosses olvidados ya, la Media Maratón de Santander suponía un halo de ilusión antes de meterme de lleno con los duatlones. Mi estado de forma, pese al pequeño bajó en Enero, es bueno, y las semanas previas había conseguido recuperar las sensaciones corriendo, gracias, entre otras cosas, a las series cortas, que “engañan” al cuerpo y le dan algo chispa que había perdido. Por tanto, llegó el fin de semana de la Media y las pilas estaban más que cargadas.

La mañana del domingo fue climatológicamente infernal. El pico del temporal de frío, viento, lluvia y nieve que golpeó el Norte de España, coincidió con el día clave. Con hora prevista de salida a las 9:30h, no hubo mucho tiempo para pensárselo. Madrugón antológico para tomarme mi taza de avena con leche y un poco de chocolate, tres horas y media antes de la salida. Correr en Santander tiene la ventaja de que puedes salir directamente de casa hacia la zona de la carrera y apurar las últimas horas de descanso… Pero esta vez apuré demasiado. Eran las 9:00 cuando me disponía a salir del portal y aprovechar el trayecto para calentar. Pero fue asomarme a la calle y empezar a diluviar como nunca. Volví a refugiarme al portal, pues en vez de calentar lo que haría sería coger una mojadura y enfriarme más. “Parará pronto” pensé… Iluso de mí. Dieron las 9:15 y seguía lloviendo, por lo que no tuve más remedio que salir de mi escondrijo y dirigirme a línea de salida directamente.
Empapado y muerto de frío llegué justo a tiempo para situarme en segunda fila. Es la primera vez que no hago un previo de carrera charlando con la gente y disfrutando del ambiente, pero el día no se prestaba a ello. Los dos minutos que nos tuvieron parados antes de salir se nos hicieron eternos. Miré a mi alrededor y allí, entre nosotros, estaban grandes atletas maratonianos españoles como Fabián Roncero, Martín Fíz o Abel Antón. Todo un lujo compartir carrera con ellos.
Y poco más me dio tiempo a ver, porque cuando me quise dar cuenta, ya salíamos escopetados del Paseo de Pereda para cubrir, entre un “jarreo” incesante de lluvia, los 21097 metros de los que consta una Media Maratón.

Mi objetivo para esta carrera no estaba claro, y más con el día tan terrible que había salido; por lo que procuré adaptarme e improvisar según se fuera desarrollando la carrera. En el kilómetro 1 quedaron definidos varios grupos, y mi lugar ese día estaba en el grupito de Manu Heras, Fabián Roncero y Pablo Martínez Serna. Nos juntamos muy pronto los tres y nuestra compañía perduró bastantes kilómetros. Tras recorrer toda la Calle Castilla a un ritmo cómodo de 3:30, enfilamos la subida de Valdecilla en el kilómetro 3 y nos lanzamos San Fernando abajo para volver a pasar por meta, coincidiendo con el punto kilométrico 5,5. En ese momento, los corredores de la prueba de 5 km entraban en meta y nosotros seguíamos en dirección a la temida S-20. Pero lo que climatológicamente estaba siendo un infierno, físicamente y a nivel de sensaciones estaba siendo una maravilla. Además, tener como compañeros de viaje a dos personas con tanta experiencia como Manu y Fabián, y el ambiente distendido y de cachondeo que llevábamos, hacían que los kilómetros pasaran sin enterarnos. Por delante había un gran salto de nivel y no me merecía la pena morirme yo solo durante 21 km. Por tanto, la estrategia de la que dudaba antes de comenzar, estaba clara, ir bien acompañado y entretenido.




Cuando pasamos por Piquío (km 9) una nueva invitada se unió a la grupeta. La líder femenina y reciente subcampeona del maratón de Sevilla, Kaoutar Boulaid, enlazaba con nosotros. ¡Qué pasada! Estaba corriendo junto al plusmarquista europeo de media maratón (Fabián Roncero), junto al mejor maratoniano cántabro actual y liebre de la atleta olímpica Paula González Berodia (Manu Heras) y junto a la vigente subcampeona de España de Maratón (Kaoutar Boulaid), por lo que no podía sentirme más privilegiado en ese momento.

El ritmo seguía siendo cómodo al paso por el kilómetro 10. Aproximadamente 35’30’’ y con el pulso por debajo de 160 pulsaciones, muy lejos de mi umbral. Pero me daba igual, me lo estaba pasando como los indios y eso es lo que importaba. Comenzamos los 3,5 kilómetros de ida por la S-20 con bastante viento en contra y, sin querer ser tacaño, me puse a marcar el ritmo del grupo. Sabía que me estaba desgastando algo más que el resto, pero me daba igual.
Entre glorieta y glorieta fuimos “comiendo” metros a la parte más dura del recorrido hasta que, poco antes de dar la vuelta, empezamos a cruzarnos con los primeros, que ya volvían. Fue entonces cuando fuimos conscientes por primera vez de en qué posición íbamos y qué nos estábamos jugando. Dentro de ese ambiente distendido que estábamos llevando, empezamos a concienciarnos de que en realidad competíamos por el 8º puesto de la general y el 3º puesto de atletas empadronados en Cantabria, que daba derecho a premio en metálico de 75 euros. Desde ese instante el panorama cambió. Sólo uno de nosotros se iba a llevar el suculento botín… ¿alguna apuesta?

Para empezar, yo tenía pensado tomarme un gel en el km 14, que coincidía ya dando la vuelta y con viento a favor; aunque, al ver que Manu se lo tomaba en el 12, decidí copiarle la estrategia. Tampoco sabía si lo hacía a posta o no, pero ante un previsible ataque más adelante, preferí tener ya el gel dentro de mí. Como bien predije, el ritmo cambió a partir del punto de retorno. Manu nos puso en fila de uno y el primero en ceder fue Fabián Roncero. Ya solo quedábamos Pablo, Manu, la chica y yo. Llegamos al parque de Las Llamas (km 16) y el ritmo era alto, en torno a 3:15, aunque asumible, pues no había habido mucho desgaste. Lo que empezó como un bonito paseo entre la lluvia se había transformado en un bonito duelo entre nosotros. Empezamos a vigilarnos, sabíamos que la subida de Reina Victoria sería definitiva, y nadie quería gastar fuerzas, por lo que al paso por Piquío se produjo un parón. Nos íbamos controlando tanto que la chica, Kaoutar, decidió irse a su ritmo y se escapó con facilidad. Nosotros a lo nuestro, subimos timoratos la cuesta hasta el desvío de la Magdalena y, a falta de 3 km lo probé. Pequeño tirón con el que Pablo se quedó un poco descolgado. Manu seguía enganchado a mi rueda y en ese tramo el viento soplaba en contra. Quizás me la estaba jugando demasiado, pero había que correr un poco, que ya habíamos ido demasiado tiempo de paseo. Con menos de tres kilómetros por delante, volví a cambiar y, ahí sí, a un ritmo de 3:10 fui abriendo hueco con Manu. Pero no sería fácil mantenerlo, porque un invitado inesperado hizo acto de presencia. Los calambres en las piernas a falta de 2 kilómetros y el bloqueo muscular debido al frío, hacía que correr rápido fuese imposible. De hecho, iba a la misma velocidad cuesta abajo que en llano, no tenía capacidad de mover las piernas con más cadencia, y todo eso sin pasar de 170 pulsaciones, por lo que la sensación era de ir holgado de caja, pero bloqueado de piernas.



Enfilo la recta del paseo de Pereda, voy noveno y por detrás ya no me pillan. Incluso me permito el lujo de recortar muchísimo a mis dos predecesores, uno de ellos Mohamed. ¡Qué pena! Me faltó un kilometro más para pillarle y conseguir el segundo puesto de entre los cántabros. Aún así, tercero y 75 euritos inesperados a la saca. Del tiempo mejor ni hablamos…. Algo más de 1h 14, aunque eso es lo de menos. La carrera tuvo de todo, momentos de disfrute, condiciones climáticas cambiantes, buena compañía y finalmente disputa por un buen puesto en meta. Por tanto, las conclusiones que saco son que me lo pasé pipa y que no podría haber hecho un mejor entreno de domingo.



Ahora, con más ilusión que nunca, cierro la temporada de atletismo (salvo alguna carrera puntual que pueda surgir) y me centro en los duatlones. Dentro de 4 semanas es el Campeonato de España en Cerdanyola, al que espero llegar lo más fino posible.
Pero antes habrá un par de sopresitas más…
…y que dure…


domingo, 14 de febrero de 2016

CTO REGIONAL DE CROSS LARGO DE LOREDO 2016: Apurando la máquina

Y llegó la cita que todos los crossistas cántabros estaban esperando: El Regional de Cross Largo de Loredo. La baja afluencia de corredores en las dos pruebas anteriores de Colindres y Punta Parayas hacía presagiar una participación masiva en el Cto Regional de la especialidad. La gente se guardó para afrontar una prueba que, por las condiciones meteorológicas que se dieron, fue mucho más dura de lo que estamos acostumbrados esta temporada.

El domingo 14 de Febrero amaneció invernal. Un invierno que, hasta ahora, nos había sido esquivo, pero que por fin ha llegado para quedarse por un tiempo. Frío, lluvia y viento, precedido de una semana de intensa precipitación, dio como resultado un circuito con zonas muy blandas y llenas de barro. Lejos de parecerse a la odisea del cross de Punta Parayas del pasado año, pero con garantías de convertirse en el cross más "pestoso" de cuantos hemos corrido.



Personalmente, tras una semana de reflexión, en la que las buenas sensaciones corriendo me están siendo esquivas, llegué timorato a Loredo, pero con un objetivo claro: no dar nada por perdido antes de empezar. La ilusión de volver a ser convocado con la selección para el Cto de España era el mejor aliciente que me podía encontrar, pero las condiciones de barro no me van... ya lo tengo comprobado, aunque no asumido, por lo que la lucha iba a ser doblemente dura para mí. Prefiero los circuitos duros, como el del Cto de España del año pasado de Alcobendas o el que será, este mismo año, sede del Cto de España, en Calatayud. Pero la clasificación para el mismo se juega en terreno blando y es lo que hay...

Tras un calentamiento largo y cierto retraso, fuimos llamados a la línea de salida casi un centenar de atletas. No faltaba nadie, estaban todos los gallos y el corral era muy pequeño. Con Crespo como favorito, en esta ocasión el buen estado de forma de Hachoumi o Tiko, podían hacer peligrar su reinado regional. También el inagotable Ricardo Lanza o Pepín Fuentes Pila optaban a hacer sombra al más grande crossista de la región.

Se dio la salida en un momento de tregua meteorológica. Salí decidido a luchar y me coloqué en el grupo de cabeza nada más empezar. Dimos la primera vuelta al circuito corto bastante agrupados todos y a un ritmo muy asumible. Las sensaciones eran buenísimas y el escaso barro en esta zona me hacía rodar cómodo a la estela de Tiko. Pero cuando salimos del circuito corto y nos metimos en zona fangosa el panorama cambió. No sé correr por barro, y en las pozas me descuelgo unos metros que me obligan a pegarme un buen calentón para volver a enlazar con el grupo de cabeza. Primera vuelta completa salvada por los pelos. Sigo enganchado al trenecito de los mejores, pero aún quedan 4 pasos más por la zona de barro en la que sufro como un perro.



Empezamos la segunda vuelta. Adrian y yo seguimos en la pomada, codo a codo. Pero al llegar por segunda vez al barro se hace un corte. Se van cinco por delante y a mí me cuesta reengancharme al segundo grupo, el de Manu Gómez, Adrian, Zorrilla... Lo consigo en la parte más seca pero a base de luchar contra el viento. Llego al refugio del grupo cuando sopla a favor y eso me mata. Ni un respiro, pero aguanto. Segunda vuelta salvada.



Intento oxigenarme al inicio de la tercera y hacer números. Si aguanto en el pelotón tengo muchas opciones de meterme en el top 10 y hacer méritos para ir al Cto de España. Mis compañeros de viaje piensan lo mismo y nadie va a regalar nada. La verdad es que estoy disfrutando de la carrera.




 Pero el disfrute se termina en cuanto empieza el barro. Vuelvo a quedarme unos metros, aunque esta vez, el esfuerzo de reengancharme al grupo me deja fundido y me quedo solo... Se terminó mi carrera... Dos vueltas por delante y estoy completamente solo, en tierra de nadie. Peleo cada recta, respiro en las curvas y aprieto el culo para pescar a posibles cadáveres del grupo que me precede. Pero el papel de "cadáver" me tocó ejercerlo a mí, viendo, por ejemplo, como Ivan Araújo me quita las pegatinas viniendo desde atrás. Intento seguirle pero me es imposible. Sigo a mi ritmo, voy el 15º y dándolo todo, que, aunque no es lo suficiente, es todo lo que tengo. 



Empezamos la última vuelta y una mirada de reojo a la retaguardia me hace espabilar. Viene por detrás un grupo con Andrés Mediavilla, Luis Javier Casas, Fran... Ya me puedo poner las pilas si no quiero que esto sea una sangría de perder puestos. Aprieto de nuevo una nalga contra la otra. Esto se acaba señores, entramos en los últimos 400 metros. Mediavilla me remata sin pudor, pero consigo salvar la papeleta y que ningún otro del grupo que me perseguía me adelante.



Decimosexto puesto. Es lo que hay. En el barro no doy más. Me voy para casa satisfecho, porque lo he luchado y sufrido, pero con la rabia de no haber hecho méritos para estar con los mejores de la región. Voy asumiendo mi papel y, como digo, cuando lo das todo no tienes por qué sentirte insatisfecho.

Ahora los técnicos de la federación decidirán quienes son los 9 mejores para representar a Cantabria en el nacional. El nivel este año está muy alto, lo he intentado en todos los crosses y ahí está mi candidatura. ¿imposible? igual sí, pero la ilusión es lo último que se pierde.

" Alea jacta est"


¡¡A por la siguiente!!

Muchas gracias a mi presi, Pablo, por las fotos y los ánimos, al igual que a todos los valientes que estuvisteis animando en la infernal mañana de Domingo. ;)

sábado, 13 de febrero de 2016

CROSS DE PUNTA PARAYAS 2016: Las pilas estaban en modo "off"

Seguimos adelante con la temporada y esta semana tocó hacer parada en el Cross de Punta Parayas. Aun con el recuerdo de la "chocolatada" del año pasado, cuando tuvimos que correr en un barrizal indomable, decidí volver a participar en este duro Cross de 10 kilómetros y constantes subidas y bajadas.



Al ser la semana previa al Campeonato Regional de Loredo, la participación fue bastante escasa y, tan solo la presencia de Javi Crespo (Piélagos), el foráneo David García (Durangaldea Running) y Nouredinne Hachoumi (Cárcoba), le daban algo de caché a la carrera. Con algo de retraso nos colocamos los 30 atletas presentes en línea de salida para dar cinco vueltas a un circuito que, aunque sin barro, sí resulta ser bastante pesado, con un terreno muy fangoso y donde no es cómodo correr. Sigo pensando que por mi técnica de carrera me van mejor los crosses con firme duro que blando, pero como no puedo estar parado, me apunto a todo.



Salida rápida hasta la primera curva. Me coloco detrás de Chisco (Saporo) y Javi Cobo (Villa de Cabezón). Prefiero ser conservador e ir de menos a más. Doy la primera vuelta con ellos pero me doy cuenta de que por delante están abriendo demasiado hueco. Mi compañero de entrenos, Adrian (Cárcoba), que cada semana se ve que va a más, está ya una centena de metros por delante, por lo que no puedo dormirme si quiero recuperar posiciones. Al inicio de la segunda vuelta dejo a mis compañeros de viaje y me voy en solitario a por los de delante. Van cayendo poco a poco atletas como Youssef El Garnaoui (Cárcoba), Ivan Martínez (Reinosa) o David Mosquera (Colindres). Me coloco sexto a falta de dos vueltas y tengo cada vez más a tiro a los dos "Adrianes", el del Cárcoba y el del Saporo. Los metros que nos separan se van reduciendo, las sensaciones no son malas, pero al llegar a la cuarta vuelta ambos aceleran y al ver que no soy capaz de contactar, mi cabeza desconecta, mis piernas también y, sin quererlo, doy una última vuelta apática y sin chicha, como si la mente estuviera ya puesta en el Regional del próximo Domingo en Loredo. No sé salir a las competiciones a guardar balas, pero hoy, inconscientemente lo hice, lo cual no me deja nada satisfecho con el resultado. Las sensaciones no eran malas, la carrera estaba saliendo de menos a más pero cuando tocó rematar no supe.




Pero bueno, una experiencia más y un sexto puesto  "pa la saca", que todo suma. Espero el próximo Domingo demostrar mi estado de forma real y exprimirme al 100%


Saludos y buena semana a todos

domingo, 31 de enero de 2016

39º CROSS DE COLINDRES: Un sexto puesto para resarcirse

Aunque la carrera de los 10 km Oviedo-Las Caldas fue como un caramelo que endulzó el sabor amargo del Cross de Ajo, aun me hacía falta acabar de "limpiar" esa amargura con una carrera de las mismas características, es decir, con un cross.



Novedad para mí la de participar en el Cross de Colindres, que este año cumplía su trigésimo novena edición, que se dice pronto, siendo, a su vez, campeonato regional de veteranos. Sobre una distancia de 10000 metros y un circuito enrevesado, con giros y obstáculos (sí sí, obstáculos de los de saltar), formamos en la línea de salida un puñado de atletas Sénior, entre los que destacaban Luis Javier Casas, Hachoumi, Mohamed, David Álvarez o Manu Gómez, que reaparecía tras unas temporadas intermitente. No éramos muchos pero sí había nivelillo. Faltaban los más gallos de la región, pero los citados, más algún actor secundario que quiso ser protagonista, como mi compañero de entrenos Adrian, pusieron emoción a una bonita carrera de Domingo "Inviernoprimaveral".



A las 12:40h se dio el pistoletazo de salida. Con la lección aprendida de Ajo, donde sufrí como un perro al final, decidí salir ultraconservador e ir progresando con el paso de los kilómetros. Los primeros giros y prácticamente la primera de las cinco vueltas fuimos en pelotón. Nadie tomaba la iniciativa hasta que David y Luis Javier nos sacaron de nuestro letargo y nos pusieron en fila de uno. Aunque iba muy bien de fuerzas y cómodo, en esto del cross estoy aprendiendo que las sensaciones engañan y que mejor que sobre y no que falte, pues las sobras hay tiempo para gastarlas, pero los excesos se pagan con intereses muy altos.



Y con esa idea en la cabeza me puse detrás de mi compañero Adrian, que a su vez seguía a Manu Gómez y Mohamed. Formamos un cuarteto del cuarto al séptimo donde yo fui siempre a cola. Pero las buenas sensaciones del principio duraron dos vueltas... en la tercera, empecé a hacer la goma con mis compañeros de grupo. Se me iban en las rectas y yo los pillaba en las curvas. Me costaba seguirles y estaba sufriendo más de la cuenta ¿iba realmente mal? Pues no, porque giraba la cabeza y veía que nuestros perseguidores, normalmente atletas de mi nivel en este tipo de crosses largos, estaban cada vez más lejos. El ritmo era alto y constante. Los tres primeros tampoco nos sacaban mucho y yo, sorprendido con el rendimiento de Adri, sufría para aguantarles el ritmo.



Antes de iniciar la quinta vuelta, presencio como, unos metros por delante, Mohamed y Manu dejaban a Adrián un pelín descolgado. Solo dos kilómetros para meta y, aunque iba fuerte, un cambio de un kilómetro sí que me había guardado. Por tanto, cerré rápido el pequeño hueco con Adri y, tras recuperar un poquito a su estela, me fui a por los dos escapados. 




Tan solo un kilómetros y el pulso iba por las nubes. Siento como les voy pillando a medida que nos acercamos a las últimas curvas. El cuarto puesto está en juego y quedan 400 metros. Consigo casi enlazar con ellos, los tengo a tiro, pero venir tan forzado desde atrás no me permite hacer el último cambio que Manu y Mohamed sí tienen y me es imposible pasarlos, entrando a 2 segundos de ellos en sexta posición.




¡BIEN! Buena carrera, creo que rindiendo al 100% para ser cross y ser tan largo. Con el paso del tiempo me voy dando cuenta de qué tipo de corredor soy, y sin duda, el cross no es mi terreno. Por mi forma de correr me adapto mejor al asfalto, pero eso no quita para que siga sufriendo y disfrutando en cada cross de esta región. Un sexto puesto que acaba de limpiarme del todo el mal sabor de boca de Ajo y me da confianza y ánimo para dar un pasito más en estas dos semanas que faltan para el regional de Loredo, donde espero llegar a tope. Y nada más, otro Domingo de carreras y bien acompañado por mis padres, que no sé como aguantan este ritmo.



Muchas gracias a bertafotografías por el fotón que nos ha sacado. Creo que no hace falta buscar mucho para saber cual de todas las fotos que he publicado es la suya. 


Nos vemos en la siguiente... y que dure...

miércoles, 27 de enero de 2016

IV 10 km Oviedo-Las Caldas: No hay nada como correr en casa para quitarse la espinita

Lo bueno de estar inmersos en una temporada tan cargada de carreras es que, en apenas una semana, podemos resarcirnos de cualquier mal día que tengamos. Y ese fue el tiempo que tuve desde que el Domingo 17 de Enero terminara el Cross de Ajo arrastrándome por la preciosa campa del Faro.

La carrera de 10 kilómetros de Oviedo a Las Caldas sería el escenario perfecto para recuperar la moral. Como siempre, volver a casa y competir en mi ciudad es especial. Quizás nada supera las sensaciones de la San Silvestre, pero estos 10 kilómetros llegaron en el mejor momento y me ayudaron a afrontar motivado la semana previa de entrenamientos. Durante la misma completé dos sesiones de rodillo: una regenerativa y otra en ayunas. También dos sesiones de carrera a pie: una, el Martes, que consistió en un fartlek con 6x1000 trabajando en el umbral anaeróbico, y otra, el Jueves, con un rodaje de 50 minutos tranquilo. De natación hice dos entrenos y de gimnasio otras dos sesiones. En resumen, una semana bastante tranquila, donde el objetivo era tratar de descansar y recuperar las sensaciones perdidas.



Y el objetivo se cumplió… La mañana del domingo, día de la carrera, madrugué para testar las piernas con un rodajillo de activación, un par de horas antes de la salida. Las sensaciones de cansancio que fui acumulando durante la semana habían desaparecido y la maquinaria parecía estar bien engrasada. Pero el engrasado tenía que ser perfecto, pues el nivel de participación se preveía mucho más alto que el de las carreras navideñas. Cuando alcanzas un cierto nivel vas a las pruebas conociendo el panorama y sabiendo quienes pueden ganarte y quienes te van a ganar. En esta ocasión, la presencia del fondista asturiano más en forma actualmente, Martín Álvarez Espinar, del Piloña, (campeón del regional de Cross largo el fin de semana anterior) reducía las posibilidades de triunfo. Pero su presencia me motivaba, al igual que la de otros atletas como Adrián Silva (Universidad de Oviedo), el leonés Rabanal o Raúl Lazo. A última hora también se unía a la fiesta mi amigo Sergio Santiago, todo un sub 32 en 10 kilómetros que llegaba en forma y con ganas de luchar por la victoria.

Sin duda, el panorama era atractivo para el espectador, con cinco o seis atletas muy igualados y donde, un mal día como el de Ajo me haría quedarme lejos del pódium.

En una mañana calurosa y soleada nos fuimos colocando los más de 900 participantes en línea de salida. El speaker, Vicente Capitán, ilustre atleta, destacaba por megafonía la presencia de Martín Álvarez y también tuvo el detalle de nombrarme como vigente ganador de la San Silvestre. Creo que lo de correr de tapado en Oviedo se me ha terminado.



A las 11:30h se dio el pistoletazo de salida de la cuarta edición de los 10 km Oviedo-Las Caldas, que estrenaba inicio de recorrido. Esta vez salíamos hacia arriba desde las piscinas de San Lázaro, coronando en Pedro Masaveu, recorriendo toda esa calle hasta justo delante de mi casa y luego bajando por el Parque de Invierno para coger la senda que nos conduciría hasta Las Caldas. La incógnita sobre la estrategia de Martín quedó disipada de un plumazo en los primeros 400 metros, donde tomó las riendas del grupo y, antes de llegar al kilómetro 1 ya había hecho una selección en la que conseguí colarme. A rueda de Martín se colocó Adrián, detrás Rabanal, yo y Sergio Santiago. Salimos a machete, por lo menos esa fue mi percepción mientras bajaba despendolado por las cuestas del Parque de Invierno, tratando de no perder comba. Martín era mejor que nosotros, pero cuanto más tiempo le aguantásemos mejor.

Empezamos la senda en fila de uno y pronto pasamos de ser 5 a ser 4. Sergio Santiago abandonó nuestra compañía y se dejó caer ante el exigente ritmo de Martín. Yo sufrí como un perro los dos primeros kilómetros para agarrarme a la rueda de Adrián, con quien podría tener una lucha cerrada toda la carrera. Llegamos al kilómetros tres y fue entonces cuando Martín empezó a poner tierra de por medio. Poco a poco se fue alejando. Adrián y yo nos quedamos solos, pues Rabanal también había cedido un kilómetro antes. Fue entonces donde comenzamos nuestra particular lucha por repartirnos las dos plazas de pódium que quedaban libres.



Pasado el puente que cruza la autovía (km 4 aproximadamente) Adrián me pide que pase yo a tirar. Aunque iba justo, preferí pasar, para aparentar ir bien y hacer ver que tenía más fuerza de la que realmente había en mis piernas. Mantuve un ritmo constante de en torno a 3:05’/km hasta llegar al primer túnel, momento en que Adrián tomó la iniciativa y se puso a tirar. ¡Madre mía que duro va a ser ganarle!, pensé. Pero el gesto que hizo de girar hacia atrás la cabeza, buscando la referencia con el cuarto clasificado me dio pistas de que él iba tanto o más justo de fuerzas que yo, por lo que, de nuevo para aparentar, me puse a tirar con todo, pegando algún ligero arreón sin otra intención que probar al atleta de la Uni. Y, a falta de dos kilómetros, la estrategia funcionó. No suelo mirar hacia atrás, pero la respiración de Adrián cada vez se oía más lejos, síntoma de que estaba cediendo. Entonces decidí aún más apretar un poco y abrir un hueco suficiente para no llegar al sprint. El pulso se me disparó  bajando a tumba abierta por el campo de golf. Las bajadas parecían llanos y los llanos montañas ¡qué agonía! 




Empieza el último kilómetro, entro en el pueblo de Las Caldas y empiezo a ver al público agolpado al inicio de la subida de 200 metros pre-meta, una pequeña trampa con la que hay que contar. Miro hacia atrás, por si acaso, y ratifico que Adrián está lo suficientemente lejos como para amenazar mi segundo puesto, así que encaro la subida a ritmo y con calma, hasta que a falta de 30 metros vislumbro el crono de meta: 30:54, 30:55, 30:56… Es en ese momento cuando despierto de mi letargo y trato de arañar esos segundos al crono para intentar pararlo sub 31, pero no lo consigo, y el tiempo oficial me marca 31:00 ¡qué rabia! Aunque no sea un 10 km oficial, siempre hace ilusión estar un segundillo por debajo de un número tan redondo como es el 31.



Aun así estoy contentísimo por el puesto, por la carrera, por el tiempo y, sobre todo, por haber recuperado las sensaciones y volver a ser competitivo. Martín Álvarez ganó incontestablemente con 20 segundos de ventaja, y poder compartir pódium con él y Adrián es un lujo.



Para terminar llegó la entrega de premios, donde la organización, con Alberto Suárez Laso a la cabeza, se lució, agasajando a los tres primeros de cada categoría con diversos premios de los que gustan, es decir, de los de comer, lo cual se agradece enormemente y anima a volver a repetir el próximo año en una prueba, cuya edición de 2016 voy a recordar con cariño.



El próximo domingo más y mejor ;)


miércoles, 20 de enero de 2016

REGIONAL DE CROSS POR CLUBES 2016 (AJO): Unas veces se gana y otras se aprende... esta vez tocó aprender

¡Cómo cuesta arrancar un nuevo año tras unas vacaciones casi perfectas deportivamente hablando! Quizás el factor psicológico solo lo tengamos en cuenta cuando nos golpea duramente y no cuando estamos en estado de gracia. Esa motivación que te ayuda a superar tus límites solo se percibe cuando te da la espalda, y eso fue lo que sucedió en el Cross de Ajo.

Tras una primera semana de vuelta a la rutina poco menos que desastrosa, afronté la previa del Campeonato Regional de Cross con la ilusión de recuperar sensaciones y demostrarme que la forma no la he perdido.

El Domingo por la mañana desperté como nuevo; y eso que el viernes había hecho un test de esfuerzo hasta el agotamiento y me sentía pletórico por el buen resultado del mismo. Sin embargo, y aunque mi cuerpo me decía que estaba todo OK, al final no fue así.

Tras un calentamiento tranquilo con Sergio Bolado, me calcé los clavos y me puse en el cajón de salida, junto a mis compañeros de equipo, con quieres iba a luchar por conseguir la mejor posición posible a nivel de club, en el Campeonato Regional de Campo a Través.



Por delante algo más de 10 kilómetros, dando 5 vueltas a un circuito con muchas trampas. La aparente llanura de la campa del faro de Ajo era solo eso, una apariencia, porque el trazado, además de los “tropocientos” giros de 180 grados, era un constante sube y baja.

Se dio el pistoletazo de salida y arranqué fuerte para coger posición antes de que la estrechez del recorrido produjera algún embudo. Así, conseguí instalarme a cola del grupo cabecero, donde, sorprendentemente fui muy cómodo desde el principio. Completamos la primera vuelta y me veía rodando con Xavi Crespo, Pepín, Tico… Se había formado un grupo de unas 10 unidades y yo estaba en el corte.



Al inicio de la segunda vuelta las sensaciones seguían siendo buenas pero antes de que esta terminara se desataron las hostilidades. Hachoumi cambió el ritmo y todos reaccionaron. Yo lo intenté pero tuve que ver como el hueco con mis predecesores crecía a cámara lenta. Fue este un punto de inflexión del que ya no me recuperé. De repente, sin explicación alguna (sin explicación en ese momento, a día de hoy ya sé el motivo) me vine abajo. Un bajón similar al que sentí en aquella primera media Maratón, en el Triatlón de Buelna en 2009, o la explosión de este año pasado en la carrera a pie del Triatlón de Laredo. Una sensación conocida, pero a la que no estaba habituado últimamente. Pese a ello, me empeciné en mantener dignamente el ritmo y, durante la tercera vuelta fue a la estela de Pablo Martínez Serna. Mero espejismo fue el intento de seguirle, pues, con 4 kilómetros aún por delante, mis piernas dijeron basta y mi cabeza empezó a volverse loca. Cada recta, cada subida, cada giro era una tortura. Miraba hacia atrás y veía a un grupo de miuras que me envestirían de forma inminente.





La última vuelta fue un calvario y una sangría constante. Acostumbrado a correr recogiendo cadáveres, esta vez me tocó a mí ser el muerto. Perdí la cuenta de cuantas “camisetas” distintas me adelantaron en los últimos giros. Sabía que el final estaba a pocos metros, pero no había chicha para luchar por ninguna posición. Arrastrándome entré en meta el 20º, habiendo sufrido en 3/5 partes de la carrera como pocas veces recuerdo. 



Quizás un abandono hubiese sido lo más lógico, pero por mis narices que en una prueba de atletismo no me retiro. Creo que ya agoté el cupo de abandonos cuando era esquiador y la suerte jugaba un papel primordial. Ahora, que las carreras que hago dependen única y exclusivamente de mi esfuerzo, pienso lucharlas hasta el final y llegar lo más dignamente posible, pero siempre llegar.

Fue una carrera dura pero de la que más he aprendido en lo que llevo de temporada. Sé lo que hice mal y sé lo que hay que evitar hacer la próxima vez, por tanto, lección aprendida y con más ganas que nunca ¡a por la siguiente!

Muchas gracias a Andrea por las fotos que le he "robado" para amenizar esta crónica ;)



I Cross de Reyes de Sariego: No hay 3 sin 4 ¿es así el refrán?

Aprovechando los últimos coletazos de las vacaciones Navideñas por Asturias y aún con la resaca de la San Silvestre de Oviedo, me enteré de la celebración de una carrera de 5 kilómetros en Sariego (Pola de Siero). No tenía muy claro si ir o no; quizás el ritmo de carreras de las dos semanas previas me iba a pasar factura, por lo que aplacé mi decisión hasta el mismo día de la prueba por la mañana.

Preferí no hacer un previo pre-carrera específico, como sí había hecho para la de Nochebuena, Angulera, Mieres y Oviedo, y ver cómo respondía el cuerpo sin todo el ritual. Por tanto, el día anterior, en vez de descansar y hacer los 20 minutos de carrera a pie para activar, me metí casi tres horitas de bici con series en llano y en subida, seguido de un rodaje de 30 minutos a pie y unos progresivos. El cuerpo no iba a estar todo lo descansado que me gustaría pero también me motivaba la sensación de probarme a mí mismo en carrera bajo esas condiciones.

En una mañana gris y lluviosa llegué a Sariego con mi padre, me inscribí y me dediqué a esperar en el coche a que se acercara la hora de calentar. Lo que aparentemente pensaba que iba a ser una carrera más o menos fácil se complicó rápidamente con la llegada de Francisco López de Dios (doce veces ganador de la San Silvestre de Ribadesella), Mohamed Bakkali (segundo en la San Silvestre de Oviedo) y Máximo Cordero. Sin duda iba a tener que exprimirme al máximo para ganar, más incluso que en las citas previas.



Calenté unos 20 minutos, aprovechando para conocer parte del circuito. Se trataba de una carrera de 4800 metros, casi todo por asfalto y con tres duras subidas en las que casi hay que caminar. Pero el desconocimiento previo del mismo (pese a haber sido advertido por corredores que ya lo conocían) me hizo adoptar una estrategia un tanto arriesgada.



En total éramos algo menos de 100 atletas, dispuestos a luchar por las tres cestas de navidad que había en juego. Salida rápida y con terreno favorable los primeros metros. Un corredor de La Cerezal toma la iniciativa en este primer tramo, seguido de Francisco, Moha, Máximo y yo. Me mantengo a la expectativa pues, como siempre, los inicios de carrera los suelen lanzar corredores, que quizás no opten a la victoria, a ritmos altos. Tardé 800 metros en confirmar que tenía buenas piernas y, antes del kilómetro 1, me lancé a la aventura. Sin conocer el recorrido ni las trampas que me iba a encontrar, y consciente de que no estaba al 100%, intenté irme, copiando la estrategia de las San Silvestres de San Juan y Mieres. Para mi sorpresa, al poco de ponerme en cabeza tan solo me seguía Moha Bakkali.



Antes del kilómetro 2 llegamos a la primera rampa. Unos 250 metros "pindios" de narices, donde consigo despegar a Moha y me quedo solo. "Pues nada" ahora toca apretar el culo más de 3 kilómetros por "caleyas" que no conozco.
Trato de ir constante, pero los continuos toboganes me rompen el ritmo. Cae el kilómetro tres y me encuentro con la segunda de las rampas, o mejor dicho, muro. Al coronarlo nos meten por una pista de tierra donde procuro ir saltando los charcos y evitando el barro. Salimos de nuevo al asfalto y por detrás siento el aliento de Francisco López de Dios, a quien no le saco ni 10 segundos. Esto no está siendo tan fácil como en Mieres o en la Angulera. Sufro y sigo apretando hasta que por fin encaro la recta de meta.



Y cuando me las creía felices llega el mayor palo de todos... Me desvían a la derecha para hacer un bucle con otra gran rampa con la que no contaba. Iba justito de fuerzas así que la cuesta terminó de rematarme. Por poco tengo que parar y subir andando. A duras penas consigo coronar, miro de reojo y veo que mis perseguidores están lejos. Me lanzo calle abajo, tan "pindia" como la subida, y ya sí, encaro la recta de meta y gano la carrera.




Sufridísima victoria; diría incluso que la más sufrida de todas las que he conseguido estas navidades. Además un buen entreno de calidad que me he metido para el cuerpo y una bonita cesta de Navidad que me traigo a casa de recuerdo.


Es digno de reconocer el esfuerzo de este tipo de organizadores que montan una carrera sin cobrar inscripción y con premios mucho mejores que los ofrecidos por la mayoría de las pruebas que sí se lucran de ello.

 Por eso ¡GRACIAS!