martes, 16 de junio de 2015

TRIATLÓN DE SUANCES: La máquina carbura ¡2º puesto!

La edición 2015 del Triatlón de Suances fue, sin duda, la mejor carrera en lo que llevo de temporada. Era la cuarta vez que me ponía en línea de salida de este durísimo, pero precioso, triatlón, con unas distancias especiales (1200 metros de natación, 30 kilómetros de bici y 8 kilómetros de carrera a pie). ¡Cómo pasa el tiempo! Aún me acuerdo de aquel "no tan lejano" 2011, entrando al sprint con Dani Lanza, luchando por el puesto 41º. Desde aquel día, que supuso mi debut en triatlón, también corrí las ediciones de 2013 (6º clasificado), 2014 (5º clasificado) y la de este año, cuyo resultado, sensaciones y satisfacción superan con creces a los anteriores.
¡Empezamos!

La semana previa al triatlón de Suances dio para mucho. Una de las mejores semanas de entrenamiento de bici y bastante decente de carrera a pie. No tanto de natación, ya que por las circunstancias que se dieron solo pude acumular 3200 metrillos, que me supieron a poco. Aún así, soy consciente que, tras pasar un pequeño bache de forma (que no he querido reconocer mientras lo pasaba) tras el europeo de duatlón, en Abril, estoy de nuevo en línea ascendente, me encuentro mejor cada día y estoy pudiendo apretar en cada entreno. Además, los resultados están saliendo, con pódiums como los de los triatlones de San Vicente y San Esteban de Pravia. Por tanto, Suances supondría un nuevo peldaño de la escalerita que creo que estoy subiendo poco a poco.

Con ganas, me desperté el domingo de la carrera a las 5:00 am para desayunar. Me gusta hacerlo con mucha antelación y tranquilo. Subí la persiana y pude comprobar, aliviado, que la tromba de agua que había caído por la noche había dado paso a un cielo despejado y a una mañana aparentemente agradable.



Llegué a Suances con Vanesa una hora antes de la salida. Sin prisa fuimos colocando todo el material en boxes, saludando a los miembros de mi equipo y en especial a Iri, a quien no veía desde que hace un año se nos fue para los Estados Unidos. Una motivación extra tenerle animando desde la barrera, al igual que Gonzalo y Agüeros. Afición no iba a faltar, y con mis padres y Vanesa ya puedo estar agradecido. ¡Qué paciencia tienen conmigo, con mis manías y con mis carreras! ¡GRACIAS!

Se fue acercando la hora de la salida, bajamos a la playa de "Los Locos", que más bien parecía la playa de "Los Tranquilos" porque el mar estaba como un plato e ideal para nadar. Tras dar unas brazadas de calentamiento, o de enfriamiento, porque el agua estaba a dos o a tres "suputamadre", formamos los más de 150 triatletas tras una línea imaginaria a la espera de que Fede diera la salida. Correa, Osoro principales rivales para luchar por la victoria, pero también otros como Esteban, Zubi, Loroño, Jorge, Sergio Bolado, Aja, Miguel... podían estar adelante.



Preparados... ¡Peeeeeeeee! ¡Todos al agua! Circuito a una sola vuelta de 1200 metros. La primera boya estaba cerca de la orilla y nos la pusieron para evitar que la gente se metiera contra las piedras de la derecha de la playa, por donde suele haber una corriente a favor cuando nadas mar adentro. Cogí mal esta primera boya, muy abierto, pues tras las leches de San Vicente quería evitar problemas, pero quizás fue una decisión muy conservadora. Una vez superada la primera boya, enfilamos un largo muuuuy largo hasta la siguiente, donde empecé a remontar. Cada poco levantaba la cabeza para orientarme pues no había una traza bien definida y cada uno nadaba muy a su bola. Llego a la primera boya, miro al frente y veo poca gente, unos 20. El largo paralelo a la orilla lo hago a la par de otro triatleta con quien "juego" a intentar adivinar quién es, pero no hay manera. Alargo la brazada y empiezo a pillar al grupito que me precede, al que llego justo al girar en la tercera y última boya y afrontar el interminable "recto" hacia la orilla. Me pongo a pies del último del grupo, voy bastante calentito ya, y nos quedamos cortados de nuestros predecesores. Intento pasarle pero empiezo a dar bandazos sin sentido, así que vuelvo a sus pies. Hoy no tenía la orientación muy afinada, por lo que es mejor que me lleven.... igual aparezco en la Arnía...



Sufriendo cada vez un poco más llego a la orilla, donde identifico a mi compañero de viaje: Iván Peláez. ¡Buena natación entonces!, pienso. Bueno, en realidad lo pienso ahora, porque al instante iba bastante borracho y, al salir del agua, solo tenía entre ceja y ceja coger la bici y ponerme a remontar. Me quito el neopreno en la orilla y subo las escaleras con él en la mano, pero con más pena que gloria. Llego a boxes, busco mi bici... ¿pero dónde cataplines está? No la encuentro, me desoriento. La borrachera al salir del agua hace que mi mente procese las imágenes más lento de lo que van ocurriendo. Cuando por fin encuentro mi sitio he perdido unos 20 segundos. No pasa nada, sigo erre que erre  pensando en remontar.



Me subo a la bici junto a Peláez y a Hedesa, me calzo y me lanzo con todo a por todos. Sé que la clave de llegar a pillar a Sergio pasa por hacer una buena bici. Dos minutos me separaban al salir del agua con Correa, que lideraba la prueba. Sin embargo yo ya sabía que Pello Osoro, que había salido 30 segundo antes que yo del agua, tenía todas las papeletas para ponerse primero en este sector.
Primeros repechos saliendo de Suances y empiezo a pasar corredores. Varios del Santander, también a Ánder, alguno de fuera... Voy fuerte y me encuentro como nunca. Antes de llegar al pueblo de Ubiarco paso a Ruma y ya voy 5º. A unos metros van Esteban Cerro e Iván Cazorla, a quienes adelanto nada más empezar la subida. Llevamos 7 kilómetros y ya voy tercero. ¡Puffff qué calentón! Subo Ubiarco fuerte y abro hueco con los de detrás. Sergio Bolado es peligroso en bici y sabía que venía cerca, así que había que abrir hueco. Al frente no veo a nadie. Sergio y Pello no están en mi campo de visión.



Afronto la bajada hacia Viveda con la intriga de ver cuando me cruzo con los líderes. Pello va primero (lo que me imaginaba) y me saca un mundo, pero a Sergio Correa calculo que le he recortado un minuto. Empezamos la vuelta y me sirve también para coger referencias con los de detrás. Bolado viene cerca, pero le tengo controlado. Sabiendo que podía pagar el sobreesfuerzo en la carrera a pie, decido bajar una marcha y regular en la subida. Me siento cómodo y con la sensación de ir guardando. Así llego al alto y empiezo a bajar hacia Suances. Sergio ya está a tiro, a pocos segundos, y todo huele a que va a haber un bonito duelo a pie.

Y cuando apenas quedan 3 kilómetros para llegar a boxes siento una explosión en la rueda de atrás... ui ui ui... Tubular pinchado... ¡Mierda! Queda poco para llegar y aunque no tenga nada de aire noto que puedo dar pedales; despacito, pero puedo. Así que. con más pena que gloria, llego a boxes, donde soy sobrepasado por Sergio Bolado. El imprevisto me cuesta unos 30 segundillos que voy a tener que sufrir en la carrera a pie para recuperar. Pero no pasa nada, en lugar de hundirme pienso en la suerte que he tenido de pinchar tan cerca de boxes y haber podido llegar entero y sin fastidiar la rueda.



Salgo a correr cuarto, tras Sergio Bolado. Pronto le paso y empieza la lucha por el segundo puesto con el otro Sergio. Unos 30 segundos por delante rueda Correa, a quien voy pillando poco a poco en la primera vuelta. Mis piernas sufren, mucho más de lo que me esperaba tras las buenas sensaciones en bici, pero da igual, hay que luchar. Los metros siguen cayendo y también la diferencia. Son solo 6 segundos los que nos separan al terminar la primera vuelta... y aún quedan 4 kilómetros. En triatlón, normalmente, cuando alguien te pilla a pie por detrás es porque tiene más ritmo y es complicado, física y psicológicamente, mantenerle. Eso pensé que iba a pasar cuando cogiera a Sergio, pero no fue así. Sergio es el triatleta más duro que conozco y, lejos de seguir a su ritmo, se pegó a mí como una lapa y empezamos los tres últimos kilómetros juntos. La seguridad con la que venía recortando por detrás desapareció de un plumazo por la entrega y pundonor de Sergio. Empecé a dudar que pudiese aguantarle hasta el final, así que a falta de 2,5 kilómetros, en plena cuesta, pegué un tirón. Fue una bala de fogueo para ver si él reaccionaba, y lo hizo. Volví a intentarlo bajando, y volvió a reaccionar... Quedaba 1,5 kilómetros y a mí ya solo me quedaba una bala que volví a gastar en balde porque Sergio de nuevo respondió.



Fue entonces cuando empezamos la durísima subida que precede la bajada hacia meta. Yo voy justísimo ya y solo pido que no me ataque ahí porque me suelta fijo. Pienso en el posible sprint, me mentalizo, y todo eso mientras subo la puñetera cuestita a ritmo. Pero, entre tanto pensamiento, giro la cabeza y para mi sorpresa Sergio no está. Había cedido unos metros que me dan un plus de energía para volver a cambiar y no dar opción. Me tiro a lo camicace por la cuesta y encaro la recta de meta donde más público había. Confirmo con una mirada de reojo mi posición pero sigo apretando hasta meta para arañar segundos que puedan valer al equipo. Gonzalo se echa las manos a la cabeza, yo me exprimo, y  cruzo el arco segundo, exhausto y contento por haber dado el máximo, por saber sobreponerme a los pequeños contratiempos y, sobre todo, por haber disfrutado tanto sufriendo junto a Sergio. Condenados a encontrarnos en muchas carreras, unas veces son para él y otras para mí. Tras la suya de San Vicente tocó la mía en Suances, que nos iguala en la clasificación del Circuito Cántabro.



La victoria de la carrera se la llevó un intratable Pello Osoro, el favorito desde el principio, que salió bien del agua y sentenció en bici, bajándose con tres minutos de margen y pudiendo darse un paseo por la costa de Suances.




Finalmente por equipos solo pudimos ser quintos. Las bajas importantes de Iván y de Oscar, sumado a los  "mocos" del presi, nos dejó un poco mermados y, pese al carrerón de Miguel, no conseguimos superar ni al Polanco(3º)  ni al Trisport(4º). Pero tranquilos, que en Laredo volveremos con ganas.
... y que dure...


Quiero agradecer a los artistas que estaban por allí sueltos, cámara en mano: Luismi, Ana, Noe, Berta, Pablo, Silvia y a los Oficiales de Triatlón en Cantabria. ¡GRACIAS! La mitad de este post es vuestro :)

domingo, 7 de junio de 2015

TRIATLÓN DE SAN ESTEBAN DE PRAVIA: ¡Por fin VICTORIA!

Volver a casa siempre se agradece, y más cuando no suelo hacerlo muy a menudo. Lo que pasa es que "Pelayín" es de culo inquieto y ya que se vuelve a Asturias un fin de semana ¿cómo no va a competir? Este año 2015 he hecho muy buenas carreras en mi tierra: 1º en los 10km de Oviedo y 2º en los 10km Oviedo-Las Caldas, por ejemplo. Por eso, la coincidencia del Triatlón de San Esteban de Pravia con mi regreso a casa hizo que no me lo pensara dos veces y me inscribiera.

 Había dos carreras: distancia sprint, donde yo me apunté, y distancia olímpica, donde correrían Bayón, Barroso, Zapico o Rodri, entre otros. La decisión de correr la corta fue el hecho de que las dos siguientes semanas tengo dos triatlones exigentes (Suances y Laredo) y no quería hipotecar esta semana de entrenos con un olímpico, que suelen dejarme bastante tocado.

En un día gris y lluvioso pusimos rumbo a San Esteban mis padres y yo. El mal tiempo parece que es una constante este año, nunca había corrido tantas carreras con lluvia como en 2015 y, aunque no me gusta nada el segmento ciclista con asfalto mojado, me estoy empezando a acostumbrar.

Llegamos a San Esteban con tiempo, pero no suficiente como para reconocer el circuito de bici, por lo que me tuve que fiar de los consejos de mi amigo Luis Cue, que debutaba esta temporada y que había ido a reconocer los recorridos la semana antes.



Tras una larga espera hasta la salida, pues los de distancia olímpica partían 40 minutos antes que nosotros, llegó la hora de vestir el neopreno. No sin antes hacer un pequeño calentamiento a pie que me permitió ratificar las buenas sensaciones. Aunque la semana previa no fue muy allá en cuanto a entrenos, mermado por un trancazo primaveral, las ganas de resarcirme de la mala carrera que había hecho en ese mismo escenario un par de años antes, suplían con creces cualquier atisbo de duda sobre mi rendimiento.

El objetivo era salir a por la victoria. Como rival más fuertes estaba, sin duda, Ivan Fernández Moro (Academia Civil), aunque llegaba un poco tocado y eso le podía restar en la carrera a pie. También buenos nadadores como Ruiz y Nacho Legazpi (T. Aviles) o Diego Martínez (Castrillón Triatlón) y buenos corredores a pie como Ricardo Alcalde (Club Triatlón IMD).



Con retraso me metí en las gélidas aguas de la ría de San Esteban. Apuré hasta el último minuto e hice bien, porque los que tuvieron que esperar dentro del agua a que se diera la salida debieron de pasar un frío de "aupa".  Formamos, los casi 100 participantes, una línea imaginaria entre dos boyas. Por delante, un circuito de natación de 750 metros, con cuatro largos, el primero con corriente en contra. Un segmento de bici de 20 km a dos vueltas, con subida por la famosa rampa de San Esteban (25% de desnivel) y una bajada muy técnica que no me gusta nada... veremos. Y por último, un segmento de carrera a pie por el puerto de San Esteban (5 kilómetros a una única vuelta).



Dan la salida y empiezo a ritmo, intentando entrar en calor y buscar unos buenos pies que me lleven. Lui Cue está a mi izquierda e intuyo que intentará seguirme. Pronto levanto la cabeza y veo a mi derecha la "punta de lanza" que marcan los nadadores más rápidos. Hago una diagonal hacia ella y, pese a nadar unos metros de más, me coloco a pies del primer grupo y llego a la primera boya relativamente cómodo. Entre la segunda y la tercera empiezo a pensar en la técnica y en deslizar bien. Ir a pies me permite no tener que levantar tanto la cabeza para orientarme y preocuparme un poco más de nadar bien.



Sin sobresaltos y sin apurones llego a las escaleras de salida del agua el 11º, pero en el grupito que va desde el 5º puesto. Buena natación, con fuerza y con sensación de poder dar más.

Hago una transición normalita, y mientras, veo que Moro (A. Civil) está saliendo ya de boxes. Calculo un minuto perdido respecto a él. Me subo en la bici y a los 300 metros nos encontramos con el "repechón", seguido de una subida de 2 kilómetros entre el 5% y el 10% que hace mella en los triatletas. Me veo fuerte, tanto, que antes de coronar ya había adelantado a todos menos a Moro, sin que nadie me cogiera la rueda, y ya era segundo. De ahí en adelante solo faltaba bregar sólo en persecución. En el llano de Muros del Nalón atisbo la figura de Barroso, que va unos 400 metros delante de mí, pero en su tercera vuelta del Olímpico. Aprieto y lo alcanzo, pero justo antes de la bajada, así que dejo que tire el delante, sabedor de que yo no me la voy a jugar ni un pelo entre las callejuelas estrechas, asfalto mojado y hojas. Situación idéntica a Górliz, pierdo por completo a Barroso e incluso las chicas del olímpico de adelantan bajando... pero no me importa ni me arrepiento por ello, es mía la decisión de no jugármela así que tendré que apretar el doble cuando se pueda, es decir, cuesta arriba y corriendo.

Empiezo la segunda vuelta y pierdo con Moro 1min 30 segundos. Demasiado ya. Pese a que tengo la sensación de estar subiendo bien, Moro está intratable en bici. En plena subida vuelvo a alcanzar a Barroso y, esta vez sí, sigo para adelante. Zapico, que también corría la olímpica y venía desde atrás en bici como un avión, alcanza a Fer y se ponen a tirar en la zona llana del Muros del Nalón. Me motiva mucho llevarlos 50 o 100 metros detrás (aunque ellos estén en la carrera larga) y ver como les cuesta pillarme. Poco antes de la bajada bajo el ritmo para dejarlos pasar antes de lanzarnos por las callejuelas. Hago bien, porque así evito situaciones peligrosas. Se tiran los dos a saco y yo, como en la primera vuelta, bajo tranquilo pensando en la remontada que me va a tocar hacer en los 5 km a pie si quiero ganar.



Llego a boxes a 30 segundos de Barroso, Zapico y Bayón, a quien los dos primeros habían dado caza bajando. Salgo a pie cual pollo sin cabeza y empiezo a comerles terreno. Dos minutos de desventaja respecto a Moro, que parecen insalvables pero bueno, me apetecía lucharlo. En el kilómetro dos adelanto a la primera chica de la carrera sprint, que habían salido unos minutos antes que nosotros. Me cuesta pasarla, y con razón, va fortísimo. Después doy cuenta de Barroso y de Zapico, y por delante, cada vez más cerca, va Moro. La mala suerte se alía con él y comienza a cojear, permitiéndome a mí pasar a cabeza de carrera sprint antes del kilómetros 2,5. Una pena lo suyo porque estaba haciendo un carrerón y, posiblemente, se hubiese llevado la victoria. Empezamos la vuelta hacia meta por la carretera paralela a la ría de San Esteban. Voy ya bastante relajado y saboreando la que va a ser mi segunda victoria absoluta en triatlón tras Somo 2013.



Me voy cruzando con triatletas que me animan. Choco la mano con Cue, que va bastante bien, y sigo "comiendo" metros. Bayón va por delante, pero cada vez más cerca, a unos 10 segundillos. Entro en el pueblo, y veo al fondo el arco de meta con la cinta... ¡Cómo me gusta esa cinta! Aunque no tengo mucha práctica, me paro antes de entrar, la cojo, la levanto y disfruto del momento.

Fue una carrera en la que, con la cabeza puesta en Suances y Laredo, no me exprimí al máximo y preferí evitar caídas, lesiones o heridas en el pie; y pese a eso me puede llevar al victoria.

Espero al segundo y al tercero, que son Moro y Ruíz respectivamente. Me veo con mis padres y con Juan Ojanguren, Miguel Figaredo y Carmen Grimaldos y Mario Muñíz, que habían ido a ver al carrera y me habían estado animando, y se lo agradezco. En ese momento, tengo el recuerdo de mi última participación en San Esteban, donde compartí pódium Sub-23 con Lucas y Juan, y me acuerdo mucho de este primero, a quien dedico la victoria y le sigo mandando ánimos para que siga luchando como hasta ahora. Todo un ejemplo.



Y nada más, con esto y un bizcocho, nos vemos en Suances la semana que viene. Sean ustedes felices y prudentes.

Muchas gracias al Triatlón Avilés por las fotos


Un saludo

viernes, 5 de junio de 2015

TRIATLON DE SAN VICENTE DE LA BARQUERA 2015: "Como Juan Palomo, yo me lo guiso, yo me lo como"

El título de la crónica resume perfectamente lo ocurrido en el primer triatlón de la temporada en Cantabria. Una carrera disputada sobre distancia sprint, donde me tocó bregar, sin respiro, desde el primer hasta el último metro. Pocas veces había terminado un triatlón tan molido y con la sensación de haberme vaciado de esta forma.  Pero empecemos por el principio.

Dos semanas después del triatlón de Górliz y con las pilas cargadas para empezar la temporada cántabra de triatlones, me desplacé hasta San Vicente de la Barquera en un día más digno del verano que de la primavera. Hasta la villa marinera llegamos un ejército de “Benders”: Pablo Gutiérrez, Jose Benaite, Iván Polo, Pablo Antón, Berto, Oscar Delgado, Lucía Blanco, Soba y el menda que escribe; además de los que nos animaron desde la barrera y a quienes espero ver pronto vestidos de corto y depilados: Gonzalo y Agüeros.

La motivación para esta carrera la sustentaban dos motivos principales: Primero, a nivel de club, cumplir el sueño de subir a un pódium por equipos por primera vez en la historia del Bénder. Segundo, empezar con buen pie individualmente y luchar por estar en la disputa de la carrera.



La semana previa sirvió para seguir remontando el vuelo tras el pequeño bache de rendimiento por el que pasé después del Europeo de Alcobendas. Buenos entrenos a pie, en bici y, sobre todo, nadando, me daban la confianza suficiente para saber que podía optar al triunfo. Al coincidir el mismo día con el Medio Ironman de Bilbao, varios de los "míticos" del triatlón cántabro fallaron a esta primera cita, pero, aún así, más de 150 eran los inscritos a la prueba. Entre ellos Sergio Correa, sin duda, el rival más fuerte y con quien llevo una bonita temporada de luchas deportivas. Siempre es un placer poder competir de tú a tú con él. También estaban en parrilla de salida buenos triatletas como Guillermo Ruíz, Esteban Cerro, Edu "Belfo", Zubi, Loroño, Cazorla… Pero lo que más me inquietaba era la cantidad de buenos nadadores que había, pudiendo formar un grupo de bici difícil de alcanzar para los que fuésemos por detrás en persecución. Si bien suelo tener clara la estrategia de cada carrera y pronosticar cómo se va a desarrollar, en esta ocasión no lo tenía nada claro. Mis pronósticos pasaban por, en el mejor de los casos, salir cerca del agua de Guillermo e intentar hacer la primera subida en bici a gatillo para enlazar con él e ir a por cabeza de carrera. Lo que pasó realmente lo sabréis si seguís leyendo.

Con bastante holgura metimos el material en boxes, calenté un poquito a pie, me puse el neopreno y di unas brazadas para “catar” el agua. De primeras, las sensaciones eran muy buenas, los brazos estaban sueltos y las ganas de arrancar la temporada crecían por momentos.

A las 15:28 fuimos llamados a la rampa de salida. Tras guardar un minuto de silencio, comenzamos a racanear centímetros, poco a poco, esperando una salida a "la cántabra".



Suena la bocina y me lanzo a dar brazadas como un loco. Salgo en primera fila pero pronto me pasan varios y me quedo un poco atascado. Hago los primeros metros en medio de la vorágine hasta que siento cómo una mano me toca el tobillo, soltándome el velcro del portachip. "¿no podía haber pasado un poco más adelante, cuándo las posiciones estuvieran ya definidas?", pienso. Pero no, sucedió nada más empezar y tuve que parar 5 segundos y ajustar de nuevo el velcro. Sólo 5 segundos perdí en ese instante, pero muchos más en diferido... En esos 5 segundos me pasaron por encima (literalmente) una decena de triatletas, y cuando retomé el nado me encontraba atrapado en medio del pelotón. ¿por dónde paso yo ahora? Mi nado era mucho más rápido que el de los triatletas que en ese momento me rodeaban, pero claro, no había ni un hueco para adelantar, así que tuve que hacer una diagonal, primero a la derecha y después a la izquierda, para poder ganar posiciones. Llegué a la primera boya con todo el mogollón, la cogí por fuera y hasta la segunda boya pude nadar más tranquilo. Fue un atracón de adelantamientos el que me metí antes de esta segunda boya, donde de nuevo tuve que abrirme para evitar golpes.



Enfilo la rampa de salida y cuando toco tierra y miro a mi alrededor solo soy capaz de distinguir a Edu y a Zubi. Después de la odisea en el agua acabo saliendo con el mismo grupo que salía el año pasado (buena señal). Querrá decir que algo estoy haciendo bien este año.
Me quito el neopreno a todo correr, cojo la bici, me subo y no pienso. Los 3 kilómetros de subida nada más empezar son mi baza para intentar enlazar con el grupo de cabeza. Empiezo el sector ciclista y la gente va completamente desperdigada. Empiezo a pasar gente, el primero Zubi, del Santander, que se pone a mi rueda. Me siento como un tren recogiendo vagones toda la subida. No miro para atrás, tengo claro que no me va a ayudar nadie y que me lo voy a tener que cocinar yo solo si quiero llegar a contactar. Cuando coronamos el Alto, giro por primera vez la cabeza y veo que llevo un grupo de unos 10 conmigo, entre ellos varios del Santander y del Buelna, al igual que otros corredores sueltos de diferentes equipos, como el júnior Ánder, que estaba  punto de marcarse un carrerón.



Empezamos la bajada y comienzo a acusar el esfuerzo. Voy a ritmo y los que van a rueda van muy cómodos, yo voy muriéndome. Algún intento breve de relevo de Emilio Alonso (Buelna) y de Pablo Herrero (Trisport) pero sigo llevando yo la iniciativa del grupo. Pronto se nos une Loroño, que va como una moto y con la intención de ponerse a tirar como él sabe, pero cuando ya me las prometía felices y pensaba que iba a tener colaboración, Zubi le echa el alto diciéndole que no tire... Clara táctica de equipo para dejar que yo me desgaste y no pueda contactar con el grupo de Sergio Correa y Guillermo. De antemano iba mentalizado de que esto podía pasar, que el triatlón Santander trabajaría como un equipo para proteger a Sergio y a Guillermo, y que el objetivo de los que me acompañaban en el grupo era que yo me desgastara.



Acepto y respeto al máximo su decisión, de hecho, me motiva pensar que el mejor equipo de Cantabria me considere el rival más peligroso, aunque no comparto que en un deporte individual, en el que uno se prepara con ilusión durante semanas para darlo todo el domingo de carrera, llegue el momento y uno se tenga que reprimir de darlo todo. A mí, la verdad es que me da igual que entren o no entren al relevo y no necesito que nadie se disculpe por ello, yo estoy feliz cual perdiz por el mero hecho de saber que lo he dado todo, pero me da pena por los que quizás podrían haberlo hecho mejor, aunque como digo, no soy quien para juzgar su decisión ni me ha parecido mal ni nada por el estilo ;).

Siguiendo con la carrera, antes de llegar al punto de retorno nos cruzamos con el grupo de cabeza. Seis integrantes lo conforman y parece que nos sacan más de un minuto. Llegamos a la rotonda, voy muerto, y en ese instante un chico del "3Style" ataca. Intento salir al cambio y lo consigo con mucho esfuerzo, pero me deja muy tocado y no tengo piernas para seguir tirando del grupo, así que muy a mi pesar me tengo que dejar caer y claro, nadie tira, los del Santander se ponen delante y paran el grupo hasta que Edu decide ponerse a tirar. Fue entonces cuando Cueto (T. Santander) aprovecha la oportunidad para atacar e irse unos metros. Ni lo intento, porque, como digo, voy fundido. Tengo dudas de si podré bajarme a correr. El desgaste en la ida tirando todo el rato fue tan grande que me cuesta hasta progresar en el grupo. Encaramos la subida de vuelta a San Vicente y veo más cerca de lo que pensaba al grupo cabecero. Esto me hace sacar fuerzas de donde no las hay y poner de nuevo en fila al pelotón. Tiro, tiro, tiro y tiro hasta que reviento. Tengo que pararme unos segundos y vuelvo a la carga, esta vez con un ataque suicida que no va a ningún sitio, porque Emilio está atento y logra cerrar el mini hueco que había abierto, llevándose consigo a todos los integrantes del grupo.



Coronamos el alto y ya solo queda bajar, pero ahora sí que voy vacío. Tanto, que no sé ni quien es el que acelera y, en un abrir y cerrar de ojos, paso de ir el primero a ir el último del grupito. Así llego a San Vicente, me bajo de la bici sobre el puesto 15. Me cantan que el grupo de cabeza, integrado por 6 hombres, está a poco más de un minuto por delante.



En ese momento, con la petada tan monumental que llevaba de la bici y la distancia que había que recortar en 5 kilómetros para llegar a los primeros, sólo pensaba en terminar lo más dignamente posible, sin obsesionarme con la posición. Consigo hacer una transición rapidísima y, pese a entrar en boxes el último del grupo, salgo a correr el tercero. Cuan pollo sin cabeza recorro la acera del paseo marítimo y a los 200 metros ya soy el primero de mi grupo. Por delante... la nada.
Las sensaciones no son buenas, pero estoy acostumbrado y sé que el paso de los kilómetros me beneficia. Empieza la cuesta abajo por la carretera general y me voy soltando, aunque noto los pasos de Edu bastante cerca. Cuando empiezo a asumir que me voy a quedar sin premio, veo a lo lejos al triatleta que cierra el grupo de cabeza. Es Iván Cazorla.



Sin duda, verle fue una inyección de motivación enorme. Tanto, que tardé muy poco en darle caza y empezar a tachar de la lista los que quedaban para llegar al pódium. Antes del giro para volver a San Vicente paso a otros dos y llego hasta Guillermo Ruíz, que en ese momento era tercero. Por delante viaja Correa, con mucha ventaja, y Esteban Cerro, que lo tengo a tiro y lo paso nada más girar en el cono. Voy segundo a falta de 2,5 kilómetros... Si me lo cuentan al salir de boxes no me lo creo. Pero el esfuerzo empieza a pagarse y en la subida hacia San Vicente tengo que aflojar porque si no, no llego. Veo que la distancia con Sergio Correa es cada vez menor, por lo menos ya lo tengo a golpe de vista, pero no es suficiente y al afrontar la última recta asumo que voy a ser segundo. Así entro en meta, dando todo hasta el final, arañando segundos pensando en la clasificación por equipos, y exhausto, tras un inconmensurable Sergio ¡Enhorabuena!



Entonces, mi atención se centra en ver cuando llegan mis compañeros del Bénder y en saber si podremos subir al pódium por escuadras. En el puesto 25 entra Pablo Gutiérrez ¡qué carrerón! Llega doblado y se nota que lo dio todo. Poco después entra Ivan Polo y acto seguido Oscar y Soba. ¡OLE OLE Y OLE! Acabamos de hacer realidad el objetivo principal del año: subir a un pódium por equipos. El tercer puesto nos sabe a gloria, y si a eso le sumamos el tercer puesto absoluto de Lucía y el segundo mío podemos decir que el rojo Bénder estuvo bien presente en el primer triatlón de la temporada. No sólo del postureo vive este equipo, ahora hasta damos guerra deportivamente jejeje.




Con el cuerpo molido pero con una sonrisa de oreja a oreja me vuelvo de San Vicente. Varias cosas claras y, sobre todo, muy ilusionantes de cara a las próximas carreras de Suances y Laredo (sin drafting). 

Vuelvo a estar en línea ascendente y eso es buena señal. ¡Que duren las buenas sensaciones!
Y como siempre, muchas gracias a todos los fotógrafos que ayudan a ilustrar estos tostones de crónicas. Se agradece mucho :)

Saludos


sábado, 23 de mayo de 2015

TRIATLÓN DE GORLIZ: Empezamos!!!

La propuesta de Pablo Gutiérrez de adelantar el debut de la temporada de triatlón un par de semanas respecto a la fecha prevista tuvo un SÍ por respuesta. Las buenas sensaciones y la notable mejoría que noté nadando desde que entreno con el equipo Máster de Marisma me animaron a probar suerte en el Triatlón de Górliz. Una carrera dura dura por su segmento ciclista de 28 kilómetros subiendo y bajando puertecillos.

El domingo, día de la carrera, amaneció lloviendo. Primer jarro de agua fría... No me mola la lluvia y este año no sé qué pasa pero ha llovido en la mitad de las carreras que he corrido. A las 6:30 am aparco el coche en casa de Pablo y cargamos la "triatloneta" con nuestras bicis y demás bártulos.
Pese al tiempo, el ánimo estaba por las nubes. Pero la historia no había hecho más que empezar... Cuando aún no habíamos salido de Cantabria e íbamos felices en la "triatloneta" a 80 o 90 km/h, empezó a sonar un extraño ruido. Miré a Pablo y su cara lo dijo todo...uiuiuiuiui que esto tiene mala pinta. La furgo empezó a perder gas mientras pasábamos sobre el último viaducto antes de cruzar la frontera. Empezamos a subir y en un intento de reducir marchas el motor de la "triatloneta" empieza a echar aceite y se para, con tan buena suerte que nos deja tirados justo en un hueco que hay en el arcén de la autovía. ¡No me lo puedo creer! Eran las 7:30h de la mañana y ya teníamos la aventura preparada. Llamamos a la grúa y a Pablo Antón, compañero del Bénder que nos vino a recoger desde Bilbao y gracias al cual pudimos llegar a Górliz.



Con el susto en el cuerpo aparcamos en la finca de unos conocidos de Pablo, justo enfrente de la playa donde sería la natación. Hace falta poco tiempo para darse cuenta de la repercusión mediática que tienen los triatlones del País Vasco. ¡Más de 400 inscritos! El ambiente era increíble, aunque con las prisas, por haber llegado justos, no pude disfrutarlo del todo.

Entré en boxes apresuradamente, a 5 minutos de que nos cerraran el acceso. Coloqué todo casi sin pensar, hice una última visita al baño y, mientras, oigo que nos están llamando ya a salida ¡que no llegoooo! Me pongo el neopreno y cuando bajo a la playa ya están colocándose bajo el arco de salida. Las chicas están nadando y sin calentar ni nada me tengo que abrir hueco para coger buen sitio, porque más de 400 tíos en el agua puede ser muy agobiante.

Se da la salida y, por suerte, los primero 200 metros corriendo hasta el agua sobre la arena, permiten que el pelotón se estire y no haya apretones al entrar al mar. Mientras corro despendolado por la playa pienso: "como me tire al agua de repente, con lo acelerado que voy, me ahogo". Y casi se cumple... Me zambullí en el mar y los pulmones se me cerraron por el frío. No podía respirar así que decido incorporarme. Me paro y pienso: "poco a poco Pelayín". Entro caminando en el agua, dejo que el cuerpo se adapte al frío y empiezo a dar brazadas hacia la primera boya. Nado tranquillo al principio, evitando golpes, aunque voy en medio de un pelotón. A medida que pasan los metros el frío se hace más soportable y voy cogiendo ritmo. Me pregunto dónde estará Pablo e intento mirar alrededor por si por casualidad está por ahí cerca, pero no lo veo, así que sigo nadando y llego a la primera boya bastante a gusto. Entre la primera y la segunda sigo cogiendo ritmo y pasando a mucha gente. Aunque en ese largo la corriente tira en contra, me noto deslizar y me da confianza para seguir apretando hasta la orilla, saliendo el 25 del agua con muy buenas sensaciones y bastante cerca de la "pomada", ya que escasos segundos por delante habían salido Dani Bayón, Guillermo Ruíz o Pello Osoro, algunos de los favoritos al triunfo.



Corro por la arena a buen ritmo mientras saco las mangas neopreno y llego a la T1 con la incógnita de si con las prisas lo había dejado todo bien preparado. Me quito el resto del neopreno, cojo la bici y me lanzo a por el "sector incógnita". En total 28 kilómetros de bici que no me conocía. Solo sabía que eran duros, pero no me imaginaba que tanto. Nada más salir "rampón pal cuerpo". Subida de unos 2 kilómetros con desniveles de más del 10% que me permiten ir pasando gente "a trisca". Subo suelto y me encuentro genial y con mucha fuerza, pero al coronar el primer alto me doy cuenta de que las fuerzas y las buenas sensaciones no me van a servir para nada. Estaba lloviendo y la bajada era bastante peligrosa y con la carretera muy muy mojada, así que tirando de sentido común decido no arriesgar lo más mínimo y bajo completamente parado. Todos a los que había adelantado previamente me devuelven la jugada en la bajada, pero me da igual, no quiero arriesgar a caerme y joder la temporada, o cosas más importantes. Justo antes de llegar abajo y empezar a subir de nuevo, me alcanza el grupo del que iba tirando Gorka Bizkarra. Se me van 10 segundos pero pronto la carretera se empina y respiro aliviado. Les recupero los 10 segundos y los adelanto yendo a mi ritmo. Pienso que Gorka intentará seguirme pero no lo hace así que yo sigo a lo mío y p´arriba. Antes de coronar alcanzo al grupo de Guillermo Ruíz, le saludo y tan pronto como le digo hola le vuelvo a decir adiós. De nuevo una bajada peligrosa y se me va ese grupo. El de Gorka me adelanta de nuevo, pero esta vez hay mucha bajada y me sacan ya una distancia de unos 40 segundos que en la siguiente subida no logro recuperar.



Nuevo calentón y engancho a Min. Voy haciendo la goma el resto del sector, quedándome en las bajadas y pillando al grupo en las subidas, y así hasta el último alto. Solo queda bajar a Górliz.. sí, bajar... El sector de bici termina en bajada y eso significa que voy a llegar algo descolgado de mis compañeros de fatigas. Además, la lío y me descalzo a falta de 1,5 kilómetros, pensando que ya habíamos llegado (no me conocía el circuito, mea culpa). Hago los últimos metros con los pies fuera y me bajo de la bici en el puesto 17, con la única posibilidad de remontar hasta el puesto 13, pues el grupo precedente (el de Gorka) me sacaba más de 2 minutos.



Dejo la bici, me calzo y se me arrugan las plantillas. Solo espero que eso no condicione la carrera y no me provoque heridas en los pies, porque con lo delicados que los tengo... Me lanzo con todo a por los 5 kilómetros por el paseo marítimo y antes del kilómetro 1 ya había adelantado a todos los de mi grupo, es decir, ya iba en el puesto 13, el que a la postre sería definitivo. Tras llegar donde Min, que era el primero del grupo de bici, corro unos metros con él, comentamos la jugada y sigo hacia adelante, planteándome el sector como un entreno de calidad. Disfruto viendo a los primeros. Dani Bayón va segundo pero a punto de dar caza al líder, y Pello Osoro es tercero. ¡qué envidia no poder estar en la pomada! Completo la primera vuelta y los pies me dan un aviso... 



Las arrugas en las plantillas hacen que me roce el dedo pulgar y tengo que tener cuidado. Aún así cruzo la meta marcando el segundo mejor parcial (a 3:17 por km de media aproximadamente) y contentísimo por las sensaciones en todos los sectores. Es una pena que la lluvia me haya arruinado la carrera pero me voy muy contento de Górliz y con la moral alta para encarar estas dos semanas antes del inicio de los triatlones en Cantabria.



Próxima parada: San Vicente! ;)

miércoles, 13 de mayo de 2015

DUATLÓN VILLA DE CABEZÓN: Un postre un tanto amargo

Sabor agridulce con el que cierro la temporada de duatlones. Dos semanas después del Campeonato de Europa en Alcobendas, decidí poner punto y final a esta primera parte de la temporada con el duatlón Villa de Cabezón, a disputarse sobre distancia sprint y sin drafting, y con el aliciente de ser el Campeonato Universitario de la especialidad, título que me falta en mis vitrinas, pues los últimos dos años Felipe me había relegado al segundo cajón.

Si bien en los entrenamientos de bici las buenas sensaciones acompañaron los días previos, en los entrenos a pie fue todo lo contrario. Quizás estoy pagando el esfuerzo de la temporada de cross o "yoquesé"... (¿será la primavera?) pero la máquina no carbura como carburaba. Aún así me planté en línea de salida con la ilusión de darme un regalito de fin de temporada duatlética.

El calor sofocante a las 10:30h de la mañana era un presagio de lo dura que iba a ser la carrera. En parrilla de salida muchas caras conocidas: Manu Vega, Felipe, Gorka, Pando, Toñín... estos siempre disputan la victoria. Además de muchos otros que esta temporada han dado un buen salto de calidad, como es el caso de Sergio Bolado...¡Cómo anda el cachorro!



Pistoletazo de salida con mucha puntualidad y Pando lanza la carrera, pero a Manu no le gusta el ritmo y pasa a liderar un tren que pronto se queda con 5 vagones: Manu, Gorka, Pando, Toñín y yo. Antes del kilómetro uno Toñín cede y nos quedamos cuatro. Vamos demasiado alegres (3:03 el primer kilómetro) y noto que las piernas no están acostumbradas a esos ritmos. Pando es el siguiente en caer, tan solo dos kilómetros y el ritmo de Manu hace daño.



Intento agarrarme a la dupla de cabeza pero voy sufriendo muchísimo. Además noto que el pie empieza a darme guerra y taloneo de vez en cuando. Lo que me esperaba... kilómetro 3 y poco a poco Gorka y Manu se me van. No puedo seguirles y me vengo un poco abajo en todos los sentidos. Completo los 2 kilómetros restantes sufriendo para no ceder mucho y para que no me pillen por detrás y llego a boxes tercero.



Hago el cambio normalito y me lanzo a por los 24 km llanos sin drafting con la rueda lenticular de Pablo. ¡Esta es la mía!, pienso, pero nada más dar la primera pedalada me doy cuenta de que no... que no es la mía. Me falta chicha y voy a medio gas. Las piernas no son capaces de imprimir la fuerza a los pedales que sé que tengo dentro.

Contemplo tristemente como las figuras de Manu y Gorka se pierden en el horizonte y empiezo a contar los segundos que faltan para que los miuras que llevo detrás me quiten las pegatinas.
Pasan los kilómetros, sigo a ritmo, no me da la sensación de ir fuerte, pero no me pasa nadie. Prefiero no mirar para atrás. A falta de 3 kilómetros para dar la vuelta Pando me pone en mi sitio. Es ahí cuando reacciono un poco y cogiéndole la referencia sufro para no perder comba, pero ¡qué va! Pando es un "animalico" en bici y pensar en seguirle es una locura. Giramos en el cono y, como predije, por detrás vienen Toñín, Mendiguchía, Bolado, Flipe, Peláez... ¡qué manada! Me exprimo para que no me pillen en la vuelta, ya con terreno favorable, y lo consigo, pero Pando ha abierto 30 segundos conmigo insalvables en la última carrera a pie de 2,5 kilómetros, así que poso la bici y asumo que voy a ser cuarto.



El último sector me dedico a controlar a los de detrás y a rodar a ritmo alegre, "ma non tropo" para entrar en meta en una cuarta posición que me sabe a poco. Lo mejor de este último sector fue "mosquear" a mi compañero del Bénder Ivan Polo, justo antes de entrar yo a meta, haciéndole pegarse un buen calentón en lo que era su primera vuelta de este sector pues me había confundido con Marsella.



Manu Vega gana merecidamente la carrera y se hace con la victoria en el Circuito Liberbank de duatlón 2015. Gorka es segundo y Pando tercero.

Me consuelo sabiendo que he ganado el título universitario por primera vez en mi vida, pero sé que puedo dar mucho más y que hoy, en condiciones normales les hubiera disputado la carrera a Manu y a Gorka. Pero "ye lo que hay" y ya vendrán los triatlones para alegrar un poco el patio.



De momento a descansar esta semana, que el próximo finde debutamos en el Triatlón de Gorlitz, hasta donde me desplazaré con el bueno de Pablo.


Saludos y sean felices :)

sábado, 2 de mayo de 2015

CTO DE EUROPA DE DUATLÓN (GGEE): Recogiendo la cosecha del invierno

Está claro que no todo el camino hasta la meta es de color de rosa. Si de algo puedo sentirme afortunado es de llevar unos años sin lesiones que me impidan hacer cada fin de semana lo que más me gusta, que es competir. Pero esta vez surgieron pequeños imprevistos que supusieron un dificultad "extra" para lograr el objetivo que me marqué en esta primera parte de la temporada: luchar por una medalla en el Cto de Europa de duatlón en distancia Standard (10km a pie, 40km de bici sin drafting y 5 km de carrera a pie) en mi grupo de edad (25 a 29 años).

Dos semanas antes del gran objetivo volvía de Soria del Cto de España de duatlón con un sabor amargo, y no tanto por el resultado (5º) como por las consecuencias de la carrera, a dos semanas del europeo. Un pie izquierdo destrozado con una profunda herida en el lateral era el presagio de lo que sería una semana aciaga. Y como bien auguré, pasé la semana sin poder entrenar la carrera a pie, y lo que es peor, casi sin poder caminar. Completamente inútil me sentí durante toda la semana e incluso tuve que renunciar a competir en el Cto Regional de Duatlón de Polanco, carrera que había marcado con una "X" en mi calendario y que me serviría para medir mi estado de forma de cara al europeo de Alcobendas.



Y con estas llegamos a la semana previa. Por fin puedo calzarme las zapatillas de correr y rodar un poco. Lunes, Martes y Miércoles los dediqué a trotar suave, buscando sensaciones que, desafortunadamente no terminé de encontrar. En bici, sin embargo, me encontraba inmenso. Trato de entrenar siempre en el mismo circuito, donde tengo los tiempos de paso controlados y donde puedo medir mi estado de forma, y sin duda llegué a Alcobendas en las mejores condiciones para afrontar el sector que se preveía decisivo: los 40 kilómetros de bici sin drafting.

El viernes por la tarde viajamos a la localidad madrileña con la idea de salir a reconocer el segmento de bici. Lo que en un principio iba a ser un reconocimiento para coger confianza en este sector, se convirtió en un bajón de moral al ver las características del trazado. ¡28 GLORIETAS a pasar en cada una de las 4 vueltas! ¡Qué locura! El resumen de lo que allí me encontré es fácil de hacer: circuito pestoso, con repechos entre glorietas y con zonas verdaderamente peligrosas, curvas en bajada, badenes y alcantarillas, asfalto roto y rotondas en contra peralte. Un circuito no apto para "cabras" ni para cagones como yo. La idea de aferrarme en mi potencial sobre la bici para hacer buena carrera se había ido al traste. Mientras volvía al hotel me repetía una y otra vez: "Es lo que hay y es igual para todos, así que no hay nada perdido".



El sábado aprovechamos el día para descansar y ver la carrera élite y de paralímpicos. He de decir que viendo competir a estos últimos llegó incluso a saltárseme alguna lágrima ¡qué ejemplo! ¡qué valor! Te hacen ver que no hay barreras para alcanzar la felicidad y que querer es poder. Si algún día tenéis la oportunidad de ver a estos campeones en acción disfrutadlo y aprended de ellos. Yo lo he hecho.
Con un ojo mirando al cielo nos fuimos a dormir el Sábado. Si ya de por sí el circuito de bici era horrible, las previsiones meteorológicas pronosticaban que durante la noche entraría una borrasca con viento y lluvia que barrería Madrid durante el domingo, produciéndose las peores tormentas a partir de las 12 del medio día, justo la hora a la que tomaríamos la salida. Mejor no pensar en nada más, porque si no no corro...

El Domingo amaneció según lo previsto: lloviendo. A las 8 de la mañana me dirigí a la zona de boxes. Aunque la carrera era a las 12, teníamos que pasar el control a las 8 de la mañana. Primer imprevisto: cuando estoy haciendo cola para entrar en boxes me piden el traje de la selección para verificar que todo está correcto. Busco en la mochila y...¡no lo tengo! Cojo la bici y me pego el primer calentón de la mañana para llegar al hotel, coger el traje y volver a boxes, entrando in-extremis, pues a las 8:30h cerraban el control de material.

Coloco la bici con mimo y cubro las zapatillas con bolsas de plástico para evitar que se me llenen de agua hasta la hora de la carrera. Con casi 4 horas por delante me vuelvo al hotel a descansar y a mentalizarme para lo que va a ser una durísima carrera. Sigo pensando que las condiciones son iguales para todos pero no me consuela ya esa frase y tengo conmigo una sensación de tristeza y de nervios bastante extraña. En este sentido tengo que dar las gracias a Fernando García Aja por tranquilizarme y por ayudarme a elegir la presión óptima de las ruedas para afrontar con seguridad los 40 km de glorietas en bici. Siento haberte llorado tanto esa mañana pero los nervios por la falta de práctica sobre asfalto mojado ya pudiste ver que estaban más que presentes.



Y por fin llegó la hora de la carrera. Por delante dos horas de pleno esfuerzo, ante unas condiciones climáticas dantescas que con el paso de los minutos iban a peor. Sin embargo, a medida que se acercaba el momento de salir, mis eran eclipsadas por la adrenalina de la competición. Última y acertada decisión la de salir con térmica a la carrera. Los 8 grados y el viento que soplaba en Alcobendas pedían a gritos algo más que un tritraje de tirantes.
A las 12 en puntos nos llevaron a línea de salida a los grupos de edad de 18 a 29 años. Unos 50 participantes en esta franja de edad íbamos a ser los primeros en inaugurar el Cto de Europa de Duatlón en distancia Standard. Posteriormente y cada 5 minutos se irían dando salidas al resto de categorías y a las chicas.

El mítico audio que la Federación Española pone en los momentos previos de las carreras y que simula el latido agitado de un corazón, dio paso al bocinazo de salida. El primer sector consistía en 4 vueltas de 2,5 kilómetros (algo menos quizás) por las "cuestudas" calles de Alcobendas. Salimos en subida, 400 metros de rampa antes de coronar el primer "altillo" y lanzarnos cuesta abajo para ir en busca de una nueva subida. En resumen, un sector rompepiernas con más de 150 metros de desnivel positivo acumulado en los casi 10 kilómetros. Al ser una prueba internacional, con participantes de países como Inglaterra, Austria, Francia, Portugal, España... no tenía controlado a todos los rivales. Quizás al que veía como favorito era al español Jesús Calle, que venía de dar un recital en el Cto de España de Duatlón en esta misma distancia y que desde el primer metro de la carrera a pie puso tierra de por medio. En la primera vuelta él y el inglés Samuel Pictor abrieron un hueco con el segundo grupo de unos 20 segundos. En este segundo grupo iba yo junto al español Josemi Gómez, dos ingleses y un austriaco. Las sensaciones no eran del todo malas pese a llevar más de dos semanas sin correr por debajo de 4min el km.



Mi actitud en este primer sector fue bastante conservadora, aunque tampoco sentía la posibilidad de ir mucho más rápido a pie. En la segunda y tercera vuelta se afianzaron los puestos y me coloqué cuarto a la estela de Josemi, que tenía un ritmo bastante aceptable. Sin embargo, las diferencias con los primeros iban creciendo y al término del primer sector cedía dos minutos con el inglés Samuel Pictor y casi uno con el español Jesús Calle. 



Entramos en boxes bajo un gran diluvio. Como sé que durante la bici no me iba a atrever a soltar las manos del manillar, preferí tomarme los geles de 3Action que llevaba preparados para este sector antes de subirme a la bici, por lo que pierdo unos segundillos con Josemi y comienzo el sector en cuarto lugar.

Arranco la moto y me olvido de las glorietas, las alcantarillas, la lluvia. La adrenalina eclipsa todo y solo tengo en el punto de mira a Josemi, que viaja unos 10 segundos por delante. En las primeras rampas se me escapa un poco pero cuando llegamos a la única zona donde se podía uno acoplar más de 15 segundos seguidos le recorto toda la distancia y aprieto para dejarle atrás. Voy con todo, agarrado a mi Cerveló P2 con fuerza y determinación. Las sensaciones en bici eran buenas y antes del giro para volver me cruzo con el inglés que lidera la carrera de forma holgada. Las distancias se mantienen tanto con él como con Jesús, así que va a haber que ponerse las pilas si quiero estar en la lucha por las medallas, porque por detrás, bastante cerca, venía todo el rebaño de corredores y no sabía realmente su potencial en bici.



Cuando creía haberme afianzado en la tercera posición, Josemi me quita las pegatinas en una de las bajadas peligrosas. Puff esto se complica, pienso. Consigue abrir hueco en la zona de glorietas en bajada, donde su bici (una normal de carretera) se muestra más ágil que mi cabra. Sufro para no perder el contacto visual. Sé que es la referencia que no puedo perder para optar al podium pues visto lo ocurrido en los 10 primeros km yo era, quizás, el más flojo en la última carrera a pie, por lo que no debía conceder ni un segundo.



Ya en la segunda vuelta empezamos a doblar corredores... situación muy incómoda y peligrosa. A mitad de vuelta vuelvo a alcanzar a Josemi, pero esta vez decido quedarme detrás a unos 50 metros e intentar aguantarle en la zona de glorietas. La distancia con los dos primeros seguía siendo la misma: unos 2 minutos con Samuel Pictor y 40 segundos con Jesús Calle. Los ánimos de Vanesa al inicio de la tercera vuelta me hicieron apretar un poco más y en esta misma, sufriendo para aguantar a Josemi a la vista, le recortamos medio minuto a Jesús, empezando la cuarta y última vuelta los tres españoles prácticamente juntos. El duelo está servido pero aún quedan 8 kilómetros de bici y queríaa hacer valer mi estado de forma, así que me pego un calentón y los adelanto a los dos. No miro atrás y pedaleo con todo para abrir el mayor hueco posible. Afronto la útima subida con fuerza peeero me llevo la sorpresa al ver que no había conseguido despegarme de mis rivales y que ambos me devolvían la jugada a falta de 1 km. Ya solo quedaba aguantar en la peligrosa bajada y jugárnosla en el último sector a pie.



Tres duatletas para dos medallas... uno de nosotros se iba a quedar sin ella y no quería ser yo. Me bajo de la bici el cuarto pero pegadito a Jesús y a Josemi. Toco tierra y... ¡CLIIIIIIN!  suena la campana de alarma muscular ¡Mis gemelos! En la larga transición corriendo descalzos sobre el asfalto voy como un pato, pisando como puedo porque todos los músculos de mis piernas quieren subírseme. Dejo la bici y salgo a correr. En la primera rampa Jesús nos saca un verano. Yo me quedo tras Josemi con unos calambres que a punto están de hacerme parar a estirar y tirar la toalla. Nunca había tenido esa sensación tan desagradable. La limitación muscular era horrible y poco me faltó para decir: "Hasta aquí hemos llegado". 



Tiré de lo que tengo y de algo más para aguantar la estela del español en este primer kilómetro. Vamos tercero y cuarto y los 4 kilómetros restantes se prevén muy duros. De un momento a otro, como si acabaran de tocarme con una varita mágica, mis piernas se empiezan a soltar y los calambres desaparecen. Sigo a la estela de Josemi por miedo a que sea una falsa alarma, pero a los 500 metros de haber recuperado las sensaciones me la juego y cambio el ritmo dejando atrás al español y tratando de amarrar la medalla de bronce. Llego a la zona de meta tras completar la primera vuelta y recibo el apoyo de mucha gente, entre ellos Inma Pereiro, que me grita como si no hubiera un mañana. Miro al frente y me doy cuenta de que estoy dando caza a Jesús Calle. 



Las sensaciones cada vez son mejores y aún quedan 2 kilómetros para soñar con subir un escalón más. El bronce está muy bien, pienso, pero la plata mola más jeje. Y a falta de 1,5 kilómetros adelanto a Jesús. Veo que va tocado y yo sigo a mi ritmo. Me encuentro pletórico, estoy a punto de repetir el puesto del año pasado en el mundial de Pontevedra. Los ánimos de mi madre en los últimos metros son cruciales. Miro hacia atrás y no veo a nadie. Me acuerdo de las dos últimas semanas, los días de cama curando la herida, la renuncia a correr el Duatlón de Polanco... sin duda este era un final inesperado que suplía con creces todos los malos ratos. Por delante Samuel Pictor ya era campeón de Europa, así que entro en la alfombra azul, afronto los últimos 50 metros, busco a Vanesa, me paro, le doy un beso y entro en meta despacito y disfrutando de lo conseguido. ¡SÍ SÍ y SÍ!




Más que un gesto de emoción lo que hago es un gesto de rabia. Rabia y alegría por haber sido capaz de sobreponerme a unas condiciones tan duras y nuevas para mí y por todos los malos momentos de las semanas previas en las que apenas pude entrenar debido a la herida de mi pie. No llegué en mi mejor momento de forma pero sí supe sacarle el mayor provecho a lo que tenía. 



Por eso la satisfacción de haber logrado esta plata supera con creces a la del año pasado. Por eso quiero agradecer a todos los que me apoyan, desde mi familia, Vanesa, mis amigos, compañeros de equipo, compañeros de trabajo, y a los que han puesto un granito de arena para ayudarme en 2015 a superar mis objetivos:  Gracias a TruebaSport por dejarme la "pepino" de cabra con la que estoy yendo mejor que nunca en bici, a Sscar por vestir mi bici con sus ruedas y que, después de probarlas en mojado, he de decir que no había tenido nunca unas que fueran tan bien sobre esta superficie: gran frenada y muy seguras con viento lateral. A 3Action porque gracias a la fórmula anticalambres de sus geles pude acabar una carrera tan dura más fuerte que ninguno de mis rivales. Gracias a Catlike por el casco, las zapatillas y las gafas, material con el que me encuentro muy a gusto y al que estoy sacando partido. Y a "Me gusta la naranja" por darme esa fuente de vitamina C mañanera durante este invierno y evitar que cogiera ni un solo catarro.

Y para terminar el día, emotiva entrega de medallas donde mis amigos Sergio Santiago y Fernando García Aja recibieron también sus preseas de subcampeón y campeón de Europa respectivamente, en sus grupos de edad. Como suelo decir: " lo mejor de las triunfos es compartirlos" ¡ENHORABUENA CRACKS!






Y ahora, con la primera parte de la temporada finalizada me voy a tomar una semanita de relax para volver con ganas a preparar la temporada de triatlón que empieza en Cantabria en un mes exactamente.


Saludos a todos y sed prudentes ;)